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Sobre la caducidad del conocimiento

En mi post anterior Pere Losantos hacía un comentario en el que introducía la idea de “caducidad del conocimiento” (incluyo al final su comentario para facilitar la lectura). El tema me ha sugerido muchas ideas por las que he empezado a discurrir y he convertido en este post.

El tema nos da para discurrir sobre qué es el conocimiento y cómo se transmite y, también, sobre su ontología. A la primera de mis preguntas me aventuraría a decir que el conocimiento -cada una de sus expresiones- es una forma de captar y describir la realidad, y su transmisión nunca es inmediata, ni completa (porque mi forma de captar/expresar la realidad está condicionada a todo mi conocimiento previo). La reflexión, el debate, el contraste, la crítica son lo que hace que avancemos hacia un conocimiento menos relativo y condicionado y más en sí. Esto es así tanto individualmente como colectivamente.

Volvamos a la caducidad:

  • El conocimiento caduca porque se desvela su verdadera endeblez: [El conocimiento] nunca lo fue.

  • … porque el contexto cambia y la forma de expresar la realidad ya no sirve: Lo era (relativamente) pero ya no lo es.

  • … porque aun a sabiendas de que hay un conocimiento superior no interesa difundirlo para obtener mayores réditos o por otros motivos: Lo era/lo es pero no se desveló/desvela, permaneció/permanece oculto.

Son escenarios muy distintos. El primero se refiere a la incompetencia, a la ignorancia. El segundo se refiere a todo proceso normal de cambio, de vida, de historia, de avance, de bifurcaciones... El tercero se refiere a la ocultación, al fraude o a un intento de especular también con bienes intangibles, muy en la línea del documental Comprar, tirar, comprar (es sabido que en numerosas ocasiones los avances técnicos son comercializados gota a gota para poder obtener beneficio de cada paso).

Releer el comentario citado a la luz de cada uno de estos escenarios nos coloca en lugares muy distintos, os invito a hacerlo.

Por otro lado, y llevando el río hacia esto del trabajo abstracto y el trabajo cognitivo, la verdad es que para un profesor inquieto por el saber, la rigidez de un temario y sus contenidos debe de ser algo bastante insoportable (y también lo será, evidentemente, para sus alumnos). Creo que uno de los retrocesos más flagrantes de nuestras sociedades es precisamente cómo abordamos esto de la transmisión, o, mejor, elaboración, del propio conocimiento.

Me extiendo en esta opción que acabo de hacer de “elaboración” en detrimento de “transmisión” pues me parece muy relevante. Se refiere a un cambio en la centralidad de este fenómeno:

  • Sujeto transmisor transmite a un sujeto pasivo que es formado. Esta sería una visión mecanicista y poco ajustada a la realidad.

  • Sujeto receptor elabora a partir de lo que recibe (en este caso, del sujeto transmisor), interpretándolo desde su conocimiento actual y conectándolo y contrastándolo, en un proceso activo.

Y no puedo terminar esta pequeña reflexión sin decir que el legado de muchas personas que nos han precedido nunca caduca, eso sí, estos legados admiten múltiples interpretaciones y dan lugar a conocimientos diversos.


Comentario citado:
Pere Losantos dijo...

Maite, encantado de leer tus libros.

No caen en esta clasificación por ejemplo algunos profesores y profesoras de universidad? Sus temarios tienen una caducidad clara en nuestra sociedad, y no hacen nada por remediarlo, llenan a los estudiantes de la misma información un año tras otro, y transmiten competencias inútiles. Tras cursar una carrera y ver cómo lo que he aprendido me "caduca" al cabo de dos o tres años con suerte, no debería estar yo indignado? O sólo caduca lo material?


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Cómo aprender de las experiencias de transformación

Obviamente si no hubiera ninguna transmisión del conocimiento hoy seguiríamos viviendo como hace miles de años, y no es así. Los seres humanos tenemos la capacidad de aprender de las experiencias de otros y avanzamos así hacia estadios de mayor desarrollo. El avance no es lineal, no hay una progresión siempre ascendente, sino que se es capaz de retroceder (si se admite la expresión) a niveles de madurez, sabiduría, conocimiento, humanidad lamentables en muchos momentos: guerras, fascismos, manipulaciones, explotaciones, miserias humanas. Por tanto que alguien haya conocido no es garantía de que se actúe conociendo. No lo es ni tan siquiera cuando se utiliza aparentemente un lenguaje similar. No hay un proceso de transferencia automática de las experiencias valiosas y enriquecedoras, de la sabiduría, en definitiva, sino que es un proceso de búsqueda y experimentación que cada cual ha de recorrer. En un artículo académico sobre creación de conocimiento en el ámbito organizacional leí esta frase que me gustó: “knowledge per se is an activity not a commodity” (es decir, “el conocimiento en sí es una actividad no un commodity”). Me pareció visual. Commodity es mercancía en inglés, y a veces no se traduce, para hacer énfasis en su carácter genérico e intercambiable. Aplicado al conocimiento, interpreto: “no puedo transferir mi conocimiento entregándotelo y así ya lo tienes, como si fuera un litro de leche”. No es transferible como una mercancía, es un proceso infinitamente más complejo, donde además de la voluntad de dar de quien tiene conocimiento la clave está en la apertura y el esfuerzo de quien quiere aprender. El conocimiento reside en la persona, no está en ningún otro lugar, es indisociable de la persona. Reside como potencialidad y se manifiesta, aparece, se pone en valor, en la actividad. Este conocimiento-actividad deja resultados, deja estelas que pueden servir para el aprendizaje de otros. Desde esta perspectiva, no podemos decir con rigor que un libro sea conocimiento, sino que aquél es resultado, es producto del conocimiento-actividad. Si damos el nombre de “conocimiento” (¿explícito?, siguiendo a Nonaka y Takeuchi) a un libro, podemos propiciar falsas interpretaciones y expectativas como confundir su lectura con alcanzar el conocimiento que llevó a escribirlo. El conocimiento no se transfiere de forma automática: por ejemplo, en la lectura de un texto valioso la actividad de interpretación, estudio, recombinación, asimilación, creará nuevo conocimiento en la persona lectora. La clave está en cómo acercarse a un texto o a otras formas de difusión de conocimiento. Evidentemente, hay textos escritos, contenidos de difusión audiovisual, etc. de todos los grados y niveles: falsos, veraces, engañosos, ricos, valiosos, provechosos, tergiversados, etc. Lo mismo sucede con el conocimiento individual. Tratar de concebir el conocimiento como mercancía o cosa sería como confundir una fotografía con la realidad, tratando de identificarlas. La fotografía es sólo un instante; eso sí, un buen fotógrafo puede inmortalizarlo y captarlo desde una perspectiva que ayude a otras personas a pensar, a sentir, a reflexionar, a conocer. Una buena fotografía es más que la realidad, y no la abarca. ¿Paradoja o sentido común? La necesitamos –la fotografía– para ser humanos. Digo fotografía como digo libro, como digo cualquier intento de transmitir aquello que una siente, conoce, sabe… sea en el ámbito de la ciencia, de las artes… o en el mundo de las organizaciones. Tratar de aportar valor a partir de nuestro propio conocimiento y aprender de lo que otros nos aportan nos hace humanos. Pues bien, existen experiencias de transformación organizacional muy interesantes que han supuesto un avance real en las dinámicas de relación y organización. En ellas se consigue eliminar muchos de los malestares que el agotamiento de los conceptos organizativos aún vigentes provocan. Ante el atractivo de estas experiencias, las voces se alzan reclamando: “quiero el caso”, “quiero la metodología”, “quiero los pasos a seguir”; es decir, quiero que el conocimiento me sea transferido como si fuera una mercancía, un commodity, y NO ES ASÍ. Estamos hablando de enfoques que rompen con mucho de lo dicho hasta ahora y mucho de lo que aún se sigue diciendo, por lo que tratar de incorporar el conocimiento explícito o información de las experiencias avanzadas a un marco de conocimiento-actividad que no se modifica es totalmente inviable. Son pocas las personas que son capaces de trabajar con consistencia en un nuevo marco de conocimiento-actividad promoviendo el proceso de desaprendizaje y aprendizaje que requieren estos procesos de transformación para apoyarlos y avanzar en la superación de aquello que cada día vemos que hay que modificar en nuestras organizaciones y en aquellas con las que nos relacionamos. Es aquí donde radica la dificultad de poner en práctica este tipo de procesos. Confiemos, por el bien de todos, en que el número de personas con conocimiento-actividad en estos terrenos se vaya multiplicando. Ayudaremos a ello en lo que nos sea posible.
Artículo publicado en el último número de la Revista Innobai, nº 14, octubre 2009. Acceder a la versión en pdf, con ilustraciones de Leire Iparragirre.

Maestros

Sólo los ingenuos tenemos actitud de enseñar, los maestros no la tienen.

El maestro dice, hace, es, desplegando en todo acto su conocimiento y ofreciéndoselo a quien tiene su taza vacía.
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La taza vacía

Según una vieja leyenda, un famoso guerrero va de visita a la casa de un maestro Zen. Al llegar se presenta a éste, contándole de todos los títulos y aprendizajes que ha obtenido en años de sacrificados y largos estudios.

Después de tan sesuda presentación, le explica que ha venido a verlo para que le enseñe los secretos del conocimiento Zen.

Por toda respuesta el maestro se limita a invitarlo a sentarse y ofrecerle una taza de té.

Aparentemente distraído, sin dar muestras de mayor preocupación, el maestro vierte té en la taza del guerrero, y continúa vertiendo té aún después de que la taza está llena.

Consternado, el guerrero le advierte al maestro que la taza ya está llena, y que el té se escurre por la mesa.

El maestro le responde con tranquilidad:

- "Exactamente señor. Usted ya viene con la taza llena, ¿cómo podría usted aprender algo?"

Ante la expresión incrédula del guerrero el maestro enfatizó:

- "A menos que su taza esté vacía, no podrá aprender nada"
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El maestro es humilde. No presume de que sabe, no alardea de lo que sabe, no necesita ser reconocido por lo que sabe.

Pero siente su compromiso con lo que sabe. Sabe que su conocimiento es útil y que puede ser de ayuda para otras personas; y actúa en libertad.

Aprender de quien sabe no es, sin embargo, un acto de humildad sino de inteligencia.

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Este cuento zen La taza vacía lo he traído del blog Los cuentos que yo cuento de delokos - Eugenio García González y la imagen de Shermeee en flickr.

Profesional de alto nivel

Trabajo abstracto vs cognitivo I.

Hace un par de posts os hablaba de mi último trabajo, aún en fase de borrador, elaborado en el contexto del i-Talde 1 (conceptualización de la transformación organizacional) de Innobasque: “Conceptuando sobre transformación organizacional. Hacia un tránsito del trabajo abstracto al trabajo cognitivo” (link directo). El subtítulo responde a la pregunta de qué es la transformación organizacional; es decir, la respuesta que se propone es algo así como: transitar en las organizaciones de formas de trabajo masivamente abstractas a formas de trabajo con mayor componente cognitivo. Este enfoque está probablemente sugerido en otros escritos míos, pero no lo he explicitado así hasta ahora. Esta conferencia de Alfonso fue un punto de partida determinante para este desarrollo. En muchas conversaciones, lecturas o reflexiones me surgen ideas o ejemplos que ilustrarían estos conceptos de trabajo abstracto y trabajo cognitivo, y sus múltiples implicaciones. Por ello, en esta semirelajación veraniega (ansiada para muchos, materializada completamente ya para otros muchos) voy a intentar aportar pequeños flashes sobre todo esto, desde ejemplos de la vida -más o menos- cotidiana. Comienzo con una conversación con Jesus Mari Gorostidi en el contexto del Foro Comarcal de Lea Artibai. Necesitaban una persona para cubrir un nuevo puesto en el taller, un taller que da empleo a personas con discapacidades. Se trataba de un puesto para dar apoyo a las personas en su proceso de desarrollo personal y profesional dentro del Programa de Apoyo a Personas. Un nuevo campo de trabajo o, al menos, se abordaba con una apuesta más decidida; un reto ambicioso y, sin duda, de vital importancia. El responsable relataba así cómo explicó lo que se esperaba de ella a la persona recién incorporada al nuevo puesto: “Aquí no estamos para dos días. Quiero que te hagas una profesional de alto nivel en este tema; no te lo tomes como un trabajo más: tus ocho horitas, cumples y ya está... Te voy a dar tiempo, formación, medios… te voy a dar todo lo que me pidas y pueda para ayudarte a convertirte en una profesional de alto nivel. Porque eso es lo que nuestras personas necesitan.” Oír esto me encantó y, de hecho, se lo dije, porque con sus palabras estaba encarnando un caso práctico, real, de distinción entre trabajo abstracto y cognitivo. Y es que podríamos decir -aunque él no lo exprese así- que este responsable tenía claro que no quería un trabajador abstracto para ese puesto (“no te lo tomes como un trabajo más, tus ocho horitas, cumples y ya está”) y que estaba dispuesto a poner las condiciones necesarias para conseguirlo (“Te voy a dar tiempo, formación, medios… te voy a dar todo lo que me pidas y pueda”). Sigo desarrollando algunas ideas. Soy consciente de la dificultad de comprensión de estos conceptos, sobre todo si hablamos en un nivel de abstracción teórica. Así, los ejemplos, el contraste de estos conceptos con la realidad, pueden facilitar su comprensión. Voy a intentarlo con éste y probablemente haré un ejercicio similar con otros ejemplos en posts siguientes.
  • Este responsable tiene claro que llegar a tener un profesional de alto nivel no consiste en salir al mercado y agarrarlo; sino que será el desarrollo del propio trabajo, con medios (que está dispuesto a poner), valía (el proceso de selección previo acredita los mínimos) y una dosis de entusiasmo, lo que convertirá a la persona en una profesional de alto nivel. Esta es la esencia misma del concepto de trabajo cognitivo, en total contraste con el trabajo abstracto. En el enfoque de trabajo cognitivo ponemos el énfasis en generar un contexto de trabajo adecuado que potencie su propio desarrollo, mientras que en el trabajo abstracto nos orientamos a realizar una correcta especificación del puesto. Como tantas veces vengo repitiendo (ver “Guías para la transformación”), lo que caracteriza al trabajo cognitivo es que aprende de su actividad, aplica a ella sus conocimientos y define, al menos parcialmente, su actividad desde sus conocimientos, es decir, tiene márgenes de libertad para ello. Una/un profesional de alto nivel es el resultado del desarrollo de un trabajo. La forma de trabajo abstracto lo delimita tanto que no deja margen para el desarrollo, mientras que el cognitivo le pone alas.
  • Resulta bastante obvio que un trabajo de esta índole difícilmente puede llevarse a cabo por personas que actúan bajo parámetros de trabajo abstracto: “yo te digo lo que tienes que hacer, tú lo haces”. Pensemos por un momento en esta profesional entrevistándose con una persona con discapacidad intelectual en el ejercicio de su trabajo. Opción 1: trata de interpretar por todos sus medios posibles las señales que recibe de esta persona para poder entenderla, conocerla y ayudarle en su desarrollo profesional y personal, para proponerle fórmulas de avance, etc. Opción 2: la supuesta profesional se limita a rellenar un cuestionario con las respuestas a sus preguntas, mientras está pensando en lo que va a hacer en cuanto salga del trabajo. De forma caricaturescamente exagerada, ésta sería la diferencia entre trabajo cognitivo y abstracto. Huelga decir cuál de los dos tipos aporta más valor a su entorno cercano y, por extensión, a la sociedad. El trabajo cognitivo tiene un potencial de aportación de riqueza social infinitamente superior al trabajo abstracto.
  • La concepción de trabajo abstracto tiende a identificar la formación con algo exterior a la actividad que se desarrolla. Siempre que se observa necesidad de mayor conocimiento se piensa en cursos o formación específica. En el trabajo cognitivo, sin descartar la formación específica, se es consciente de que la formación es una consecuencia directa del desempeño. Este responsable dice “quiero que te hagas una profesional de alto nivel”, sabe que pretender que lo fuera en el momento cero, sería ilusorio. Además, le plantea que sea ella quien pida formación. En el trabajo cognitivo la formación es autogestionada, mientras que en el abstracto la formación, como todo lo demás, sigue el esquema de que unos gestionan la de otros.
  • Cada profesional en determinado campo aporta, además de lo que es requerido por el puesto, de su propia subjetividad. Una profesional llega así a ser de alto nivel, pero distinta de otras profesionales también de alto nivel. En el trabajo abstracto, las personas son números, sus competencias son reducidas a magnitudes medibles y gestionadas como si se tratara de recursos. Por mucha voluntad que pongamos en el empeño tratar de gestionar así a las personas lleva a reducir artificialmente su complejidad y diversidad, e inevitablemente se tiende a la uniformidad. En el trabajo cognitivo, sin embargo, se parte de la diferencia y se tiende a ponerla en valor.
Alguien podrá decir: “Todo esto está muy bien. Pero ¿Qué pasa si el trabajador o la trabajadora quiere anclarse en la concepción de trabajo abstracto? ¿Si no quiere entregarse a su trabajo, si prefiere que le sea ajeno, limitándose a hacer lo que le manden?” En el ejemplo dado, es fácil llegar a la conclusión ya comentada de que en ese supuesto la aportación potencial de esta persona sería muy inferior. Así, si hacemos una extrapolación a otros tipos de trabajos (profesores, periodistas, médicos, y un interminable etcétera), realmente creo que como sociedad tendríamos un gravísimo problema. Recojo esta cita de una entrevista a Santiago Niño Becerra:
“Ha llegado el momento de responsabilizarnos de nuestra propia vida. Mi recomendación es que cada persona se dedique a trabajar en algo que le apasione, que realmente tenga sentido y que sea verdaderamente útil y necesario para la sociedad. Lo digo porque sólo quienes sean los mejores en su campo de especialización y aporten verdadero valor añadido a sus organizaciones tendrán garantizado un empleo a tiempo completo. Esta nueva filosofía tendrá su eje en el concepto de responsabilidad personal, que comienza con el autoconocimiento y el desarrollo personal y tiene consecuencias sobre la elección de nuestra profesión, nuestro estilo de vida y nuestro consumo.” (Del artículo “El capitalismo se ha convertido en un cadáver”, link)
Y enlazo esta reflexión con la crítica que a veces se hace a los planteamientos que piden mayor involucración en el trabajo, calificándolos como un invento más del capitalismo para explotar a los trabajadores. Creo que en este sentido tenemos que hacer una clara distinción: hay toda una teoría del management “tramposa” que trata de exigir mayor implicación emocional en el trabajo manteniendo éste en parámetros de trabajo abstracto. Esto crea todo tipo de malestares y contradicciones. Apostar por superar el trabajo abstracto es otro tema. Son palabras mayores. Para terminar, al escribir esto recordaba una conversación de hace un par de años en la que mi interlocutor sentenciaba que para que una actividad se desarrolle con profesionalidad es condición necesaria perseguir fin lucrativo. Por supuesto, yo no compartía esta opinión, para nada. Me parecía que era confundir churras con merinas. Ahora, con todas estas reflexiones y elaboraciones, me doy cuenta de que su afirmación era una manifestación de la idea expresada como círculo vicioso en el esquema que ilustra las implicaciones de las distintas formas de trabajo: en la lógica del trabajo abstracto, el trabajo ha de tener, por encima de todo, una orientación a maximizar el valor monetario inmediato, todo lo demás es bastante irrelevante. Y me digo, ¡qué equivocados estamos! ¿Hay alguna duda de que los grandes profesionales en todos los terrenos surgen de la entrega al propio significado del trabajo, a la aportación de valor del propio trabajo, y no a la monetarización del mismo?
_________________ Relacionados: Ego, reconocimiento y poder, 10-08-09

Teoría y práctica como flujos y conexiones






De la teoría a la experiencia
Hace unos años asistí a un taller de “Cómo hablar siempre con eficacia” que impartían Ángel Lafuente y Aiuola Pérez Urresti en los cursos de verano de la UPV en Donostia. Un taller recomendable. Recuerdo que daban 7 claves para hablar bien y recuerdo alguna de ellas: - mirar a los ojos, - frases breves, - no dejar frases sin acabar, - los silencios,… Decían que el escenario de la vida era el gran laboratorio para mejorar nuestro hablar. Lo traigo a colación para ilustrar la siguiente idea que quiero expresar: La teoría cobra sentido cuando conecta con nuestra experiencia vital y con nuestra inmanencia, (creo que estoy abusando de esta palabra, o palabro para algunos, pero es que cada vez la necesito más para expresar lo que quiero decir). 7 ideas que pueden ayudar a mejorar nuestra capacidad de comunicación pueden ser “mera teoría”, algo alejado de nuestra realidad, -e incluso podríamos llegar a percibir desde nuestro punto de vista, como algo alejado de toda realidad, algo que no aporta nada, bobadas, palabrerías-, o pueden ser realmente algo muy práctico, algo que conecta con nosotros y llenamos de significado. Sucede cuando, en el ejemplo, si antes no lo hacíamos, empezamos a mirar a la gente a los ojos cuando hablamos, o empezamos a ser conscientes de las frases que dejamos sin acabar e intentamos evitarlo… El salto de la teoría a la práctica se da cuando conecta con nuestra experiencia de la realidad. Cuando lo hacemos conectamos con la teoría misma y es cuando ésta adquiere realmente significado para nosotros. Deja de ser “mera teoría” para pasar a ser vivencia, para quedar imbuida en nuestra inmanencia. Cuando lo hacemos aprendemos, se produce el agenciamiento de nuevo conocimiento. Además, conseguir esa “fusión” es placentero: la curiosidad o voluntad de saber es una de las principales pulsiones humanas.
    “La curiosidad es el remedio para el aburrimiento. No hay remedio para la curiosidad.” (Dorothy Parker, recogido en Komplex nº 49)

Éste es el núcleo mismo del concepto de conocimiento, porque la mera repetición (como la memorización de los reyes godos y visigodos en las escuelas hace décadas) es una forma inferior de conocimiento: produce muy poco agenciamiento, entendido éste como apropiación y desplazamiento (tanto del sujeto como del objeto apropiado, en este caso, del hecho cognoscible). Así, la expansión del conocimiento en todos los sentidos tiene que ver con el grado de agenciamiento, que también se puede expresar como el constante flujo y recursividad entre teoría y práctica. Expandimos nuestro conocimiento (y de esta manera, potencialmente, el Conocimiento) tanto cuando vivenciamos la teoría como cuando conceptuamos desde la experiencia.

Todo esto enlaza con el enfoque sobre conocimiento de Alfonso Vázquez como unión indistinguible entre pensamiento, emoción/deseo y acción, que he agenciado.

Por todo ello, me opongo a la concepción de teoría como algo separado de la práctica. Y es que, incomprensiblemente para mí, a veces se presentan como conceptos opuestos.

Lo que subyace a una posición crítica
¿Qué es lo que criticamos cuando decimos que algo es muy o demasiado teórico?
Lo que criticamos es que algo sea alejado de la realidad. Más concretamente, no lo conectamos con nuestra propia experiencia de la realidad y, quizá, desde nuestra miopía, prejuzgamos que no hay otras experiencias de la realidad que estén en concordancia con ello. En este caso, podríamos estar criticando desde la ignorancia, bloqueando y cerrándonos, a nosotros mismos y a otros, caminos que podrían ser de avance.

Claro que hay mucho que se dice que es criticable también desde el conocimiento, por supuesto. Sencillamente, nuestra experiencia de la realidad lo contradice y tenemos argumentos intelectuales para soportar nuestra crítica. O bien nuestra experiencia de la realidad lo contradice, pero de una forma sólo intuitiva, y no somos capaces de entender por qué no estamos de acuerdo, y mucho menos de explicar a otros nuestros argumentos.

Tres posiciones muy distintas que requieren actuaciones muy distintas por parte del crítico: abrirse a lo nuevo y dejarse influir, en el primer caso; la crítica argumentada y constructiva, en el segundo caso, y profundizar en nuestra capacidad de conceptuación y argumentación, en el tercer caso.

De la práctica a la teoría
Al hilo de esta tercera, la conceptuación es la forma en que podemos trasladar a otros nuestras experiencias, podemos aprender de ellas y podemos hacer que otros aprendan. Conceptuar es partir de las relaciones que existen entre experiencias particulares para enmarcarlas dentro de algo: un concepto, un tipo de relación… Cualquier relato que hacemos sobre cualquier cosa nos requiere conceptuar. El relato requiere sintetizar, establecer relaciones de causalidad, describir, explicar, etc. Cuando somos capaces de hacer relatos de las experiencias particulares que permiten una enseñanza, que permiten enfocar lo esencial de lo particular, que permiten hacer generalizaciones, etc. estamos conceptuando. Todos lo hacemos. Pero, como en todo, hay personas que tienen una mayor capacidad para hacerlo bien, para hacerlo de manera que pueda ser útil a uno mismo y también a otros.

Así, todo lo que decimos es conceptuado, es teórico. Lo que pasa es que muchos de los conceptos que utilizamos están tan implantados, han sido tantas y tantas veces repetidos en múltiples formas, que no los concebimos como teóricos, sino como la realidad misma, y ello nos ciega peligrosamente cuando son falsos o, al menos, discutibles.

Partir de la experiencia de la realidad de uno
Para mí lo fundamental es que el relato y, por extensión, lo que se escriba, se base en la propia experiencia de la realidad. Pero no tenemos que ser miserables a la hora de delimitar lo que es la propia experiencia. Yo nunca he estado en el continente africano pero sé muchas cosas sobre África. Sería absurdo decir que como no he estado en África no puedo afirmar que hay mucha gente que padece el SIDA allí. Absurdo. La propia experiencia puede referirse a vivencias en propia carne y, por supuesto, también a vivencias que otros nos han transmitido y, de una u otra manera, nos hemos apropiado. En este sentido, nada más lejos de la intención de esta reflexión que desacreditar el gran acervo cultural de la humanidad. Lo que se pretende es poner el punto de mira en algo que me preocupa: las teorías montadas sobre teorías. Hay una sustancial diferencia entre apropiarse de una teoría, asimilarla y construir o elaborar desde ella y desde otras vivencias, o dedicarse a picotear frases descontextualizadas y planteamientos no profundizados de aquí y de allí en especies de collages. "Cortar y pegar" sin contraste ni conexión con la propia experiencia de la realidad. Es una práctica muy extendida y además la facilidad de acceso a formulaciones que permiten las TICs e Internet puede propiciar este tipo de prácticas a todos los niveles, no sólo en blogs y similares. En estas prácticas no se produce una expansión del conocimiento, son meras sucesiones de frases sin conexión entre sí. Por ello, nuestra capacidad de crítica es un valor que tenemos que cultivar y mucho. ¿Cómo? Habituándonos a contrastar todo lo que vemos, leemos y oímos con nuestra inmanencia. Con ello aprendemos a filtrar lo que no supera nuestra prueba de realidad. Pero, sobre todo, el esfuerzo servirá para cultivar nuestro “filtro” e ir avanzando desde posiciones de ignorancia, a posiciones de intuición y, finalmente, de mayor comprensión o conocimiento (algunos hablan de sabiduría).

En todo esto hay una parte que tiene que ver con la capacidad innata de las personas, con su inteligencia o inteligencias. Pero trato de hacer ver que hay mucho también que depende de actitudes, que aunque cueste, se pueden cambiar:
    “La gente se niega a aprender de las cosas que le va sucediendo en la vida, con lo que sigue estancada, lo que le impide crecer y mejorar.” ("¿Todavía no ha cambiado de paradigma?", entrevista a Edward De Bono, El País, 8/03/2009).

Creo que concebir una escisión entre teoría y práctica, entre concepto y experiencia, nos está haciendo mucho daño en muchos ámbitos, nos impide aprender y nos impide actuar desde un mayor nivel de conocimiento. Debemos avanzar desde esta lógica de la dialéctica a una lógica de la estrategia que permita su conexión y flujo. Es un camino que tenemos que recorrer a todos los niveles -individualmente, en las organizaciones, en las instituciones, etc.- y creo que recorrerlo nos llevará a formas de intervención en la realidad más potentes de las que nunca hubiéramos imaginado, porque la gran pregunta que siempre queda sin respuesta es: “Esto está muy bien, pero ¿cómo se hace?”.


La ilustración es de Leire Iparragirre, en “Guías para la transformación”. Me tomo la libertad de bautizarla como “Abrazando la realidad”.


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Posts y cuadernos relacionados:
Presentación del libro y debates abiertos: ¡anímate! (17.04.2009)
Cuaderno de trabajo 4: Educación

El mito del líder

Hace unos días pasé una agradable velada tomando algo y hablando sobre innovación, proyectos, personas... con Oliver Hart y Aritz Lekuona, que, por cierto, recientemente han hecho nacer el proyecto DELTANEK ubicado, de momento, en el vivero de empresas de Tecnalia -Zorionak y mucha suerte!-. Hablamos de muchísimas cosas; sobre todo hablamos de errores de bulto que se cometen desde la falta de comprensión de lo que es innovación y de cómo se potencia, y de cómo no. Oliver es surafricano, ha vivido en EEUU durante muchos años y ahora vive en Irlanda, siempre emprendiendo e innovando.

Entre muchas anécdotas, me quedé con esto que, como un trabalenguas (¡además en inglés!), soltó Oliver. Lo fui mascando hasta encontrarle el significado que ha dado origen a este post:

Cuatro tipos de relaciones desde el conocimiento

1.- Si sabe y sabe que sabe: es un sabio, síguele.
2.- Si sabe pero no sabe que sabe: despiértale, ayúdale a hacerse consciente de lo que sabe.
3.- Si no sabe pero sabe que no sabe: enséñale, tendrá disposición para aprender.
4.- Si no sabe pero no sabe que no sabe: no hay nada que hacer, aléjate o "rompe" la situación.

Si lo entendemos como el abecé que EL LÍDER debe seguir, sería una panfletada. EL LÍDER, como ser superior, debe saber -y, por tanto, sabe- si el otro sabe, si el otro sabe que no sabe, sabe también cómo enseñarle, etc. Y además este ser superior sabe todo eso de todas y cada una de las personas de la organización. Así, desde esa sapiencia (sobrehumana) gestiona el despliegue del potencial de todas las personas. En fin…

Pero si lo aplicamos a todas y cada una de las relaciones, y no en términos absolutos sino relativos, estos cuatro tipos de relación posibles me parecen un enfoque sugerente y certero. En materia de informática mi compañero sabe más y le sigo, mientras que cuando se trata de comunicar una idea él me sigue a mí. En cada una de nuestras relaciones opera este mecanismo por el cual se fijan los roles de forma tácita: Yo reconozco su sabiduría, luego su autoridad, y la sigo; quiero aprender de ella. Ella reconoce mi predisposición a aprender y ser orientada por ella. Hay una conexión. Ahora, cuando uno cree que el otro cree o dice saber más de lo que en realidad sabe, se produce una desconexión. Hay un punto de desconfianza. Si la desconexión es puntual no pasa nada, pero si es intensa y continua, estaremos en el cuarto supuesto.

Conexión y trabajo en equipo
El cuarto supuesto es el de la ausencia de conexión. Es precisamente y lógicamente, la forma de relación que impera cuando no hay una comunicación de cierta profundidad. Sin un cierto nivel de comunicación, no hay conocimiento del otro, luego no hay posibilidad de conexión. Si hubiera buen feeling emocional, ello se manifiesta de inmediato en comunicación, entendida, por supuesto, como algo mucho más amplio que la transmisión de palabras.

El trabajo en equipo se da con relaciones de los tres primeros tipos; cuanta mayor conexión, mejor trabajo en equipo. Mientras que en el cuarto supuesto sólo pueden existir –a lo sumo- relaciones formales, correctas, pero no creativas ni constructivas. Veo una estrecha relación de esta conexión con la idea de amor que plantea Erich Fromm:

    "El amor es una actividad, no un afecto pasivo (…) es fundamentalmente dar, no recibir. ¿Qué es dar? (…) El malentendido más común consiste en suponer que dar significa «renunciar» a algo, privarse de algo, sacrificarse. (…) ¿Qué le da una persona a otra? (…) da lo que está vivo en él -da de su alegría, de su interés, de su comprensión, de su conocimiento, de su humor, de su tristeza-, de todas las expresiones y manifestaciones de lo que está vivo en él". (Erich Fromm: “El arte de amar”, 1959)
Y vida es conexión, movimiento.

Roles
Seguir a otras personas en aquellas materias y temas en los que les reconocemos autoridad es lo más natural, y saber hacerlo es un requisito básico para establecer relaciones entre iguales y potenciar –desde nuestra posición, sea la que sea- el mayor despliegue de las personas.

Continuamente en todas nuestras relaciones se van fijando (y modulando) estos roles. Lo que sucede con el líder carismático es no tanto que sabe, sino que es percibido como alguien que sabe y hace que otras personas se sientan seguras confiando en él o ella. Esto le otorga un gran poder de estimulación de otras personas, las cuales cuando se sienten orientadas por quien consideran como líder actúan con una seguridad que ellas mismas de por sí no tienen.

Podríamos decir que el nivel de liderazgo de cada uno de nosotros vendrá dado por un juego entre estas tres variables: lo que sé, lo que sé que sé y cómo soy percibida en relación a lo que sé.

De todo esto concluyo que la relación entre liderazgo y conocimiento es clara. Las personas otorgan autoridad a alguien no porque, por ejemplo, sea atractiva sino porque confían en su conocimiento y en cómo lo despliega, aunque puede que el atractivo físico, el timbre de su voz y otros factores poco racionales actúen reforzando esta confianza de forma instintiva.

Siempre hay brechas entre esas variables. Algunos –sin serlo- son considerados como muy autorizados y otros –siéndolo- no. Es un chollo para aquel al que se le reconozca autoridad: tiene que pelear menos para conseguir las cosas, abre la boca y convence, la gente se ilusiona con su discurso; pero no todo es bonito: cuando alguien es considerado más sabio y capaz de lo que en realidad es, su liderazgo tendrá poco recorrido. Así, la capacidad de ilusionar, persuadir, estimular, del líder carismático es una fuente de energía, pero también puede serlo de frustración.

Mito del entusiasmo
Alguien podría decir que la potencia del líder no es tanto orientar, sino generar contextos donde las personas saquen lo mejor de sí mismas, ¿liderazgo emocional? Se suele decir. En mi opinión referirnos a las personas con estas cualidades como líderes nos puede confundir más que ayudar. Hay personas que saben hacer equipo, que consiguen una gran cohesión grupal, crean buen ambiente, transmiten ilusión contagiosa en lo que hacen, etc. Esto se traduce en una habilidad para generar contextos donde otras personas despliegan más fácilmente su potencial, pero estas personas no tienen por qué tener otras características que típicamente se atribuyen al LÍDER. Hay mucho mito que desmitificar.

Creo que todo el discurso sobre EL LIDER nos lleva a intentar actuar sobre la tercera variable: cómo hacer para que seas percibido como líder y consigas estimular al personal. Y creo que no es por ahí por donde vamos a avanzar verdaderamente, sino potenciando las dos primeras: lo que sé (en sentido amplio) y mi consciencia sobre lo que sé. Lo otro deberá llegar por añadidura; así debería ser.

El líder no puede escapar de las falsas asunciones jerárquicas
Se ha suavizado totalmente la idea del dirigente autoritario por una idea de líder paternalista y carismático. Pero el mito del LIDER esconde bajo su máscara la necesidad de seguir creyendo en un poder centralizado, no distribuido; y la necesidad de dividir a las personas en líderes y seguidores. Se dice que la mayoría de las personas preferimos ser seguidores que líderes, y por tanto, necesitamos líderes que nos guíen. Yo quiero vivir en una sociedad llena de personas libres, que desplieguen su potencial, su creatividad, sus deseos. Puede que sólo sea un sueño inalcanzable, pero seguiré soñando (y luchando por ello, aunque sólo sea desde este blog).
    "El héroe de este momento es el líder. El discurso del liderazgo ocupa a las escuelas de negocios y a los ideólogos de la competitividad y del mercado. El líder es el que está más capacitado para sacar rendimiento de las personas en beneficio propio. (...) El discurso del liderazgo es la pseudoideología necesaria para justificar la disparatada cotización de los altos ejecutivos." (Josep Ramoneda: “La cultura de la crisis”)
Cuando la gente habla de los buenos líderes con los que ha trabajado o compartido algo, las cualidades que se destacan suelen ser: humildad, valentía, decisión, visión, confianza, pasión, etc. Realmente existen estas personas que dejan huella (con todas sus virtudes y también con sus miserias). Pero creo que ganaríamos si dejáramos de hablar de líderes, y empezáramos a hablar de “grandes personas”, consecuencia de un hacer continuado en muchos planos. No hay necesidad de que uno tenga que ser más grande que otros, requisito que la idea de líder sí impone por el hecho de estar más arriba en la línea jerárquica o simplemente para aspirar a ello.

Y esto me devuelve al comentario que hacía unas líneas más arriba: el líder debe saber –y por tanto, sabe-. El tema es que el discurso sobre el líder ejerce una presión sobre toda persona que tiene algún cargo de responsabilidad sobre otras personas, es decir, toda persona que está a partir del segundo nivel en el organigrama jerárquico, que más que fomentar su humildad (que me parece un rasgo importantísimo), se fomenta la absurda necesidad de tener que saber más que “sus subordinados” y ser además reconocido como tal. ¡Ojo! Si habláramos de la necesidad de aprender, no pasa nada. Pero es que se trata de tener que saber más que el que está por debajo, y esto, claro, hace que me moleste que el de abajo se despliegue…

Está claro que desde el discurso del líder no se supera, sino que se refuerza, la falsa presunción de que saben más quienes más arriba estén en la línea jerárquica. Existen los niveles jerárquicos, aunque en muchas organizaciones se va hacia otros modelos más avanzados, pero aunque existan, no les otorguemos más realidad que la ficción que representan.

Podemos imaginarnos la cantidad de laberintos psicológicos en los que todo esto nos coloca. Con lo fácil que sería que cada uno desde lo que es intente ser más y que sean y crezcan también las personas con las que se relaciona, ¿no? Pues, parece que no. De todas formas, el modelo mental que subyace a todo esto está claro. O sea que una vez detectado intentemos neutralizarlo como los virus informáticos.

Yo apuesto por muchos ¿líderes?, muchos protagonistas, muchas personas que despliegan su potencial, que tienen iniciativa, que luchan por sus ideas, que consiguen animar a otros para sus proyectos,... consciente de que no es un camino de rosas, sino con todo el conflicto y riqueza que ello conlleva.

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Estimulante Foro de Lea Artibai: Un contexto de aprendizaje colectivo

Este jueves, 30 de octubre, tuvimos sesión del Foro Comarcal de Lea Artibai. Fue una sesión muy estimulante y enriquecedora, con aportaciones y comentarios que merecerían más detenimiento para captar -no todo, claro, pero al menos- parte de lo allí hablado.

Una de las reflexiones que me sugirió la reunión tenía que ver con los esquemas mentales que subyacen a las preguntas que hacemos, es decir, lo que subyace a nuestra forma de entender las cosas sin que seamos conscientes de ello. Y veía una distinción bastante clara entre las personas que viven el día a día de sus empresas desde sus respectivos cargos y las que saben de las empresas y se relacionan con ellas desde cierta distancia. Las primeras hablan de lo concreto, de lo que está pegado a la realidad, de los problemas de comunicación que se viven, no de lo que debería ser, sino de la secuencia de los hechos reales, mientras que las personas algo más alejadas diría que están más influidas por conceptos y teorías del management imperante enfocados más a la idea de una construcción estratégica desde la planificación, y no desde la inmanencia del acontecimiento.

Ya sé que si no estás familiarizad@ con estos conceptos, resulta difícil entender lo que quiero decir. Por ello, voy a poner algunos ejemplos:
  • Alguien preguntó qué aportaba el comercial al Equipo-Proyecto-Cliente, pues entendía que ya había terminado con su contribución al proyecto en el momento que cierra el trato.
  • Alguien preguntó si se había estimado el coste que podía haber representado el cambio organizativo a la gestión de proyectos por equipos (me centraré en esta experiencia en otro post), supongo que como un elemento más de análisis a la hora de animar o no a otras empresas a hacer el cambio.
Son preguntas que reflejan una visión mecanicista de la organización: todo está analizado, programado, planificado, todo tiene un para qué y la forma como aprendemos es comparando el objetivo pretendido con lo realmente conseguido, para ver dónde hemos fallado y corregir. Una clara idea de sobreorganización de la que no nos podemos desprender.

En cambio, observaba, entre las personas que viven la empresa, comentarios que tenían mucho más que ver con la inmanencia, con la potencia que la persona va a adquirir para resolver los problemas allí donde ocurran, con crear contextos para permitirlo, a través de equipos y contextos de comunicación y aprendizaje... Un enfoque más eficaz -como se demuestra una y otra vez- para la complejidad de los contextos competitivos actuales.
  • “El comercial recibe una escuela participando en el Equipo-Proyecto-Cliente que le va a permitir negociar mucho mejor cualquier otro pedido posterior” – Nos dice Toni Aspiazu.
    No se trata tanto de lo que está aportando al equipo, sino de lo que recibe de él, en forma de aprendizaje, y luego podrá desplegar en posteriores acciones.
  • “Yo no creo en las reuniones quincenales a las que hay que ir con la lista de problemas que van surgiendo… Los problemas se han de resolver allí donde ocurran, y si hace falta, parando las máquinas” -Decía Jesus Mari Gorostidi.
    No tiene sentido intentar evaluar los costes para diseñar sistemas de comunicación eficaces y “baratos”. No tiene sentido. Se trata de generar dinámicas donde haya una orientación hacia la construcción, hacia la mejora, hacia la resolución de problemas, etc. que permita un mayor despliegue del potencial de las personas y que, además, redundará en un ambiente de trabajo mejor, más sano y realizador, que no falto de tensión.
Para terminar con este post, un pequeño apunte sobre el concepto de aprendizaje colectivo que he incluido en el título. Decía Aitor Txurruka que oir las experiencias de otras empresas, aunque se dediquen a productos y sectores distintos y la actividad tenga poco que ver, es siempre enriquecedor, porque en el fondo estamos hablando de personas, de comunicación, de conocimiento, de gestión, etc. En los Equipos-Proyecto-Cliente todo el mundo aprende de todos, hay un enriquecimiento total de todos y "eso es la leche”. Esto es también aplicable a nuestro modesto Foro Comarcal de Lea Artibai.

Cuando hablamos de un contexto de aprendizaje colectivo no hablamos de aprender colectivamente todos lo mismo -nunca aprendemos todos lo mismo aunque estemos expuestos a la misma información, ¡he ahí la escuela!-, sino de que se dé un contexto donde todos aprendemos de las experiencias e interpretaciones del otro, cada uno, claro, lo hará contrastándolo con sus propias experiencias y conocimientos, aprenderá desde lo que ya sabe, desde su capacidad de aprender, desde su motivación y deseo para aprender...

En otro post me referiré a la experiencia concreta que se presentó en la sesión: Fagor Arrasate hacia la gestión de proyectos por equipos. Una experiencia muy interesante...


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Cuaderno de trabajo 4: Educación