José Mujica: Filosofía y acción política
De risas y otras inmanencias
Rafael Echeverría da
fin a su trabajo “Ontología del lenguaje” con un epígrafe titulado “La vida como obra de arte” que me gusta, tanto por su
contenido general como por las referencias que hace de Nietzsche sobre el niño, el camello y el león y sobre
Sócrates y la tragedia griega.
A su vez, me sugiere un hilo de reflexión que trataré de
desenmarañar. Siempre que tocamos el tema de la construcción del ser, de
uno mismo, de la personalidad, de la vida... vamos a topar con una abrumadora complejidad.
La libertad a la que aspiramos tiene que ver con
desarrollarnos desde nuestra autenticidad. Autenticidad como aquello que
conecta con lo que está dentro de nosotros.
Ahora bien, si en lo inmanente es tan suyo su origen (desde dentro del ser) como su vocación teleológica (aquello que trasciende al ser hacia lo que se orienta o busca), encontraremos que nada axiomático podemos decir sobre lo inmanente, por cuanto que todo lo que es inmanente está cruzado, entrelazado y en recursión continua con todo lo que al ser se le ofrece desde el exterior para que lo adopte como “suyo” e incorpore a sus mecanismos inmanentes.
Virginia Imaz en un precioso artículo que titula “Entiendo el humor” escribe:
“El humor o la falta de él responde a la "domesticación" profunda que conlleva la culturalización en el seno de cada tribu y clan familiar. En algunas ocasiones ha habido o hay permiso para la risa y en otras no y en el mejor de los casos hemos terminado aprendiendo a reír gracias que no nos hacían ninguna gracia. Quizás os ha pasado también, cuando se hace muy complicado explicar que no es que no hayamos entendido el chiste sino que no nos hace gracia, cuando le hace gracia a "todo el mundo". La penalización por la ausencia del sentido del humor hegemónico es tan fuerte, que a menudo los diferentes colectivos marginados o excluidos han acabado automatizando para reír referentes ajenos como propios.
Reír es bueno. Muy bueno. Siempre y cuando se trate de un ejercicio de libertad. Se ríe quien sabe, quien puede y quien quiere y de lo que le hace gracia. Lo demás puede derivar en la tiranía del buen rollo y de lo políticamente correcto: me río cuando toca, de lo que toca y donde toca.”
A veces, somos plenamente conscientes de que estamos haciendo un paripé, y no hay inmanencia en nuestra risa, es un mero aparentar. Pero esto no siempre es así, no siempre somos conscientes de que nos meten peces en nuestra pecera, y es requerido un profundo proceso de autoconciencia para descubrir aquello que “no era nuestro” pero hemos adoptado de una forma probablemente bastante obligada. Los procesos de autoconciencia de las mujeres dan cuenta de esto. Lo podemos ver en el siguiente párrafo de Marta Malo de Molina:
“los grupos de autoconciencia en sentido estricto nacen en el seno del feminismo radical estadounidense a finales de la década de 1960. Será Kathie Sarachild quien, en 1967, en el marco de las New York Radical Women, bautizará esta práctica de análisis colectivo de la presión, a partir del relato en grupo de las formas en las que cada mujer la siente y experimenta, como autoconciencia [consciousness-raising].
Desde sus orígenes, los grupos de autoconciencia de mujeres se proponían, según los términos de las feministas radicales, «despertar la conciencia latente» que todas las mujeres tenían de su propia opresión, para propiciar la reinterpretación política de la propia vida y poner las bases para su transformación. Con la práctica de la autoconciencia se pretendía, asimismo, que las mujeres de los grupos se convirtieran en auténticas expertas de su opresión, construyendo la teoría desde la experiencia personal e íntima y no desde el filtro de ideologías previas. Por último, esta práctica buscaba revalorizar la palabra y las experiencias de un colectivo sistemáticamente inferiorizado y humillado a lo largo de la historia.” [Prólogo a Nociones Comunes. Experiencias y ensayos entre investigación y militancia, Marta Malo de Molina]
Indicaba al comienzo que se trata de un tema de abrumadora complejidad, que es, a su vez, lo que me ha alentado a escribir esta pequeña reflexión sobre el interesante texto “La vida como obra de arte” de Echeverría, del cual extraigo la siguiente cita:
“Desde el camino del poder [esta alusión al poder se deriva de la reflexión previa en la que rebate el concepto difundido de poder como algo despreciable y corrupto, para afirmar con Foucault, aunque distanciándose en una interpretación equívoca de él, que el poder está inserto en toda relación humana], el ser humano se define, no como un ente contemplativo que se deleita en la observación de la verdad, tampoco como un alma en pena que transita por un camino de pruebas y sufrimientos, sino como un creador de su propia vida. El atributo fundamental de los seres humanos es su capacidad de actuar y, a través de ella, su capacidad de participar en la generación de sí mismo y de su mundo. (…) Pero en la creación surge otro aspecto importante: se transforma en un ser libre. Creación y libertad se requieren mutuamente. Nuestra capacidad de creación nos hace libres. Pero así como la creación es el ejercicio de la libertad, esta última solo emerge en el acto creativo. La libertad, en el sentido mas profundo, no es una condición jurídica, sino una condición del alma humana.” [Rafael Echeverría]Estando de acuerdo en lo que plantea Echeverría, creo importante hacer una puntualización en el siguiente sentido:
- Lo que creemos inmanente muchas veces responde a elementos que hemos incorporado y que se alejan de nuestra autenticidad. Repito la dificultad de distinguir entre mi parte genuina y mi parte alienada, pero muchas corrientes han trabajado en este espacio: feminismo, reivindicación sexual, reivindicaciones étnicas, comunidades lingüísticas minorizadas, reivindicaciones sociales y de superación de clases, etc. Me remito a estos tantísimos ejemplos para demostrar que gran parte de lo que uno es, no es más que lo que la cultura hegemónica del contexto histórico en el que se desenvuelve espera que sea. Y a esto yo no le llamo ni libertad ni autenticidad.
- Así, relaciono este texto con “La fábrica del hombre endeudado” de Alfonso Vázquez donde dice: “Devaluado el trabajo colectivo, el individuo debe constituirse como la fábrica de sí mismo para poder endeudarse y responder a la promesa de restituir la deuda, como ya había adelantado Foucault. Ya no se llama a trabajar –no hay “empleos”– sino a ser emprendedor para construir –en solitario– tu propia vida de consumidor activo.” Y reflexiono sobre lo bien que viene al discurso del poder establecido planteamientos como el de Echeverría –que repito, comparto– para transformar la idea de la “generación de sí mismo” genuino y libre en la “generación de sí mismo” adaptado a las necesidades del sistema capitalista actual o tardocapitalismo, como se le suele llamar: obediente y acrítico emprendedor, obediente y acrítico endeudado, obediente y acrítico contribuyente, obediente y acrítico consumidor consumista, obediente y acrítico...
Cultura, Internet y Propiedad Intelectual
"Existen leyes injustas. ¿Nos contentaremos con obedecerlas? ¿Nos esforzaremos en enmendarlas, obedeciéndolas mientras tanto? ¿O las transgredimos de una vez?
Si la injusticia requiere de tu colaboración, rompe la ley. Sé una contrafricción para detener la máquina."La desobediencia civil (1866)
H. D. Thoreau
Me ha llamado la atención esta cita que venía en la parte inicial de un mensaje de Traficantes de Sueños. Le seguía la frase "Porque la cultura quiere ser libre y lo será" y la portada de un libro con el título Manual de desobediencia a la Ley Sinde escrito por hacktivistas.net.Antes de seguir este hilo, recupero otro mensaje navideño que, también en torno a la cultura, me gustó especialmente:
"De esta crisis saldremos gracias a la cultura y al arte como ha ocurrido en todas las crisis anteriores... Son las personas dedicadas a la cultura, las y los artistas, quienes nos ayudarán a salir de esto, los que nos darán esperanza, los que nos unirán en torno a una esperanza..."
Javier Mañón en Topaleku 7.10.11
Parece necesario recuperar la idea de cultura, esa cosa tan inútil para sobrevivir, como necesaria para vivir [0] y, al mismo tiempo, tan peligrosa, tan desconcertante, tan ofensiva para aquellos que persiguen el dominio, el control de todo y de todos, para su exclusivo provecho, alejados de cualquier idea de bien común.
A partir del mensaje de Traficantes de sueños, he llegado a la página del libro [1] y he dado con una entrevista a Hacktivistas.net [2], precisamente, sobre la publicación del libro.
Indagando en la web de Hacktivistas.net veo que lo último que han publicado es una contra-guía para el buen uso de Internet entre los niños y jóvenes dirigida a padres y profesores [3], en respuesta a una guía que deja mucho que desear elaborada por -transcribo de la página de Hacktivistas.net- "Promusicae, la SGAE, la FAP y otros lobbies de las industrias culturales a través de Childnet (...) con la intención de hacerla circular entre los y las alumnas de primaria y secundaria, difundida a su vez por el Ministerio de Cultura a sus suscritos" [4]. Una de las "perlas" de la guía es su definición de blog, para bochorno de todas las personas que con mayor o menor dedicación tenemos esta afición de mantener uno: "Blog: Abreviatura de “web log”, un diario o revista que se publica en Internet. Los blogs a menudo se utilizan para publicar enlaces a archivos, que pueden ser copias ilegales de música, películas u otros ficheros multimedia". Evidentemente, esto genera reacciones [5].En la misma página donde se presenta la guía alternativa [4], se habla también de un documental TVE2 llamado "¡Copiad, malditos!" [6], que trata de los nuevos retos éticos y morales sobre la propiedad intelectual que plantea la revolución digital. Es un documental muy crítico con los enfoques al uso. Destaca la participación de Javier de la Cueva [7] y David Bravo, abogados de Propiedad Intelectual.
Recojo algunas ideas del documental:
- "La Ley Sinde permite la censura" (esta idea y la que sigue son de la entrevista [2], no del documental)
- "No protege a los creadores, sólo a aquellos -muy poquitos- que están ganando con el actual -y desfasado- modelo de negocio (basado en la copia y la distribución)"
- Leo Bassi: "Puedo hacer un chiste con el Papa Ratzinger, pero no lo puedo hacer con una marca como McDonalds o Apple, por ejemplo, porque me arriesgo a que me pongan un pleito. Es absurdo"
- "Cobro cuando me muevo de esta silla a dar una conferencia, a defender a alguien en un juicio (cobro por el concierto), pero pongo a disposición de la gente las sentencias y el conocimiento elaborado (no cobro por las canciones)" - símil que hace Javier de la Cueva con el modelo de negocio que propone para la producción musical.
- "No creo que, por más que lo intentes, puedas convencer a un chaval de 16 años que una cosa que está al alcance de la mano está prohibida"
- "Las discográficas grandes siguen usando esquemas del pasado. Internet ha cambiado las reglas de juego."
- "Hace falta nuevos modelos de negocio"
- "Llevará a un modelo nuevo de producción y relación entre creadores y consumidores de cultura u ocio"
- Y esta opinión discordante, que podéis adivinar quién la pronuncia: "Internet no por el hecho de ser una tecnología avanzada es buena, está creando problemas con la pedofilia... y genera otros problemas. Necesita regulación."
Es curioso que si bien en las posiciones críticas la idea de cultura está presente como una reivindicación, en las posiciones más orgánicas, más cercanas al Poder, la cultura se cita sólo de pasada y se habla casi exclusivamente de ocio. Así, como anécdota curiosa, la palabra cultura aparece unas 26 veces en la contra-guía [3], mientras que aparece tan solo 2 veces en la guía [4].
¡¡Por un Internet, por la cultura y por una educación libres y que liberen!!
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Dada la cantidad de enlaces a distintas páginas que propongo en este post, he preferido juntarlos todos en estas notas a pie, para que resulte menos lioso:
El miedo a la libertad
"el hombre, cuanto más gana en libertad, en el sentido de su emergencia de la primitiva unidad indistinta con los demás y la naturaleza, y cuanto más se transforma en 'individuo', tanto más se ve en la disyuntiva de unirse al mundo en la espontaneidad del amor y del trabajo creador o bien de buscar alguna forma de seguridad que acuda a vínculos tales que destruirán su libertad y la integridad de su yo individual."
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Relacionado con esto:
"Despolitización = No democracia", 18-07-09












