José Mujica: Filosofía y acción política
Santiago López Petit: "La realidad que nos oprime es la propia realidad que construimos viviendo"
"La tesis de la coincidencia entre capitalismo y realidad plantea, en definitiva, la pregunta fundamental: ¿es posible intervenir políticamente de un modo crítico y radical en una época pospolítica, es decir, en una época que parece haber bloqueado todo intento de verdadera transformación social?
–¿Cómo contesta usted esa pregunta?
Es válido y más cierto que nunca, que vivir significa resistirse al poder, a los hechos, a la realidad. Lo que sucede es que esta resistencia se ha hecho más complicada ya que somos íntimamente capitalismo: nuestra vida, la vida de cada uno, es profundamente capitalista. Pero, a la vez que aumentan las dificultades a la hora de resistir –y ésa es una constatación ampliamente compartida– la propia resistencia se hace necesariamente más radical. Más radical en el sentido de que hay que ir a la raíz de lo que somos, partir de nuestro querer vivir. En otras palabras, resistir es cada vez más resistir(se). Este pequeño desplazamiento es fundamental. La reflexividad que el castellano nos permite introducir en el verbo “resistir” es la marca en el lenguaje de lo que decimos y también una vía de salida."
En ella habla también del poder terapéutico, como expresión actual del poder, y de mucho más.
Notita:
querer vivir... creo que también lo llamamos deseo...
La hora de la política (Alfonso Vázquez)
Publicado en el último número de Estrategia Empresarial, nº367, 1-15 octubre 2009
LA HORA DE LA POLÍTICA
Y de esa liberación [del trabajo dependiente hacia un trabajo del ‘conocimiento’, del pensamiento, el deseo y la acción] depende la generación de una esfera de lo político fundamentada en lo comunitario, en lo local, donde creación de riqueza social y solidaridad se fundan”. Así finalizaba el último artículo que escribí en esta columna, de forma que vuelvo sobre ello.
Al menos las dos últimas décadas han venido marcadas por un fenómeno interesante en nuestro civilizado mundo: la proclamación por los poderes económicos, y sus representantes políticos, del fin de la Política; el Mercado, con su mano invisible (que, como dice Stiglitz, “es invisible porque no existe”), se encargaría de todo, y nosotros, pobres seres mortales, sólo teníamos que vivir lo mejor que pudiéramos y despreocuparnos del dominio de nuestras sociedades.
Tras este discurso, se ha desarrollado, subrepticiamente, una política que negaba, paradójicamente, la Política, desembocando en una nueva forma de Dictadura Universal –como corresponde al mundo global del siglo XXI- donde usted puede hacer lo que quiera siempre que no cuestione las reglas del juego. ¿Exagero? No voy a insistir en dónde ha desembocado esta dinámica, pero en el camino hay dos tercios de la Humanidad en condiciones de miseria, el planeta seriamente amenazado, las guerras civiles están por doquier, la muerte por hambre, universalmente presente. No aceptaríamos, en nuestro mundo civilizado, que en nuestras cárceles se condenara a morir de hambre a un preso; ¿y aceptamos que en esta cárcel planetaria a la que nos ha llevado el neoliberalismo todos los días mueran miles de niños por inanición?
Las medidas que están tomando los poderes públicos –y sus adláteres privados, claro está– tratan de restituir la situación anterior a la crisis, de que algo cambie (más regulaciones, más vigilancia de las prácticas fraudulentas, control de los bonus millonarios...) para que todo siga igual, con lo que estaríamos condenados a repetir la historia. Pero, “No, jo dic no, diguem no, nosaltres no som d’eixe món”, cantaba Raimon en los sesenta.
Nos dicen que es necesario cambiar el modelo productivo; totalmente de acuerdo, pero, ¿quién va a hacerlo? ¿Los que han conseguido pingües beneficios con el actual? No. Es necesario restituir la Economía a la Política; pero no a la ‘política’ con minúsculas de las tristes luchas partidistas, del reparto de poderes, sino a la Política con mayúsculas, a la pólis, colocar en el ágora el debate y la decisión sobre qué sociedad queremos los ciudadanos, sobre cómo cooperamos para construir algo que nos sirva para todos, sobre cómo establecemos los lazos de solidaridad que tanto han contribuido al desarrollo de la Humanidad y que este sistema absurdo ha cortado...
La estructura sociodemográfica de Euskadi nos favorece: No existen megaurbes, sino múltiples municipios muy próximos entre sí; y existe una fuerte tradición cooperativista que, en su origen, antepone el trabajo al capital. Creo que desde los Ayuntamientos se podrían abrir procesos de participación ciudadana para innovar socialmente el devenir de sus sociedades, para crear contextos de creación social de riqueza colectiva y de futuro; no una sociedad de ‘subsidiados’, sino una sociedad de productores de riqueza, de justicia y de solidaridad.
No un nuevo pacto social, de una vez un pacto político.
La estrecha relación entre deseo y política
(citado en artículo de J. Ernesto Ayala-Dip: "Territorio Rock", El País, 5/09/2009)
Terry Eagleton en Wikipedia
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Despolitización = no democracia
Comienza así:
- “La prensa liberal nos bombardea a diario con la idea de que el mayor peligro de nuestra época es el fundamentalismo intolerante (étnico, religioso, sexista…), y que el único modo de resistir y poder derrotarlo consistiría en asumir una posición multicultural.
Pero, ¿es realmente así? ¿Y si la forma habitual en que se manifiesta la tolerancia multicultural no fuese, en última instancia, tan inocente como se nos quiere hacer creer, por cuanto, tácitamente, acepta la despolitización de la economía?
Esta forma hegemónica del multiculturalismo se basa en la tesis de que vivimos en un universo post-ideológico, en el que habríamos superado esos viejos conflictos entre izquierda y derecha, que tantos problemas causaron, y en el que las batallas más importantes serían aquellas que se libran por conseguir el reconocimiento de los diversos estilos de vida. Pero, ¿y si este multiculturalismo despolitizado fuese precisamente la ideología del actual capitalismo global?
De ahí que crea necesario, en nuestros días, suministrar una buena dosis de intolerancia, aunque sólo sea con el ánimo de suscitar esa pasión política que alimenta la discordia. Quizás ha llegado el momento de criticar desde la izquierda esa actitud dominante, ese multiculturalismo, y apostar por la defensa de una renovada politización de la economía.”
En los dos primeros capítulos desarrolla el concepto de hegemonía, que permite comprender la estructura elemental de la dominación ideológica:
- “Cualquier universalidad que pretenda ser hegemónica debe incorporar al menos dos componentes específicos: el contenido popular “auténtico” y la “deformación” que del mismo producen las relaciones de dominación y explotación. Sin duda, la ideología fascista “manipula” el auténtico anhelo popular por un retorno a la comunidad verdadera y a la solidaridad social que contrarrestre las desbocadas competición y explotación; sin duda, “distorsiona” la expresión de ese anhelo con el propósito de legitimar y preservar las relaciones sociales de dominación y explotación. Sin embargo, para poder alcanzar ese objetivo, debe incorporar en su discurso ese anhelo popular auténtico. (…)
Para que una ideología se imponga resulta decisiva la tensión, en el interior mismo de su contenido específico, entre los temas y motivos de los “oprimidos” y de los “opresores”. Las ideas dominantes no son NUNCA directamente las ideas de la clase dominante.”
A partir de aquí introduce el concepto de política:
- “¿Estamos condenados a movernos exclusivamente dentro del espacio de la hegemonía o podemos, al menos provisionalmente, interrumpir su mecanismo?”
Desde una perspectiva bien distinta a la de Žižek, Erich Fromm en “Miedo a la libertad” habla de la tendencia humana a huir de nuestra propia libertad en favor de la seguridad (cita).
Pero nada puede ser duradero sin haber durado un poquito en algún momento. Por tanto, vamos a ver qué respuesta da Žižek a la pregunta que plantea, a cómo podemos "interrumpir el mecanismo", aunque sólo sea "provisionalmente":
- “Según Jacques Rancière, este tipo de subversión no sólo suele darse, sino que constituye el núcleo mismo de la política, del acontecimiento verdaderamente político.
Pero, ¿qué es, para Rancière, lo verdaderamente político? Un fenómeno que apareció, por primera vez, en la Antigua Grecia, cuando los pertenecientes al demos (aquellos sin un lugar claramente definido en la jerarquía de la estructura social) (…) no sólo protestaron contra la injusticia (le tort) que padecían y exigieron ser oídos, formar parte de la esfera pública en pie de igualdad con la oligarquía y la aristocracia dominantes, sino que, ellos, los excluidos, los que no tenían un lugar fijo en el entramado social, se postularon como los representantes, los portavoces, de la sociedad en su conjunto, de la verdadera Universalidad (“nosotros, la ‘nada’ que no cuenta en el orden social, somos el pueblo y Todos juntos nos oponemos a aquellos que sólo defienden sus propios intereses y privilegios”). El conflicto político, en suma, designa la tensión entre el cuerpo social estructurado, en el que cada parte tiene su sitio, y la “parte sin parte”, que desajusta ese orden en nombre de un vacío principio de universalidad (…), el principio de que todos los hombres son iguales en cuanto seres dotados de palabra. (…) Esta identificación de la no-parte con el Todo, de la parte de la sociedad sin un verdadero lugar (o que rechaza la subordinación que le ha sido asignada), con el Universal, es el ademán elemental de la politización, que reaparece en todos los grandes acontecimientos democráticos, desde la Revolución francesa (cuando el Tercer Estado se proclamó idéntico a la nación, frente a la aristocracia y el clero), hasta la caída del socialismo europeo (cuando los “foros” disidentes se proclamaron representantes de toda la sociedad, frente a la nomenklatura del partido). En este sentido, “política” y “democracia” son sinónimos: el objetivo principal de la política antidemocrática es y siempre ha sido, por definición, la despolitización, es decir, la exigencia innegociable de que las cosas “vuelvan a la normalidad”, que cada cual ocupe su lugar… La verdadera lucha política, como explica Rancière contrastando a Habermas, no consiste en una discusión racional entre intereses múltiples, sino que es la lucha paralela por conseguir hacer oír la propia voz y que sea reconocida como la voz de un interlocutor legítimo.”
“La filosofía política, desde su origen (desde La República de Platón) hasta el reciente renacer de la “filosofía política” liberal, ha venido siendo un esfuerzo por anular la fuerza desestabilizadora de lo político, por negarla y/o regularla de una manera u otra y favorecer así el retorno a un cuerpo social pre-político, por fijar las reglas de la competición política, etc.”
“[es] conocida la definición de la política como “arte de lo posible”: la verdadera política es exactamente lo contrario: es el arte de lo imposible, es cambiar los parámetros de lo que se considera “posible” en la constelación existente en el momento.”
Para terminar recojo esta frase de Žižek sobre la lógica del capital… Es terrorífica, por un lado, pero también nos habla del poder que cada uno de nosotros tenemos de que a través de nuestro propio cambio contribuyamos a la transformación de la sociedad, ya que –por decirlo de alguna manera- el sistema opera a través de cada uno de nosotros:
- “Lo verdaderamente terrorífico no está en el contenido específico oculto bajo la universalidad del Capital global, sino más bien en que el Capital es efectivamente una máquina global anónima que sigue ciegamente su curso, sin ningún Agente Secreto que la anime. El horror no es el espectro (particular viviente) dentro de la máquina (universal muerto), sino que la misma máquina (universal muerto) está en el corazón de cada espectro (particular viviente).”
- “El desacuerdo entre personas libres es la fuente de todo progreso; si todos estuviéramos “de acuerdo” la evolución habría terminado. El desacuerdo, o el conflicto, está muy mal visto porque impacta contra las estructuras de poder establecidas. Si yo “mando”, yo tengo razón por origen, por lo que el desacuerdo es un desafío. En empresas abiertas, más democráticas, el “conflicto” abre las puertas del futuro. Al fin y al cabo, ¿qué es la democracia más que la asunción del derecho al conflicto y a su resolución (algo) pacífica?”
Relacionado con esto:
El miedo a la libertad (post-cita), 20/10/2008
Cuaderno de Trabajo 2: Lógicas
La pregunta pertinente (post-cita), 4/08/2009
De verdades y mentiras
los políticos mienten para ocultarla"
El artista tiene una motivación creadora, es decir, una motivación de transformar (algo de) lo existente. El político tiene una motivación de hacer preservar las relaciones de poder, no alterar demasiado las cosas, o, en todo caso, aprovechar las circunstancias para mejorar en esa posición de poder.
Estas imágenes son caricaturas, estereotipos: seguro que hay pseudoartistas que operan como políticos -más pendientes de la imagen y de la "objetividad" y de la racionalidad de las relaciones de poder que de la inmanencia de su propia subjetividad-, y seguro que, también, hay políticos auténticos dispuestos a luchar y transformar la realidad.

El uso de pseudónimos es un ejemplo de todo esto. Muchos artistas han "mentido" respecto de su identidad para poder expresarse libremente y desvelar la verdad de sus sentimientos, de su subjetividad. Es decir, "mienten" para ser lo que realmente son.
Otros -artistas o no-, en cambio, mienten para pasar por lo que no son, para hacer creer lo que no son. Hablé de estas cosas en "El mito del líder". Y cuando ocultan su verdadera identidad, por ejemplo al participar en blogs, lo hacen para que no se descubran los intereses personales que se esconden detrás de sus argumentos, en lugar de hacerlo para preservar -o expandir- su subjetividad, su intimidad, su libertad.
Ignacio Mendiola, autor del libro "Elogio de la mentira", hace unas reflexiones que, cuando menos, hacen pensar:
"La mentira es un refugio en el que el sujeto puede hacer habitable el vivir en sociedad y relacionarse con los demás. Permite que lo social funcione.
(...) [El elogio de la mentira] No es nunca una legitimación de la mentira.
(...) Si no, [sin mentira] en las relaciones sociales estaríamos completamente expuestos a los demás, seríamos totalmente transparentes, y eso es invivible.
(...) -¿Qué mentiras quedan fuera del elogio?- Las que convierten al otro en un objeto, las que borran el rostro de la persona a la que se miente, las que le convierten en un mero instrumento para conseguir un objetivo.
(...) Yo creo que la mentira y la verdad son difícilmente diferenciables. No funcionan como compartimentos estancos, sino que muchas veces son realidades que se superponen.
(...) Es necesario combatir la condena moral que históricamente la mentira acarrea".
Si hablamos de la verdad de cada uno, entonces ¿hablamos de un relativismo total? No. Tiene más valor la verdad (la subjetividad) de quien se siente libre y respeta al otro y la libertad del otro. Volviendo a la cita inicial, tiene más valor una subjetividad más artística y menos política. La literatura y la filmografía está llena de ejemplos de cómo es imposible respetar al otro desde el propio miedo. Por tanto, vencer los propios miedos es determinante para desarrollar una personalidad, una subjetividad más capaz, más rica, más madura y más respetuosa hacia los demás.
Me encanta cómo expresa Violeta Monreal el concepto de libertad en el cuento dedicado a este sentimiento de su colección "El abecedario de los sentimientos" que, por cierto, es una colección muy recomendable para hablar de sentimientos con los niños:
"La LIBERTAD es un "FILIN" muy bueno, transparente como el aire o el agua, y tan fuerte como ambos. La libertad es el único sentimiento que vuela y nada.
Lo contrario es la TIRANÍA, un hada mala, grande y pesada que no vuela y siempre está abusando de los demás y pensando en qué puede robar."
"... esta solemne objetividad de lo político, de lo legislado, no es más que la subjetividad objetivada de quienes pueden ejercer el poder; es decir, la traslación de sus deseos, sus intereses, sus fobias y filias, al conjunto social en forma de verdades trascendentes. Todos sabemos cómo cambian en el tiempo esas verdades inmutables, cómo son barridas por los impulsos sociales y sus nuevas configuraciones políticas. Pero persiste el problema, ya que las leyes son sustituidas por nuevas leyes que, a su vez, se reclaman a sí mismas en el paradigma de la objetividad.
(...) la pretendida objetividad, al convertirse en ley, debe negar la subjetividad como irracional.
(...) no es extraño que, cada vez con mayor intensidad -aunque no con una claridad compartida-, percibamos la crisis instaurada entre lo constituido, lo objetivado, y el poder de lo emergente, de la capacidad innovadora y realizadora que se deriva del conocimiento en acción. Lo constituido, por su propia esencialidad -de mantenimiento de su dominio y las estructuras de poder adscritas-, necesita integrar en su origen lo emergente, cuando no destruirlo. La objetividad establecida como norma tiene que negar la subjetividad, ya que su despliegue la socava, la desestabiliza, la transforma en un acto de interacción permanente."
Despliegue de las personas: Conflicto
Representación vs inmanencia
"La representación constituye la reducción de la complejidad de lo real a un instante, a un momento en el que, en aras de la delegación, del voto al representante, la vida se detiene para estancarse en el papel, en la voz, en la representación a él concedida. Este instante no es el momento creador, explosivo, liberador, sino, al contrario, el momento de la renuncia, de la resignación, de la sumisión de la individualidad y de la multitud. De esta forma, el representante —por muchos discursos democráticos que aseguren su vocación de servicio al pueblo— se erige en distinto, externo y superior al representado (ya que porta su voz, su voluntad, su opinión... durante varios años, aniquilando así la personalidad política y cívica del ciudadano). La tan recurrida separación entre los ciudadanos y la política no es, pues, un problema de conexiones, mensajes ni voluntades; es consustancial al ejercicio de la representación. La resultante «fosilización» de la vida compleja, real, se transmuta necesariamente en una esfera ajena al devenir social —aunque opere, en muchos casos de forma dramática, sobre él— pero superior, en su pretensión y en su práctica. Evidentemente, este enfoque de la mediación que ligo a las llamadas democracias representativas es mucho más patente si cabe en la representación operada por líderes totalitarios o populistas, que aúnan en sus personas la expresión de la voluntad y subjetividad de las masas por aclamación (Canetti [1983], Sloterdijk [2002])."
En Tránsito por lo in-mediato en Estrategias de la Imaginación de Alfonso Vázquez














