Comprar, tirar, comprar

Hace unos días tuve la oportunidad de ver este interesante trabajo de Cosima Dannoritzer. Lo vi online y os dejo el vídeo por si os animáis. Lo recomiendo entusiásticamente. Llegué a este reportaje porque a raíz de que se le ha concedido el premio al Mejor Documental del año (2010) por la Academia de Televisión la emitían de nuevo en La 2. El documental es una coproducción de Article Z y Media 3.14 (www.media314.cat), cofinanciada por varias cadenas de televisión: Arte Francia, TVE y TV3.














Comprar, tirar, comprar. La historia secreta de la obsolescencia programada.

En el reportaje se explica cómo a lo largo del siglo XX y hasta nuestros días nace, se desarrolla y se impone el mecanismo de la obsolescencia programada (Wikipedia: Obsolescencia programada), definido como el motor secreto de nuestra economía de consumo.

La obsolescencia programada, la producción en masa y la sociedad de consumo son fenómenos que nacen -entre las décadas de 1920 y 1930- y se desarrollan a la vez, como distintos aspectos de una misma realidad. Son elementos que se retroalimentan entre sí para derivar en la sociedad y sistema productivo que hoy conocemos (léase en en occidente, pero trasladando muchos de sus efectos negativos a países terceros).

El primer documento del que se tiene constancia en el que se explicita este concepto es el panfleto de Bernard London Ending the Depression Through Planned Obsolescence de 1932 [Fuente: English wikipedia: Planned obsolescence].

El desarrollo tecnológico era capaz de inventar productos duraderos: bombillas que no se funden (a este respecto, en el documental aparece un tierno ejemplo de una bombilla de una estación de bomberos que cumple 100 años y celebran su aniversario, con comida popular incluida), tejidos que no se deterioran, etc. Pero no tardaron en darse cuenta de que esto era la ruina para los negocios y los puestos de trabajo, por lo que poco a poco va siendo asumida la idea de limitar artificialmente la durabilidad de los productos. En el documental aparecen ejemplos concretos como el Cártel de la bombilla que imponía sanciones a las empresas que producían unidades que se alejaran del objetivo de 1000 horas de duración, con lo que los procesos de calidad llevaban -paradójicamente- a descartar las bombillas más duraderas.

El argumento de Bernard London a favor de la obsolescencia programada era que de esa manera “habría trabajo para todos”.

Aparece otro interesante ejemplo en el documental, esta vez no es real, sino del mundo del cine: The Man in the White Suit, de Alexander Mackendrick (Wikipedia: The Man in THe White Suit). Un joven inventor llamado Sydney Stratton (Alec Guinness) consigue tras arduos esfuerzos crear un nuevo tejido irrompible e impoluto. La alegría inicial derivada del descubrimiento se convierte en turbación cuando tanto los empresarios como los trabajadores de las industria textil aúnan energías para impedir la divulgación y explotación de dicho material que llevaría a la ruina a sus empresas y destrozaría sus puestos de trabajo. [by peliculasyonkis.com]


¿Qué podemos decir de todo esto? ¿Es verdad que el mantenimiento de puestos de trabajo y empresas pasa necesariamente por la obsolescencia programada? ¿La obsolescencia programada tiene sentido hoy? Vamos a tratar de aportar algunas ideas.

  • Una vez más nos encontramos con ideas y conceptos generados en una visión mecanicista de las cosas y, en concreto, del sistema productivo, de los mercados y del mundo de las organizaciones y del trabajo. Probablemente, si el sistema fuera algo estático, sin cambio inmanente, la teoría de Bernard London y tantos otros, podría haber sido válida, pero si algo nos enseña la vida y la historia es que las cosas cambian, y que lo hacen de una forma impredecible, con lo que las visiones mecanicistas (desde las cuales el cambio se aborda insertando en el sistema adaptaciones) no son válidas. El cambio responde a las leyes del caos y las teorías de la complejidad.

    Tras el transcurso de todas estas décadas, hoy, lejos de ver la obsolescencia programada como algo que garantiza la permanencia del sistema (empresas, puestos de trabajo...), a nada que pensemos y nos informemos, vemos que hay otra lógica más poderosa que convierte en marginal el objetivo del mantenimiento de puestos y empresas. Recuerdo la imagen que evoca Serge Latouche en el documental: “vamos en un bólido a toda velocidad, un bólido que nadie pilota y su destino es chocar contra un muro o precipitarse en el vacío”.

    Resulta curioso, pero a la vez nada extraño, que, así como en los años 1930 se hablaba de obsolescencia programada, hoy nada de esto se explicita, aunque se practique infinitamente más (¿Cómo va a explicar una empresa de ofimática o de telecomunicaciones que diseña sus productos para que su duración sea limitada (exageradamente limitada, para la tecnología de que se dispone) con el único objeto de generar en el usuario la necesidad de una nueva compra en poco tiempo?). Las personas que acceden a esta realidad oculta, a través de, por ejemplo, este documental, sienten una profunda indignación que se expresa en comentarios como “el capitalismo se sustenta en el fraude”.

  • Otra paradoja de este sistema es que nunca se ha hablado tanto de calidad y resulta que en realidad ésta se está limitando deliberadamente. Lógicamente, en los bienes de consumo todo esto es mucho más cierto que en los bienes que adquieren las empresas para sus procesos productivos. El sistema se basa en una desinformación sistemática del consumidor, también paradójico para esta nuestra era de la información.

  • Tampoco es desdeñable el trabajo que nos impone el consumo, siguiendo con el ejemplo de la bombilla que es central en el documental: ¿Cuánto tiempo de mi vida voy a pasarme en total comprando bombillas y sustituyéndolas? Aunque el resultado sea anecdótico, si vamos sumando todos los diferentes tipos de bienes que consumimos por necesidad impuesta por la obsolescencia programada, creo que el resultado será muy significativo.

  • Es curioso, y paradójico, también, cómo tecnologías muy eficientes no van a parar a productos y aplicaciones reales, sino que se exponen en museos (como el caso del documental de la bombilla que dura -hablo de memoria- 100.000 horas).

  • Las imágenes del vertedero -ilegal- de residuos electrónicos de Gana, se asemejan demasiado al planeta Tierra que nos presentaban en la película Wall-e (Wikipedia: Wall-e). Un lugar donde hace años -pocos- fluía un río y los niños se bañaban y los mayores pescaban, convertido en una escombrera sin vida donde niños y adultos rastrean tratando de encontrar metal o alguna cosa que puedan reutilizar o vender en el mercado de chatarra. En Wall-e, los humanos dejan la tierra, convertida en un gigantesco vertedero, para que los robots la vuelvan nuevamente habitable, objetivo que, por tratarse de un cuento dirigido al público infantil, es conseguido a raíz de que se encuentra una pequeña planta en la tierra. Los finales felices de los cuentos tienen un objetivo pedagógico muy importante, según explica con múltiples ejemplos Bruno Bettelheim (Psicoanálisis de los cuentos de hadas), tienen que ver con el paso de la niñez a la madurez: “pasaré por dificultades, malos momentos, habrá obstáculos en el camino, pero he de seguir en el empeño y algo bueno me espera al final”. Desde el punto de vista adulto, sabemos que llegados a un punto como el de Wall-e no hay solución, sabemos que si sobrepasamos un umbral la destrucción de la vida en el planeta tal como la conocemos sería irreversible. ¿Reaccionamos?

  • También en esta película (Wall-e) aparece la idea, tantas veces tratada en cine y literatura, de que las máquinas (los constructos humanos) adquieran lógica propia y se conviertan en destructivas para la humanidad. Esto es algo que debemos tener muy en cuenta: los mecanismos que hacemos nacer adquieren su propia lógica y el esfuerzo por limitar su efecto a veces nos sobrepasa. Encuentro que esto es aplicable al mecanismo de la obsolescencia programada.

  • Itziar Laka comentaba en una conferencia reciente un ejemplo que traigo aquí para ilustrar el concepto de los tiempos de la naturaleza. Las abejas tienen un complejo lenguaje con el que las exploradoras transmiten información sobre la ubicación y característica de las flores para hacer más eficiente la recogida de polen. Se han hecho investigaciones para conocer si el lenguaje se aprende o se hereda en los genes, infiltrando abejas de otros lugares, cruzando abejas de distintos orígenes, etc. La conclusión es que el lenguaje se hereda en los genes (basta que uno de los progenitores no sea de la comunidad para que el nuevo miembro no adquiera el lenguaje). ¿Cuántos cientos, supongo que más bien miles, de años han hecho falta para que las abejas hayan desarrollado ese lenguaje? Este es un ejemplo sobre el tiempo de la naturaleza: la perfección de sus ciclos, los ecosistemas, la adaptación de las especies a su entorno natural, etc. son como son tras miles de años de evolución. En el último siglo la capacidad del ser humano de impactar en la naturaleza se ha vuelto titánica, y no estamos respetando los tiempos de la naturaleza.

  • “La posteridad no nos perdonará” dice Mike Anane, un periodista y activista ganés, en el documental. Estamos despilfarrando recursos robándoselos a las siguientes generaciones.

    Cuando pensamos en la naturaleza, decía uno de los entrevistados, pensamos en reducir, recortar... Pero la naturaleza no funciona así. Frente a nuestro círculo vicioso en el que cuanto más producimos y consumimos más nos empobrecemos, porque tiramos de recursos finitos, la naturaleza responde a un círculo virtuoso: produce en abundancia -pensemos en la primavera- pero las hojas secas no son residuos, sino nutrientes del sistema. Los ciclos productivos y de consumo debieran estar pensados para interactuar de forma armoniosa con los ecosistemas naturales, en ciclos virtuosos y no viciosos

  • Hablan en el documental de que el concepto de Ciclo de vida del producto, tan utilizado en marketing, no es más que un eufemismo de la obsolescencia programada. ¿Qué hay de la rueda?

  • Según Serge Latouche la publicidad, la obsolescencia programada y el crédito son los tres pilares sobre los que se asienta el sistema socioeconómico actual. Interesante trío.

  • Esta otras frase que también aparece en el documental nos debiera hacer pensar: Hoy consumimos 26 veces más que en tiempos de Marx. Parece que algo podríamos reducir sin que ello suponga una reducción de nuestra tan aclamada calidad de vida, ¿no?


Lo dejo aquí para en unos días completar esta reflexión con una perspectiva que entiendo complementaria.

Sigue en... Comprar, tirar, comprar (II)

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