Sobre la caducidad del conocimiento

En mi post anterior Pere Losantos hacía un comentario en el que introducía la idea de “caducidad del conocimiento” (incluyo al final su comentario para facilitar la lectura). El tema me ha sugerido muchas ideas por las que he empezado a discurrir y he convertido en este post.

El tema nos da para discurrir sobre qué es el conocimiento y cómo se transmite y, también, sobre su ontología. A la primera de mis preguntas me aventuraría a decir que el conocimiento -cada una de sus expresiones- es una forma de captar y describir la realidad, y su transmisión nunca es inmediata, ni completa (porque mi forma de captar/expresar la realidad está condicionada a todo mi conocimiento previo). La reflexión, el debate, el contraste, la crítica son lo que hace que avancemos hacia un conocimiento menos relativo y condicionado y más en sí. Esto es así tanto individualmente como colectivamente.

Volvamos a la caducidad:

  • El conocimiento caduca porque se desvela su verdadera endeblez: [El conocimiento] nunca lo fue.

  • … porque el contexto cambia y la forma de expresar la realidad ya no sirve: Lo era (relativamente) pero ya no lo es.

  • … porque aun a sabiendas de que hay un conocimiento superior no interesa difundirlo para obtener mayores réditos o por otros motivos: Lo era/lo es pero no se desveló/desvela, permaneció/permanece oculto.

Son escenarios muy distintos. El primero se refiere a la incompetencia, a la ignorancia. El segundo se refiere a todo proceso normal de cambio, de vida, de historia, de avance, de bifurcaciones... El tercero se refiere a la ocultación, al fraude o a un intento de especular también con bienes intangibles, muy en la línea del documental Comprar, tirar, comprar (es sabido que en numerosas ocasiones los avances técnicos son comercializados gota a gota para poder obtener beneficio de cada paso).

Releer el comentario citado a la luz de cada uno de estos escenarios nos coloca en lugares muy distintos, os invito a hacerlo.

Por otro lado, y llevando el río hacia esto del trabajo abstracto y el trabajo cognitivo, la verdad es que para un profesor inquieto por el saber, la rigidez de un temario y sus contenidos debe de ser algo bastante insoportable (y también lo será, evidentemente, para sus alumnos). Creo que uno de los retrocesos más flagrantes de nuestras sociedades es precisamente cómo abordamos esto de la transmisión, o, mejor, elaboración, del propio conocimiento.

Me extiendo en esta opción que acabo de hacer de “elaboración” en detrimento de “transmisión” pues me parece muy relevante. Se refiere a un cambio en la centralidad de este fenómeno:

  • Sujeto transmisor transmite a un sujeto pasivo que es formado. Esta sería una visión mecanicista y poco ajustada a la realidad.

  • Sujeto receptor elabora a partir de lo que recibe (en este caso, del sujeto transmisor), interpretándolo desde su conocimiento actual y conectándolo y contrastándolo, en un proceso activo.

Y no puedo terminar esta pequeña reflexión sin decir que el legado de muchas personas que nos han precedido nunca caduca, eso sí, estos legados admiten múltiples interpretaciones y dan lugar a conocimientos diversos.


Comentario citado:
Pere Losantos dijo...

Maite, encantado de leer tus libros.

No caen en esta clasificación por ejemplo algunos profesores y profesoras de universidad? Sus temarios tienen una caducidad clara en nuestra sociedad, y no hacen nada por remediarlo, llenan a los estudiantes de la misma información un año tras otro, y transmiten competencias inútiles. Tras cursar una carrera y ver cómo lo que he aprendido me "caduca" al cabo de dos o tres años con suerte, no debería estar yo indignado? O sólo caduca lo material?


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