Comunicación: siempre deficiente... y siempre excedente

En cuanto profundizamos en una conversación nos solemos dar cuenta de que, aun utilizando las mismas palabras, no hacemos alusión a los mismos conceptos, y se produce así una yo diría, insoluble disfunción del lenguaje. Nos lo hacía notar Jorge el otro día en la reunión del Foro Bilbao. “Cada uno de nosotros se refiere a cosas distintas cuando habla de 'líder': algunos hablan de la persona que cataliza, otros de la que facilita, otros de quien conduce, o de quien cierra, o abre, o recoge, u organiza...” Y efectivamente así era, y así suele ser.

A raíz de este comentario, que me evocaba una de esas sensaciones que una y otra vez se repiten, comienzo a reflexionar sobre esta insoluble disfunción de la comunicación. La comunicación es algo siempre deficiente, en el sentido de que siempre carece de algo, nunca llegamos a una comunicación plena. Dicho de otro modo: la comunicación es en esencia disfuncional.

Ignorar esto nos lleva a la superficialidad, un disfraz tras el que en realidad no hay más que aislamiento e incomunicación. Hacer como si fuera posible comunicarnos plenamente, no hace más que crear capas de disfraces. Mientras permanezcamos ignorantes de esta realidad, la comunicación no tiene otra forma posible que la superficialidad.

Un primer elemento que nos ayudará para alcanzar una comunicación más profunda y más plena es, en consecuencia, despertar de esta ignorancia, de esta recurrente pretensión de cierre del lenguaje para que todos hablemos de lo mismo cuando decimos A o B. ¿Cuántas veces hemos oído eso de que “tenemos que aclarar lo que quiere decir tal o cual palabra y hablar todos un mismo idioma porque así no hay forma de entendernos”, como si realmente fuera posible hacer esta simplificación? Me parece muy positivo que seamos conscientes de la disfunción, pero creo que la pretensión de superarla es contraproducente.

Me vienen muchos ejemplos a la memoria, tanto de la toma de consciencia -como el ejemplo con el que iniciaba-, como de la pretensión de superar la disfunción. Recuerdo una vez en que una amiga consultora a quien aprecio mucho me hablaba del trabajo que estaba desempeñando en una organización, trabajo que tenía por objeto uniformizar el lenguaje que se utilizaba. No se lo dije pero me pareció un desempeño baldío y un empeño equivocado, ¿retorcido?. No es mi intención hacer una crítica de este caso concreto; entre otras cosas, soy consciente de que quizá haya alguna malinterpretación en alguno de los puntos de la cadena de relatos sucesivos que desembocan en este ejemplo. Lo que me interesa es, ante todo, la reflexión que el ejemplo, interpretado con más o menos acierto, me suscita y, así, me pregunto: ¿Entonces, a partir de la uniformización las personas deben hablar de manera distinta en cuanto entran a su oficina? ¿Cuál es la pretensión? Las personas nos enriquecemos continuamente y enriquecemos nuestra concepción de las cosas y nuestro lenguaje a través de todas las experiencias que vivimos. ¿Se ignora esto? ¿Somos conscientes de la mutilación que supone para las personas y para las organizaciones el que no se generen los contextos adecuados para fomentar este enriquecimiento?

Alfonso (Vázquez) suele definir la comunicación como la puesta en común: no es la uniformidad su garante, sino, opuestamente, el flujo continuo de interpretaciones, exploraciones, divergencias, convergencias.

Este despertar al que nos referimos contiene, así, un elemento paradójico: debemos ser conscientes de que no es posible para que sea algo más posible. Pretender el todo nos lleva a la nada.

Y me pregunto entonces, ¿una vez conscientes de la gran complejidad que entraña la comunicación y de la imposibilidad de alcanzarla en forma plena, qué podemos hacer para avanzar, para superar algo esta disfunción? ¿cómo favorecemos esta puesta en común? Y encuentro una respuesta que a mí misma me sorprende pero que creo que contiene verdad: lo que nos ayuda a superar la disfunción esencial es el deseo de comunicación, que nos lleva inevitablemente al deseo de conexión con el otro, que no sé si se puede llamar de otra manera que no sea amor.

Trato de recular en mi reflexión, ya que de comunicación se habla en ámbitos de lo más diversos, y en muchos nos chirriaría absolutamente hablar de amor. Efectivamente, parece que existe comunicación, comunicación incluso muy eficaz sin asomo de amor: El terrorista comunica, el maltratador comunica, el tirano comunica... ¿Qué es entonces comunicación? Y ¿por qué no estoy hablando de esos casos?

Decimos de la comunicación que es eficaz cuando “quiero hacerme entender y lo logro, quiero entender al otro y lo logro, quiero comunicarle algo y lo logro”, habida cuenta de que salvo en este tercer caso, en el que a veces sí, nunca, como ya hemos dicho, hay comunicación plena, nunca lo logro plenamente. ¿Qué sucede, pues, en los casos citados a diferencia de aquellos otros a los que sí me quiero referir? Sucede que se produce una desubjetivización o despersonalización en el acto comunicativo: aquella persona a quien el terrorista comunica no es sujeto, sino mero objeto para este; aquella persona a quien el maltratador comunica no es sujeto, sino mero objeto para este; aquellas personas a las que las tiranas comunican, no son sujetos sino meros objetos para estas. El quid está en la diferencia que podemos establecer entre la comunicación abierta y generativa y la comunicación cerrada e instrumental. Ambas necesarias para el ser humano (no en las formas que aludía, pero sí en otras muchas), pero que se producen en planos distintos.

Si estoy comiendo con otra persona y le pido que me pase el pan, es altísimamente probable que me entienda e incluso me pase el pan, es decir, que la función instrumental se resuelva con éxito. Pero, no deja de ser más probable que ese simple acto comunicativo tenga muchas más derivadas: el gesto ha roto el silencio, iniciando una timorata conversación; el gesto ha interrumpido una conversación, poniendo de manifiesto el poco interés en la misma de alguno de los dos o de los dos; el gesto ha sido seguido de otro cariñoso o de uno distante y frío...

La comunicación, más allá de su plano instrumental, en el que sí puede ser funcional, siempre es deficiente, en el sentido de que siempre hay algo de lo que carece, algo que podía haber sido dicho y no lo ha sido. Recojo una cita de Carlos Castilla del Pino en “La incomunicación”:

“Sólo en un sentido lato podría decirse que no existe la comunicación, o que la incomunicación es el rasgo más sobresaliente de los modos de relación usuales en nuestra sociedad. Naturalmente que si se acogiera en su acepción literal, la afirmación es inextacta por exagerada. La comunicación existe. Pero en cada caso lo que hay que preguntarse es qué es lo que se comunica y cuánto queda por comunicar (o es exigitivo reprimir).”

Siempre hay, por tanto, una vía por donde explorar. Y si hemos dicho que la comunicación es funcionalmente deficiente en su realización, resulta que potencialmente es excedente: siempre deja abierto un gran abanico de posibilidades.

Fuente de la imagen


Hablando con niños

Hace unos días escuchaba en la radio una interesante entrevista a una psicóloga o pedagoga (no recuerdo su nombre, lo siento) sobre la depresión infantil. Planteaba que la depresión infantil es algo muy poco habitual. Lo que sí se da con más frecuencia es que un niño o niña muestre apatía, desgana, esté triste… Decía que esto suele ser la expresión de una situación que no se está consiguiendo afrontar con éxito y le frustra: puede tratarse de algún problema con algún otro niño o niña, en sus estudios, en la relación con sus padres, etc. Sólo cuando una situación así se prolonga por mucho tiempo –muchos meses, años…– es cuando deriva en una depresión infantil. Por tanto, el mensaje es claro: las señales de apatía y de tristeza son síntomas de situaciones que al niño o niña están desbordando, por lo que deberíamos tratar de indagar y solventar la causa y no enfocarnos demasiado en curar el síntoma.

Decía también que las madres y padres solemos caer en un error al tratar a nuestros hijos en estas situaciones: cuando los vemos apáticos y tristes los mimamos, los tratamos de animar con múltiples alternativas. Y esto puede tener el efecto negativo de que el niño o niña empiece a mostrarse apático como estrategia, con el fin instrumental de conseguir nuestra atención y mimos (creo que la llamó “apatía funcional”).

Por ello proponía esta entendida que nuestra actitud ha de ser la de tratar de aproximarnos a los niños, no cuando se muestran apáticos, sino cuando se ilusionan con algo, cuando se muestran más alegres… De lo contrario estamos ayudando a que desarrollen ese tipo de estrategias dañinas.

Me parece muy interesante y una idea útil, supongo que lo difícil es ponerlo en práctica, ¿cómo reprimirte cuando ves triste a tu hijo y esperar a que se alegre por sí mismo para acercarte?

Recientemente, en una interesante reunión que tuvimos, uno de los participantes comentaba que una prima suya trataba de educar a los niños en la ilusión y valoración de las cosas: “Ella no les compra cuentos, sino que van a la biblioteca una vez a la semana a cogerlos de allí. Llegan con toda la ilusión y puede que aquel que querían no esté: hay que esperar otra semana.” Con lo fácil que es comprarles cosas, aquí se fomenta el que se valoren y se cuiden, se enseña a esperar, a querer. Educar en la frustración, en la superación, en que se valore lo que hay, etc. es algo que me parece muy importante, y que reconozco que como madre me cuesta hacer: soy de las que hago cualquier cosa para evitarles un mal momento, un ratito de sufrimiento… Tendré que aprender, pero no sé si lo lograré, supongo que tendré otras virtudes… (Ah! y un apunte de soslayo: puestos a ser menos consumistas, ¿se nos ocurren ideas para prescindir de otros objetos o servicios además de, o antes que, de libros?)

De todas formas, mi reflexión, aparte de estos apuntes sobre educación, quería centrarse en el siguiente tema. Decíamos: “Más aproximaciones a nuestros hijos cuando se muestren alegres e ilusionados que cuando no, y tratar de indagar en las causas que puedan estar detrás de sus momentos bajos”, y añadía “pero nunca hablar de su estado emocional, no expresar que nos acercamos cuando están alegres y que lo hacemos menos cuando están tristes…” Nosotros actuamos con una estrategia consciente, pero debemos procurar que esa estrategia no sea consciente para el niño. Esto es muy habitual en educación: Lo que diferencia a los padres de los hijos es que los primeros tienen las herramientas que su madurez intelectual y emocional les proporciona para ser más capaces de interpretar y elaborar lo que sucede, la realidad. La explicación intelectual de algo, antes de tener la madurez suficiente para asimilarla correctamente, no sólo es ruido inocuo, sino que puede tener efectos negativos, si fuera interpretado de forma equivocada y perjudicial. Esto hace que, como todos sabemos, con los niños haya que hablar mucho, pero en registros distintos a los que utilizamos entre adultos.

Pero mi reflexión iba un poquito más allá: hacía en mi mente una analogía entre los niños y los adultos para quienes un determinado conocimiento aún no es inteligible. No es que crea que haya que tratar a adultos como niños. No. A lo que me refiero es que, a veces, la secuencia lógica de “primero lo entiendo intelectualmente y luego paso a experimentarlo”, no es válida, ya que así entraríamos en un círculo vicioso; la comprensión intelectual requiere la madurez que sólo la experiencia puede brindar, por lo que no hay otra que lanzarse a la experiencia para luego poder entender también con el intelecto.

Me refiero a aquellas áreas de conocimiento en las que el sujeto cree tener una opinión formada y haber alcanzado una comprensión intelectual, pero basada en una manifiesta ausencia de experiencia, con lo que la comprensión no tiene contenido, es vacía.

En estos casos, el debate intelectual resulta ciertamente aburrido, por muy bien articulado que aparezca el discurso.

También se da, muy frecuentemente y en muchos ámbitos, que aquellos que no tienen un conocimiento vivencial (contrastado con su propia experiencia de la realidad) en determinada materia, tratan de diseñar y teorizar sobre los cursos de acción, en lugar de apoyarse más en aquellos que, partiendo de su experiencia, desarrollan elaboraciones conceptuales que resultan útiles a ellos mismos y también a otros.

Quizá sea polémico esto que voy a decir, pero creo que así como no llegamos a ninguna parte si los niños utilizan un lenguaje de adultos, tampoco llegamos a ninguna parte cuando los adultos utilizamos un lenguaje (ideas, conceptos, formulaciones) que hemos aprehendido sólo de forma intelectual, sin haberlo experimentado, sentido, vivido, es decir, ratificado a través del contraste con múltiples experiencias de nuestra realidad.

Quizá pueda expresarse esto diciendo que reivindico, tanto desde su potencialidad transformadora como interpretativa de la realidad, la parte subjetiva del conocimiento frente a su parte objetiva. Y si compartiéramos esta visión, debiera hacernos pensar en una profunda transformación de la educación, la transmisión de conocimiento y el acto formativo.

Apertura y duda

  • El problema de la teoría es que nos la creamos.
  • Las teorías, los conceptos, las ideas sirven para interpretar la realidad no para explicarla.
  • Fijarnos demasiado a una idea nos mutila como personas, como seres inteligentes y como agentes.
  • La historia y la vida nos ofrecen innumerables ejemplos de esto.

Recomiendo este artículo de Gustavo Martín Garzo (que ya llevé a delicious, twitter y demás) para seguir reflexionando sobre estos temas.

Recientemente tuve la oportunidad de escuchar una conferencia de Claudio Naranjo y me ha hecho pensar sobre la espiritualidad: ¿Qué es? ¿Me atrae?

Si entendemos la espiritualidad como el desapego de las ideas, en busca de una dimensión de vida diferente a –o capaz de trascender de– la ficción que cada una nos construimos (en lo simbólico y en lo imaginario [1]), bienvenida sea.

El centro de esta ficción es el ego, y se expresa en todo nuestro flujo mental (pensamiento, delirio, sueño) y, por supuesto, también en nuestra acción (que en el extremo sería obsesiva, instrumental, calculada…).

Se habla, así, de vaciar la mente, pero no en sentido literal, claro, sino –entiendo– en el de desapego, o capacidad de observarnos, de sentirnos sin que esta pseudopersona que nos hemos construido en esa ficción se nos apodere y la identifiquemos con “yo”.

La espiritualidad así entendida es un buen terreno para la materialidad o acción de transformación social. Me explico:

Puedo llegar a entender una idea como no válida y desapegarme de ella, pero la comunidad, la sociedad, me sigue exigiendo que opere según sus pautas. Es el pan nuestro de cada día.

Transformación significa, entonces, poder construir un simbólico e imaginario más acorde a mi autenticidad sin que ello me aleje de lo social. Cuando no cabe la transformación la sociabilidad exige alejarme de mi autenticidad (adaptación, conformidad): vivo a través de este personaje interpuesto que podemos llamar ego. La ausencia total de sociabilidad es algo así como la muerte en vida. Pero ¿y qué es la ausencia total de autenticidad en la vida, la presencia invasiva, exclusiva, masiva de egos y personajes? Quizá sean seres nunca nacidos.

Hablaba de entender la espiritualidad como esta capacidad de desapego a las ideas. Sin embargo, no parece que sea ésta la única visión de espiritualidad. Si entendemos la espiritualidad como lo contrario, es decir, como la fijación a unos ideales, no la quiero, ni para mí ni para la humanidad. Esta siempre conduce a lo contrario de aquello que predica; niega la transformación, exige adaptación y conformidad; encubre atrocidades, o cuando menos, deriva en irresponsabilidad social y dolor (soy consciente de que el sufrimiento es parte inseparable e inexorable del vivir).

La sociabilidad nos exige renunciar al camino de la autenticidad.
La responsabilidad social exige transformar los planos imaginarios y simbólicos de las comunidades para que alberguen a seres más auténticos, menos dependientes del ego.

Todo esto me hace pensar que el clásico “Conócete a ti mismo” no es suficiente, sino que también es necesario profundizar en las lógicas del sistema, en los elementos y fuerzas de relación y poder establecidos en la sociedad para otro posible mundo mejor. Con apertura y con actitud de duda.

En todo caso, una espiritualidad que nos haga más capaces de transformar el mundo, la sociedad, y no una que nos evada de ella; aunque ésta es legítima como solución individual, no lo es como colectiva.

“¡¡Qué complejo!!” podéis decir, pero ¿nos creemos el mensaje de la complejidad del mundo en que vivimos o qué?


______________
[1] Este escrito está basado también en un esfuerzo de reinterpretación de los tres registros (Lo Real, Lo Imaginario y Lo Simbólico) de Lacan sobre los que también elabora Žižek.

Nota: la imagen es del cartel de la película Cien Clavos

Gogoaren inguruko gogoeta

Euskaraz “gogo” hitza enigmatikoa iruditzen zait, batean biltzen dituen adiera desberdinengatik. (Ikus adibidez Elhuyar hiztegia, 3000 hiztegia, Harluxet hiztegia)

Batetik, gaztelerazko “mente” edo “pensamiento” edo “recuerdo” bezalakoak, gure fluxu kognitiboari dagozkionak, hizkuntzarekin eta sinbolikoarekin oso lotuak. Gogoan dut, gogora ekarri, gogoeta egin, gogamena…

Sinbolikotik idealera urratsak emanez, “arima” edo “espiritu” bezalako esanahietan ere erabili izan da: Euskal gogoa (Espíritu vasco), Gogo Saindua (Espíritu Santo). Gogo hitzaren espiritualtasun hau aurreko mendean euskal kulturgintzan kristau erlijioaren ikuspegia zuten egileek izandako pisuaren isla ote den iradokiko nuke, eta gaur egun adiera horientzat arima eta espiritu hitzak erabiltzea hobesten direla joko nuke.

Bestetik, berriz, nahia eta borondatea adierazteko erabiltzen dugu, baina "gogoak", “borondate” hitzak baino esanahi inmanenteagoa dauka. Borondatea betebeharrek bideratzen eta orrazten dute, hau da, borondatea ager dezaket, egin behar dudala uste baitut eta nolabait behartuta sentitzen bainaiz, gogo handirik gabe baina. Gogoa, berriz, nolabait esanda, hezigaitzagoa da, menderaezinagoa, norberarenagoa, autentikoagoa. Gogoa borondatearekin bat ez datorrenean, emaitzak uxatu egiten zaizkigu, non eta ez badugu benetan gogoa pizten eta borondatearen alde jartzen. Baina hau idatzi bezain pronto ezinegona sortzen dit esaerak: Gogoa piztu al dezakegu, ala gogoak pizten al gaitu gu?

Altxor polita beraz hitz honek euskaraz ezkutatzen diguna: gogamena (pentsatzeko gaitasuna) eta norberak berebere duen horren arteko uztarketa.

El desculturalizador que lo...

Me he dado una vuelta en wikipedia por algunas eminentes figuras de la pedagogía. Para más detalle, trataba de saber más sobre los autores que más influyeron en Elbira Zipitria. Probablemente escribiré algún post sobre ella más adelante (aunque muchas veces estas buenas intenciones se me queden en el tintero :(...)

He encontrado muchas cosas sugerentes. Pero hay que elegir, y me voy a detener en los estadios de desarrollo cognitivo formulados por Piaget:

Fuente: Piaget –wikipedia:

"Piaget demuestra que existen diferencias cualitativas entre el pensar infantil y el pensar adulto, más aún: existen diferencias cualitativas en diferentes momentos o etapas de la infancia. En sus estudios observa que existen distintos periodos o estadios de desarrollo, llegando a definir una secuencia de cuatro estadios de desarrollo cognitivo (que él llamara "epistemológicos"):
  1. Estadio sensorio-motor: Desde el nacimiento hasta aproximadamente un año y medio a dos años.
  2. Estadio preoperatorio: Aproximadamente entre los 2 y los 7 años de edad.
  3. Estadio de las operaciones concretas: De 7 a 11 años de edad.
  4. Estadio de las operaciones formales: Desde los 12 en adelante (toda la vida adulta).
El sujeto que se encuentra en el estadio de las operaciones concretas tiene dificultad en aplicar sus capacidades a situaciones abstractas. Si un adulto (sensato) le dice "no te burles de x porque es gordo... ¿qué dirías si te sucediera a ti?", la respuesta del sujeto en el estadio de sólo operaciones concretas sería: "YO no soy gordo". Es desde los 12 años en adelante cuando el cerebro humano está potencialmente capacitado (desde la expresión de los genes), para formular pensamientos realmente abstractos, o un pensamiento de tipo hipotético deductivo."
En el mismo texto de wikipedia –no sé si es una opinión del particular wikipedista o se trata de una afirmación que el mismo Piaget sostendría (al menos así formulada)– dice: “lo cual no implica que no haya en la sociedad humana actual una multitud de adultos cronológicos que mantienen una edad mental pueril, explicable por el efecto del medio social”.

Me resulta muy interesante esta conceptualización (idea) de distintas formas de cognición y asimilación según el estadio de desarrollo o madurez cognitiva. Lógicamente, hemos de pensar que el desarrollo cognitivo del niño no se produce sólo por efecto de la edad, sino que tienen que darse los estímulos adecuados para que el desarrollo se produzca: un niño difícilmente aprendería a andar si no se le permite moverse, ni aprende a hablar si no escucha el habla, incluso pierde la capacidad de poder aprender a hablar, como el caso documentado de Víctor de Aveyron... La edad sería así condición necesaria pero no suficiente.

Los estadios definidos por Piaget responderían a los comportamientos esperados estadísticamente en cada edad. Así, dado que se basó en investigaciones de campo para esta conceptualización, los resultados de su estudio están condicionados por el tipo de educación que se proporcionaba a los niños en el momento y lugar del estudio.

El desarrollo cognitivo depende, así, de factores tanto biológicos como ambientales: cada individuo tiene un potencial de desarrollo marcado por sus genes, que dependiendo de los estímulos ambientales, se desarrollan –en todo su potencial, sólo en parte– o no se desarrollan, condicionando así el desarrollo de estadios posteriores. La frase anterior es sólo una forma de hablar, una necesaria simplifcación del lenguaje sobre una complejísima realidad; podríamos hacer muchas precisiones y matizaciones: por ejemplo, hay que matizar que no tenemos la menor idea de cuál puede ser “todo el potencial” de cada uno de los estadios de desarrollo (tomemos los formulados por Piaget u otros), sólo podemos tener una noción de ello (los pedagogos y educadores experimentados la tendrán) partiendo del tipo de educación que en cada momento histórico se da.

Es evidente, por otro lado, que hay diferencias en la capacidad de asimilación y cognición no sólo entre distintas edades sino también entre distintos adultos. Encontramos ejemplos de ello en cada momento. Las capacidades de abstracción de las personas son muy distintas. Esto complica la profundización de temas en un momento histórico –el actual– sometido a la cultura de masas.

Todo comunicador expresa preocupación y miedo por "que se entienda”. Es como si una vez llegados a la edad adulta consideráramos que ya no es necesario ningún esfuerzo intelectual, todo ha de “entrar” de forma suave, fácil, sin esfuerzo… ¿Y si relajáramos ese miedo, y tratáramos de recuperar aquel viejo reto? El reto de aprender, de desarrollarnos, de alcanzar nuevos niveles de conocimiento... ¿o es que se nos ha olvidado que todo eso requiere esfuerzo? bien claro lo tenemos, sin embargo, cuando nos referimos a niños y a jóvenes... El viejo reto de una sociedad (como colectividad, como suma de individuos) que se sigue desarrollando.

La evolución del cine es un buen ejemplo de esto: ¿dónde están los Buñuel, los Bergman, los Truffaut, o los Hitchcock? Y no digo que hoy no tengamos esos talentos –que seguro que los hay– sino que no encuentran en su alrededor el humus necesario para crear y retar: todos tan preocupados por no salirnos de aquello que nos vaya a garantizar muchas entradas en el blog, o muchas ventas del libro (o panfleto), o una fácil distribución del “producto cultural” en cuestión.

El desarrollo de la capacidad cognitiva no termina a los 12 años. Sino más bien, nuestro tipo de actividad cognitiva nos puede llevar a atrofiar el músculo –permítaseme la expresión– cognitivo o a seguir expandiéndolo, siendo capaces de aprehender conceptos y realidades cada vez más complejas y desde enfoques más enriquecedores.

Y aquí tengo que hacer una crítica a los media, que no tienen interés en ejercitar nuestro “músculo cognitivo”, sino más bien lo contrario… Pero no vale el victimismo. La responsabilidad y la potencialidad es nuestra, de cada una de nosotras. Todos podemos asumir mayor protagonismo y constituirnos en una especie de “resistencia” en el páramo –masivo– del desarrollo cognitivo e intelectual, o así lo creo yo desde mi ¿ingenuidad?.

(Mientras escribía esto, he leído este artículo de Enrique Gil Calvo de ayer en El País: Lecturas en corto y ruido en la Red, que tiene relación con esto de lo que hablaba)

Y una cita de Slavoj Žižek en “El acoso de las fantasías”:
“Con respecto al ciberespacio se debe adoptar una actitud “conservadora”, como la de Chaplin con relación al cine sonoro: Chaplin estaba mucho más consciente de lo normal del impacto traumático de la voz como un intruso ajeno a nuestra percepción del cine. Del mismo modo, el proceso contemporáneo de transición nos permite percibir lo que estamos perdiendo y lo que estamos ganando –esta percepción se tornará imposible en el momento en que aceptemos totalmente y nos sintamos como en casa con las nuevas tecnologías. En pocas palabras, tenemos el privilegio de actuar como ‘mediadores que desaparecen’”.
Tengo la sensación de que hace unos años o unas décadas, se podía hablar –se hablaba– de la cultura de masas y su efecto desculturalizador desde esa perspectiva de la transición. Hoy –parafraseando a Žižek– puede que esta percepción se haya tornado imposible…

Veo que me he extendido… dejaré la reflexión sobre el ejemplo que me ha resultado, también, muy sugerente para otro post…

A disfrutar!!!

Fusión de blogs

Cuando hace casi 3 años inicié este blog, paralelamente inicié otro en euskara (Maite Darceles - Euskararen Tartea). En aquel momento me pareció mejor separar los sitios en función del idioma.

Así mismo, hace un año inicié otro blog (Mi caja de ideas y de conceptos), en el que quería apuntar ideas, conceptos, sugerencias... principalmente, de mis lecturas. Era un blog de apuntes más que de mis propias reflexiones, sugerencias que dejaba para posteriores elaboraciones... Con el tiempo he visto que la idea huérfana me dice poco y que me interesa destacar a la persona que hay detrás. Por ello Mi Caja de Ideas y de Conceptos se ha convertido en mi Colección de Posts de Creadores de Subjetividades.

He considerado que es mejor concentrar los esfuerzos en mantener un único blog, por lo que me he decidido por fusionar estos tres blogs en uno.

Así, en los últimos días he estado pasando los posts de estos dos blogs a este principal, respetando las fechas de publicación originales, lo que habrá creado confusión sobre todo a las personas que me siguen en su Google Reader. Pero no he encontrado otra forma mejor de hacer esta fusión. A partir de ahora, en este blog incluiré: posts a mi estilo habitual, posts de Creadores de Subjetividades y posts en euskara (espero que con mayor frecuencia que mi producción pasada). En esta página recojo la lista de posts en euskara.

¡Ah! Además, combinaré este blog con otro sitio en el que también publicaré: www.hobest.es, pero de esto os hablaré en otro post!!!

Euskarazko posten zerrenda

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    Luis Mendizabal EITBko kazetari ezagunak gabonetako bueltan deitu zidan elkarrizketa programa berri bat prestatzen ari zela,...
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    Jun-13 - 2009 | More ->

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    Aho-zulo pozoitsuetatik
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    Gaur elkarlanaz eta taldean lan egiteaz jardun dugu hizketan. Eta gogoeta bat piztu dit gaiaren inguruan...
    Oct-16 - 2008 | More ->

  • Umiltasuna
    "Ikusten dugu nola desberdintasunei eta, jakina, desberdinei errespetuak gure umiltasuna exijitzen duen; mugak gainditzeak dituen arriskuez ohartarazten gaituen umiltasuna;...
    Nov-6 - 2007 | More ->

  • Euskarara itzultzen, euskaraz adierazten
    Hizkuntza desberdinetan aritzeko gai garenok batean esaten duguna bestean esatea askotan zail aurkitzen dugu...
    Sep-14 - 2007 | More ->

  • Emozioak euskaraz
    "Adimen emozionalari buruz honenbeste hitz egiten hasi garen honetan, honako gogoetatxoa egin nuen"...
    Sep-14 - 2007 | More ->

  • Euskararen tarteari buruz...
    "Nire gogoetak bideratzeko blog bat abian jarri dut gazteleraz. Baina nire gogoetetan euskarak ere tarte behar zuen. Horrexegatik ekin diot beste honi ere....
    Sep-14 - 2007 | More ->

Colección de posts: Creadores de subjetividades



Nota: este post es un listado de entradas, por lo que se irá actualizando con las novedades...

Hitchcock: "unas buenas y saludables sacudidas mentales"

Colección de Posts Creadores de Subjetividades

"Mi intención es dar al público unas buenas y saludables sacudidas mentales. La civilización ha llegado a ser tan selectiva y protectora que no experimentamos las suficientes emociones de primera mano. Por lo tanto, para evitar volvernos indolentes y blandengues tenemos que experimentarlas artificialmente, y la pantalla es el mejor medio para ello".

Alfred Hitchcock después del estreno de Vértigo (1957)
en "De entre los muertos. Vértigo", Gold Edition, RBA 2007


Algunas reflexiones:

  • Me resulta curioso pensar en la pretensión de Hitchcock de favorecer una educación emocional a través de sus películas: Que vea esa necesidad y que trate de aportar con lo que sabe hacer.

  • Por los meandros de mi reflexión, pienso que Hitchcock es un genio pero no tanto interpretando y conceptualizando la realidad, como sí lo son otros personajes de esta colección de posts, sino que es un genio de la comunicación de aspectos humanos normalmente ocultos. Diría -si se me permite esta interpretación sui generis de la triada de Lacan- que su aportación es del registro de lo imaginario (generación de imágenes, emociones, vivencias...) más que referencias conceptuales e interpretativas (lo simbólico). Siempre tratando de aprehender lo real.

  • Cuando leo opiniones y reflexiones sobre el efecto del consumo (sin sentido peyorativo) de inputs audiovisuales en nuestra personalidad, nuestra vida, nuestro psiquismo, nuestra cognición que han sido pronunciadas hace mucho tiempo, antes de la explosión/invasión de los medios audiovisuales de las últimas décadas, me resulta inquietante.
    Por un lado, suelen evocar cierto componente visionario. Por otro lado, suelo sentir que la realidad supera ampliamente el riesgo o temor manifestado (no es éste uno de esos casos, pero suele pasar). Y muchas veces, me pregunto: esto que resulta interesante, ¿cómo sería formulado hoy -tras experimentar la hegemonía de la imagen y de lo audiovisual en nuestra experiencia de percepción- por este autor?

    Al hacer este apunte me vienen al recuerdo dos obras, pero a decir verdad ahora mismo no sé muy bien por qué. Se trata de "Hacia el cumplimiento del deseo. Más allá del melodrama" de varios autores (María Carmen Gear, Ernesto César Liendo, Lila Lee Scott y Félix Reyna), Paidós 1988 y "El arte de amar" de Erich Fromm (1959).

  • Por último, centrándome en lo planteado por Hitchcock, con la ventaja de encontrarme medio siglo más tarde de que él pronunciara estas palabras, no puedo compartir esta idea de sustituibilidad: la vivencia real sustituida por una visión de un film, por emocionante e impactante que éste sea. Quiero decir, que a diferencia de Hitchcock no creo que esto impacte en nuestro desarrollo emocional, evitando que seamos indolentes y blandengues.

    Volviendo a la triada de Lacan, si una emoción no se vive en lo real, solamente se llega a tener una imagen de ella, se idealiza en positivo o negativo, se "conoce" racionalmente, pero nunca vivencialmente. Conocer realmente algo, entenderlo realmente, significa e implica haberlo vivido en lo real.

    Ahora bien, haber vivido algo en lo real no significa conocerlo, pues puede resultarnos demasiado inaprehensible como para saber qué es, demasiado extraño, podemos estar confusas/os. Nuestra educación, nuestra madurez, nuestra cultura... que se traducen en un rico desarrollo de lo imaginario y de lo simbólico pueden ayudarnos en este sentido; pero no en el inverso, que es lo que Hitchcock parece proponer o podría malinterpretarse de sus palabras...


Gracias, Hitchcock!!!

Generando confianza (II)

En nuestro último encuentro del Foro Bilbao, hablamos sobre generar confianza. Nos hicimos muchas preguntas sobre las que reflexionamos:

Si pensamos en nuestro ámbito de trabajo, en las personas con las que trabajamos, y también en nuestros clientes o proveedores, ¿qué ayuda a que aumente la confianza? ¿Y qué la disminuye o la entorpece? (Al final del post, se recogen las respuestas individuales a estas preguntas)

La confianza es la consecuencia de un recorrido, de un proceso. Se ha ido realimentando y construyendo. No es necesario mucho tiempo (Cronos) para construirla, sino tiempo Kairòs (de la intensidad, de la conexión). Me gusta la cita de Miguel Ayerbe que hace Borja en su post: “Liderar es generar contextos de confianza y ello es función de la cantidad y calidad de las interacciones en los equipos y organizaciones.” También en este sentido hablaba Alberto en nuestro encuentro de la necesidad de roce para la confianza.

Ayer veía Avatar con mis hijos. Cuando el protagonista Jake Sully revela el objetivo de su misión, que no es otro que el de convencer a los indígenas para que se vayan de su propia tierra de forma pacífica, para que los humanos puedan expoliarla y obtener las preciadas piedras del interior de la montaña, su enamorada Neytiri se siente traicionada –con razón– y lo que le dice es: “Confié en ti”.

Al final, Jake consigue recuperar la confianza que habían depositado en él tanto el pueblo na’vi como su amada Neytiri, pero esto no lo consigue de forma instrumental, como había sido su primera aproximación, sino desde la autenticidad, ya que él es ya uno de ellos y lucha con ellos por su libertad hasta las últimas consecuencias.

Esto me hace pensar en la fragilidad de la confianza cuando ésta se considera un instrumento, una herramienta para… Y si bien puede que sea demasiado pedir evitar todo asomo de instrumentalización en el ámbito de la organización, creo que tenemos que tener presente que la confianza es un valor en sí, que tiene que ver con conectarnos de manera auténtica con otras personas. Esto significa sinceridad, honradez, transparencia... También significa coherencia, entre lo que se dice y se hace, y sobre todo entre lo que se siente y se hace, y esto requiere libertad. Y esta deriva enlaza con la pasión que lo auténtico (auténticamente nuestro) desata. Recuerdo que Javier hacía mucho hincapié en la sesión sobre la relación de la pasión con la confianza...

Y todo esto enlaza o lo quiero hacer enlazar con algunos apuntes que fuimos recogiendo en la sesión:

  • Se habló de distinguir entre relaciones profesionales y personales cuando hablamos de confianza. Discrepo un poquito en este tema. Por un lado, la confianza que tenemos con unas personas o con otras es distinta en grado, en temas, etc. Pero creo que precisamente cuando hablamos de confianza en el ámbito profesional estamos haciendo referencia a relaciones más personales, más integradoras de toda la persona, en el trabajo; que, de alguna manera, dejemos de relacionarnos con nuestras máscaras o personajes profesionales y pasemos a una relación más auténtica.
  • En algún momento alguien dijo algo así como “seamos claros: a mí me interesa que se genere un ambiente de confianza porque de esa manera van a mejorar los resultados para mí”. Sí y no. Es evidente que en contextos de confianza se coopera mucho mejor, se trabaja en equipo mucho mejor, etc. pero creo que no es conveniente justificar el esfuerzo por la confianza desde la instrumentalización, precisamente, por lo que antes comentaba.
  • Se habló también de que la confianza exige relaciones entre iguales. ¿Qué significa esto? Empecemos respondiendo en negativo. Obviamente, no significa que todos somos literalmente iguales, ya que todos somos distintos y la diversidad es fuente de riqueza humana. Tampoco significa que todos tengamos la misma responsabilidad o nivel de decisión, ya que en la empresa existen estructuras de funciones y responsabilidad. Lo que significa más bien es que establecemos la relación en tanto personas que somos, y que en nuestra condición de personas (hombres y mujeres) somos iguales. Relaciones en las que las personas se dignifican y respetan mutuamente.
  • “A la gente le encanta que le manden bien”. No digo que no. A todos nos gusta que nos mimen, que nos quiten preocupaciones y responsabilidades, que nos lo den todo hecho… al menos a veces… ¿A quién no le gusta ir a comer a casa de sus padres a mesa puesta? Pero el tema está en que algunas personas estamos convencidas de que el modelo productivo en el que unos piensan, planifican y mandan a otros que, simplemente, ejecutan, está agotado. Esto significa que esa función de “mandar bien” se hace, en la mayoría de los casos, inviable; y entramos en una aporía sin solución, salvo que seamos capaces de formular el problema de otra manera.

Por tanto, y a modo de conclusión, esa nueva formulación sería ver cómo podemos avanzar en construir con otros el papel que, sin mayor cuestionamiento, de primeras, corresponde al jefe. Y se trata de cuestionarnos cuál es la forma en que ejercemos esa responsabilidad, para poder avanzar hacia sistemas de trabajo donde pueda emerger un mayor protagonismo de las personas. Y mirémoslo por donde lo miremos siempre encontramos relación entre confianza y protagonismo.

Por ir acabando con mis reflexiones, en resumen, podemos decir que generar confianza requiere:
  • un cambio cultural, que permita pasar de contextos basados en el control a contextos de confianza y protagonismo de las personas;

  • y un desarrollo actitudinal, que permita dar confianza para también recibirla.

Alfredo propuso que, entre todos, hiciéramos un decálogo de cómo generar confianza y comenzamos a dar ideas. Son ideas de acción. Las recojo ordenándolas a mi manera:

  • Proponer que actuaciones propias de gerente las hagan otras personas, fomentando su mayor protagonismo
  • Hacer partícipe a las personas de la organización de la decisión de cómo hacer las cosas
  • Estructurar sistemas de información para que las personas tengan la información relevante
  • Actuar con transparencia
  • Preguntar a las personas de la organización: no sólo informar.
  • Generar espacios de comunicación. Podría hacerse de muchas formas compatibles entre sí. Por ejemplo, una por escrito y utilizando las TIC: el uso de una lista de distribución para remitirse mensajes (informaciones, reflexiones, opiniones, etc.) entre todas las personas de la organización. Claro que la primera forma de comunicación es la verbal.
  • Fomentar procesos de reflexión compartida, como base generativa de estrategia.
  • Identificar retos entre todas las (muchas) personas y constituir equipos para que los desarrollen
  • Generar contextos para que se trabaje con pasión.
  • Y además: Apertura – coherencia – generosidad



¿Qué dificulta o entorpece la confianza?¿Qué aumenta la confianza?

prejuicios | incongruencias | mentiras | si esa persona no cumple con su responsabilidad | cuando alguien no hace una tarea | Las malas referencias
La experiencia previa con esa persona, empresa o situación | Coherencia (confiabilidad) | Coherencia | Responsabilidad | La relación | Cuando ves que esa persona está de por sí atenta a dificultades | Creer en | Conocer bien a | Plantear con claridad lo que se debe hacer (cada uno) | La historia previa | Las buenas referencias | Fidelidad | Estar | Cuando alguien soluciona rápidamente inconvenientes | Pensar de forma similar | Comprensión | Honestidad | Pasión | Convencimiento sobre el proyecto | Amabilidad | Compromiso | Transparencia | Relajar la necesidad de controlar | Cercanía | Claridad | Sinceridad | Empatía | Apoyo | Roce | Honradez | Vinculación personal | Una sonrisa | La imagen, modos y pequeños gestos | Certeza en lo que se expresa | La primera impresión | Escucharse | Saber adecuar las expectativas | Relación clara de sinceridad: las cartas sobre la mesa




Más sobre este encuentro del Foro Bilbao

Generando confianza

“Muchos de estos padres confunden también el amor de sus hijos por el respeto. Mientras que el primer sentimiento se elabora con los cuidados, el intercambio de afectos positivos o incluso con la mutua necesidad, el segundo es una construcción basada en la demostración de un valor o conocimiento superior. El respeto es un afecto que un sujeto se gana, construyéndolo con el tiempo, y no algo que se obtiene automáticamente por el hecho de ocupar un lugar determinado. Nosotros podemos demostrar educación hacia nuestro jefe, pero, si no nos demuestra su valía o conocimientos, no alcanzará nuestro respeto. Lo erróneo de su planteamiento se hace patente para estos padres cuando se ven en situaciones en las que su autoridad es puesta en entredicho, o cuando su palabra es criticada (si no directamente rechazada o minusvalorada) por parte de unos hijos cuyo respeto más que hacia ellos se orienta hacia su grupo de amigos o hacia su personaje televisivo de moda.”


José Manuel Aguilar en “Tenemos que hablar”

En este texto no aparece la palabra confianza, pero diría que ésta engloba a los dos sentimientos que se explican en él: amor y respeto. Confianza significa una cierta relación de cariño, de querer bien y su recíproco en la buena intención del otro para conmigo, y también se refiere a presuponer la valía, la discreción, el talento, el acierto del otro. En cada relación, el peso de cada uno de estos atributos en la configuración de la confianza es distinto. En las relaciones de amistad, el cariño y el amor pueden tener más peso que el respeto, mientras que en las relaciones profesionales, puede que el respeto pese más. Pero si definimos los sentimientos opuestos a éstos como odio u hostilidad y desprecio, es evidente que estos sentimientos no tienen cabida en una relación de confianza, sino que ésta debe contener los atributos positivos, aunque sea en un nivel muy limitado, dando lugar, en este caso, a una confianza también limitada.

El trabajo en equipo requiere un ambiente de confianza. La confianza es algo que se construye en un continuo dar y recibir. ¿Cómo? Supongamos que desde un puesto de responsabilidad actúo muy confiada (en la organización, o también como madre, por seguir con el texto de la cita).
¿Qué pasa?
- Podría recibir respuestas de un nivel de responsabilidad (capacidad de respuesta) muy inferior a la confianza otorgada. En este caso, debería adecuar la confianza a la capacidad de respuesta del otro e ir aumentándola a medida que la autonomía del otro aumente. Dejo que mi hijo se sirva el agua y derrama toda la botella mientras me doy la vuelta.
- Podría recibir con agrado un nivel de respuesta elevado, con lo que el nivel de confianza otorgado habría sido adecuado, o incluso se podría ampliar. Se sirve impecablemente. Cuestión de edades.

Así, debería ir aumentando el margen de libertad o nivel de confianza otorgado en función de las respuestas recibidas.

Y en general, genera confianza la actitud de comprometerse con el propio conocimiento paralelamente a que una se esfuerce en mejorarlo. Esto significa: no mirar a otro lado, actuar en coherencia con lo que sabemos, compartir lo que sabemos, contrastar las informaciones, no quedarnos con perspectivas parciales, preguntar, escuchar, observar, analizar, estudiar,…

Tres apuntes finales ligados con la generación de confianza:

- la comunicación, intensa y sincera, como lubrificante de la confianza.
- cultura de cumplir los compromisos para generar confianza; para ello, primero hay que poder adquirirlos en condiciones de cierta libertad.
- la posibilidad de que las personas demuestren su competencia y su talento. "Cómo voy a confiar en alguien si no sé que es capaz de hacerlo". Esto requiere cierto margen para que las personas puedan “lucirse”, quiero decir que puedan actuar desde su conocimiento.
- manejar bien el binomio de sinceridad y oportunidad: no siempre generamos confianza cuando somos sinceros, sólo lo hacemos cuando, además, somos oportunos.


Este miércoles nos reuniremos las personas del Foro Bilbao (*) para charlar sobre generar confianza en nuestras organizaciones. Hablaremos de qué es la confianza, de cuáles son los síntomas de que exista o de que no y de cómo podemos ayudar a generar confianza. ¿Qué puede ayudar a que haya más confianza? Y si hablamos en más concreto… ¿Qué puedo hacer yo para que tal persona confíe más en mí? ¿Qué puedo hacer yo para confiar más en tal persona?


(*) Nota del 23/04/2014. Enlazábamos a este sitio que ya no se mantienen en la nube: http://foro-itaca.wikispaces.com/Foro+Bilbao, donde se recopilaba información de las sesiones de este Foro.

Los buenos líderes y Lao-Tsè


De los buenos líderes, la gente no nota su existencia.
A los no tan buenos, la gente les honrará y alabará.
A los mediocres, les temerán
y a los peores les odiarán.
Cuando se haya completado el trabajo de los mejores líderes,
la gente dirá: "lo hemos hecho nosotros"


Lao-Tsè en Tao Te King


Hace alguna semana leí este libro escrito hace cerca de 2.500 años y es sorprendente cómo todo ha cambiado tan poco, cómo la filosofía de entonces no sólo sigue siendo actual sino que la evolución de la "civilización" hace que tenga más relevancia si cabe que cuando se escribió: Lo que dice sobre la Apariencia y la Esencia, por ejemplo, es de rabiosa actualidad en la cultura de la imagen que hoy vivimos y algun@s quisiéramos combatir.

Propone reducir el deseo, la codicia, el querer ser, el querer tener... Simplemente ser... Qué bonito, qué lejano... ¿Es posible aquí y ahora? Me surgen dos cuestiones: una, en relación a la articulación de la sociedad, otra en relación al concepto de deseo:

- Parece que hubiera unas formas de deseo que refuerzan la apariencia, alejándose de la esencia. Pero también entendemos el deseo como aquello que nos une a nuestra esencia, ¿no? Aflorar nuestra autenticidad es dejar que nuestros deseos vuelen libres. En este sentido, ser y desear convergen, fluyen.

- Esta idea queda reforzada en la siguiente consideración: en lo ya dado, si entendemos lo dado como límite inquebrantable, recuperar o fortalecer la esencia pasa por eliminar capas de apariencia: máscaras, disfraces, ritos... Vaciarse. En cambio, si nos damos capacidad de mover las cosas (que la tenemos más que hace 2.500 años), superar lo dado requiere no sólo quitar capas de inautenticidad, sino desear mundos por venir.


Podéis acceder al texto completo de este libro en wikisource, otro de los proyectos de wikimedia, junto con wikipedia, wikiquote, etc., cuyo objeto es la publicación de textos completos que están ya en dominio público.


Enlace al libro Tao Te King
Enlace a biografía de Lao Tsè

Creer en las personas

Hoy hemos tenido una rica sesión de trabajo con Aitor Egurrola en el contexto del Co-taller (Taller de Consultores para nuevas formas de intervención que faciliten transformaciones organizacionales). Amablemente permite que compartamos la presentación que ha preparado para esta sesión, a la que podéis acceder pinchando aquí.

Ha sido una exposición realmente interesante, avalada por una amplia experiencia en procesos de transformación, y donde no ha tenido reparos en hablarnos de las caras más sombrías de estos procesos, lo cual es muy de agradecer, ya que facilita que adquiramos conciencia real de lo que estamos hablando: no son “pájaros y flores”.

Voy a reflexionar en voz alta sobre algunas cuestiones que me ha sugerido la sesión en torno a la expresión de “creer en las personas”.

Aitor Egurrola insistía en la idea de que hay personas que per se “creen en las personas” y hay otras que no, independientemente de lo que digan. Se las cala, aunque intenten disimularlo: su verdadero ser se manifiesta en múltiples formas. Es como el machista que va de otra cosa.

Nos ha hablado de que cuando en un proceso de transformación hay prisa, cuando, por ejemplo, hacen falta resultados a corto plazo porque si no la amenaza de cierre cae como una pesada losa sobre la empresa, las personas “que no creen” en el primer nivel directivo son un escollo.

Hemos mantenido un apasionado debate sobre si las personas cambian o no. Aitor se muestra pesimista: dice que la capacidad de desarrollo en el terreno de creer en las personas es prácticamente nulo, en su experiencia de 24 años no ha conocido evoluciones en este sentido; sí ha conocido, en cambio, personas que han despertado de un estado de stand-by: su contexto no les permitía actuar “creyendo en las personas” y un nuevo contexto despierta esa capacidad latente. En palabras de Aitor: si un directivo quiere serlo y no cree en las personas, no tiene cabida en este tipo de organizaciones.

Independientemente de que creamos más o menos en las posibilidades de desarrollo individual, lo que está claro es que cuando se avanza en una transformación organizacional, creer en las personas es una premisa ineludible por parte de quienes impulsan el proceso.

¿Y si el equipo directivo no cree? ¿qué podemos hacer? “Podemos tratar de cambiar a estas personas”, suele ser una respuesta habitual, discordante con la exposición de Aitor.

Cuando se habla de que podemos cambiar a las personas, no puedo más que sorprenderme de estas expresiones. ¿Cambiarlas? Me pregunto si es ético pretender cambiar a alguien. Hay que tener mucho cuidado con el tipo de afirmaciones que hacemos, porque la línea divisoria entre lo natural y lo forzado es difusa. Lo natural es que yo cambio porque la vida es cambio y “todo es flujo”, como decía Heráclito (y nos recordaba Borja). Lo forzado es que la organización en la que trabajo me quiera transformar hacia no sé qué forma de ser.

Creo en la capacidad de cambio de las personas, pero es una capacidad de transformación que se desarrolla a nivel personal. Lógicamente, esto tiene implicaciones en lo profesional/laboral, pero no veo relación directa entre cambio personal y cambio organizacional, como no veo una forma de intervención que pretenda cambiar a las personas para que éstas cambien la organización. ¿Alguien conoce alguna organización en la que se haya llegado a una transformación de las dinámicas de trabajo interviniendo sobre la transformación de las personas?

Pretender cambiar a las personas en un determinado sentido (para que puedan encajar mejor en la orientación organizativa o de gestión que se quiere tomar) suena realmente mal: ¿No hablábamos de profundizar en la libertad?

Para seguir con esta reflexión me pregunto lo siguiente: ¿Qué es creer en las personas?
Creo que hay dos elementos que están detrás de esta expresión: creer en una misma (confianza, seguridad…) y concebir a otras personas en términos de integridad y de igualdad (en un sentido humano) respecto de mí.

Creer en las personas no es creer en que van a hacer aquello que yo quiero que hagan; no es creer que van a ser capaces de hacer aquello que yo creo que hay que hacer; no es creer que van a tomar decisiones parecidas a las que yo tomaría… Creer en las personas es otra cosa. Cuando se dan estos dos elementos (un grado de autoconfianza y concebir al otro en su integridad e igualdad respecto de mí) ello permite pensar al otro en términos de construcción colectiva: Creo en ti, luego puedo construir contigo.

Creer en las personas es creer que son ellas las que mueven el mundo (y las organizaciones). Así, en quienes tienen el poder, esto se traduce en que dan espacio, margen, libertad a las personas para que puedan “mover el mundo”; mientras que para las personas más de base, significaría exigir ese poder (y aprovecharlo cuando se les da) para empoderarse, liderar(se) y actuar –en cooperación- desde su deseo y su libertad.

Por último, quisiera hacer un pequeño apunte sobre el efecto muelle de vuelta desde las dinámicas de gestión participativas a dinámicas de gestión al uso. Un tema que suscita gran desencanto es que incluso aquellos proyectos que hacen una profunda transformación organizacional, obteniendo espectaculares resultados de todo tipo, dependen de que quien tiene el poder siga apostando por las formas de gestión participativas. En los casos en los que esta apuesta en las altas instancias ha sido más por necesidad que por convicción, la vuelta a dinámicas de gestión al uso es una realidad, ya que a la primera de cambio se deja que el proyecto sea liderado por alguien “que no cree”.

Esto que pudiera ser entendido como una fragilidad de los modelos de gestión participativa, tiene una interpretación, a mi juicio, mucho más potente: son aún escasos los directivos con capacidad de manejarse en formas de gestión avanzadas y las reticencias de la propiedad son ostensibles. No se trata por tanto de la fragilidad de estos modelos de gestión -de hecho, cuando se alcanzan las dinámicas participativas son siempre mejores que las tradicionales-, sino que la incapacidad de la clase directiva de desenvolverse en estos terrenos y la falta de cuestionamiento a todos los niveles de la sociedad (accionistas, escuelas de negocio, administración, etc.) de los modelos de gestión ya agotados dificulta la posibilidad de visualizar y embarcarse en caminos alternativos.

Por tanto, la aparente fragilidad de estos modelos se convertirá en solidez en la medida que vaya aumentando la masa crítica en torno a dinámicas de gestión participativas. Mucho trabajo por delante...


Foto de John Whiles

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