Generando confianza (II)

En nuestro último encuentro del Foro Bilbao, hablamos sobre generar confianza. Nos hicimos muchas preguntas sobre las que reflexionamos:

Si pensamos en nuestro ámbito de trabajo, en las personas con las que trabajamos, y también en nuestros clientes o proveedores, ¿qué ayuda a que aumente la confianza? ¿Y qué la disminuye o la entorpece? (Al final del post, se recogen las respuestas individuales a estas preguntas)

La confianza es la consecuencia de un recorrido, de un proceso. Se ha ido realimentando y construyendo. No es necesario mucho tiempo (Cronos) para construirla, sino tiempo Kairòs (de la intensidad, de la conexión). Me gusta la cita de Miguel Ayerbe que hace Borja en su post: “Liderar es generar contextos de confianza y ello es función de la cantidad y calidad de las interacciones en los equipos y organizaciones.” También en este sentido hablaba Alberto en nuestro encuentro de la necesidad de roce para la confianza.

Ayer veía Avatar con mis hijos. Cuando el protagonista Jake Sully revela el objetivo de su misión, que no es otro que el de convencer a los indígenas para que se vayan de su propia tierra de forma pacífica, para que los humanos puedan expoliarla y obtener las preciadas piedras del interior de la montaña, su enamorada Neytiri se siente traicionada –con razón– y lo que le dice es: “Confié en ti”.

Al final, Jake consigue recuperar la confianza que habían depositado en él tanto el pueblo na’vi como su amada Neytiri, pero esto no lo consigue de forma instrumental, como había sido su primera aproximación, sino desde la autenticidad, ya que él es ya uno de ellos y lucha con ellos por su libertad hasta las últimas consecuencias.

Esto me hace pensar en la fragilidad de la confianza cuando ésta se considera un instrumento, una herramienta para… Y si bien puede que sea demasiado pedir evitar todo asomo de instrumentalización en el ámbito de la organización, creo que tenemos que tener presente que la confianza es un valor en sí, que tiene que ver con conectarnos de manera auténtica con otras personas. Esto significa sinceridad, honradez, transparencia... También significa coherencia, entre lo que se dice y se hace, y sobre todo entre lo que se siente y se hace, y esto requiere libertad. Y esta deriva enlaza con la pasión que lo auténtico (auténticamente nuestro) desata. Recuerdo que Javier hacía mucho hincapié en la sesión sobre la relación de la pasión con la confianza...

Y todo esto enlaza o lo quiero hacer enlazar con algunos apuntes que fuimos recogiendo en la sesión:

  • Se habló de distinguir entre relaciones profesionales y personales cuando hablamos de confianza. Discrepo un poquito en este tema. Por un lado, la confianza que tenemos con unas personas o con otras es distinta en grado, en temas, etc. Pero creo que precisamente cuando hablamos de confianza en el ámbito profesional estamos haciendo referencia a relaciones más personales, más integradoras de toda la persona, en el trabajo; que, de alguna manera, dejemos de relacionarnos con nuestras máscaras o personajes profesionales y pasemos a una relación más auténtica.
  • En algún momento alguien dijo algo así como “seamos claros: a mí me interesa que se genere un ambiente de confianza porque de esa manera van a mejorar los resultados para mí”. Sí y no. Es evidente que en contextos de confianza se coopera mucho mejor, se trabaja en equipo mucho mejor, etc. pero creo que no es conveniente justificar el esfuerzo por la confianza desde la instrumentalización, precisamente, por lo que antes comentaba.
  • Se habló también de que la confianza exige relaciones entre iguales. ¿Qué significa esto? Empecemos respondiendo en negativo. Obviamente, no significa que todos somos literalmente iguales, ya que todos somos distintos y la diversidad es fuente de riqueza humana. Tampoco significa que todos tengamos la misma responsabilidad o nivel de decisión, ya que en la empresa existen estructuras de funciones y responsabilidad. Lo que significa más bien es que establecemos la relación en tanto personas que somos, y que en nuestra condición de personas (hombres y mujeres) somos iguales. Relaciones en las que las personas se dignifican y respetan mutuamente.
  • “A la gente le encanta que le manden bien”. No digo que no. A todos nos gusta que nos mimen, que nos quiten preocupaciones y responsabilidades, que nos lo den todo hecho… al menos a veces… ¿A quién no le gusta ir a comer a casa de sus padres a mesa puesta? Pero el tema está en que algunas personas estamos convencidas de que el modelo productivo en el que unos piensan, planifican y mandan a otros que, simplemente, ejecutan, está agotado. Esto significa que esa función de “mandar bien” se hace, en la mayoría de los casos, inviable; y entramos en una aporía sin solución, salvo que seamos capaces de formular el problema de otra manera.

Por tanto, y a modo de conclusión, esa nueva formulación sería ver cómo podemos avanzar en construir con otros el papel que, sin mayor cuestionamiento, de primeras, corresponde al jefe. Y se trata de cuestionarnos cuál es la forma en que ejercemos esa responsabilidad, para poder avanzar hacia sistemas de trabajo donde pueda emerger un mayor protagonismo de las personas. Y mirémoslo por donde lo miremos siempre encontramos relación entre confianza y protagonismo.

Por ir acabando con mis reflexiones, en resumen, podemos decir que generar confianza requiere:
  • un cambio cultural, que permita pasar de contextos basados en el control a contextos de confianza y protagonismo de las personas;

  • y un desarrollo actitudinal, que permita dar confianza para también recibirla.

Alfredo propuso que, entre todos, hiciéramos un decálogo de cómo generar confianza y comenzamos a dar ideas. Son ideas de acción. Las recojo ordenándolas a mi manera:

  • Proponer que actuaciones propias de gerente las hagan otras personas, fomentando su mayor protagonismo
  • Hacer partícipe a las personas de la organización de la decisión de cómo hacer las cosas
  • Estructurar sistemas de información para que las personas tengan la información relevante
  • Actuar con transparencia
  • Preguntar a las personas de la organización: no sólo informar.
  • Generar espacios de comunicación. Podría hacerse de muchas formas compatibles entre sí. Por ejemplo, una por escrito y utilizando las TIC: el uso de una lista de distribución para remitirse mensajes (informaciones, reflexiones, opiniones, etc.) entre todas las personas de la organización. Claro que la primera forma de comunicación es la verbal.
  • Fomentar procesos de reflexión compartida, como base generativa de estrategia.
  • Identificar retos entre todas las (muchas) personas y constituir equipos para que los desarrollen
  • Generar contextos para que se trabaje con pasión.
  • Y además: Apertura – coherencia – generosidad



¿Qué dificulta o entorpece la confianza?¿Qué aumenta la confianza?

prejuicios | incongruencias | mentiras | si esa persona no cumple con su responsabilidad | cuando alguien no hace una tarea | Las malas referencias
La experiencia previa con esa persona, empresa o situación | Coherencia (confiabilidad) | Coherencia | Responsabilidad | La relación | Cuando ves que esa persona está de por sí atenta a dificultades | Creer en | Conocer bien a | Plantear con claridad lo que se debe hacer (cada uno) | La historia previa | Las buenas referencias | Fidelidad | Estar | Cuando alguien soluciona rápidamente inconvenientes | Pensar de forma similar | Comprensión | Honestidad | Pasión | Convencimiento sobre el proyecto | Amabilidad | Compromiso | Transparencia | Relajar la necesidad de controlar | Cercanía | Claridad | Sinceridad | Empatía | Apoyo | Roce | Honradez | Vinculación personal | Una sonrisa | La imagen, modos y pequeños gestos | Certeza en lo que se expresa | La primera impresión | Escucharse | Saber adecuar las expectativas | Relación clara de sinceridad: las cartas sobre la mesa




Más sobre este encuentro del Foro Bilbao

6 comentarios:

Iñaki dijo...

Directo a mi Delicious.

Como siempre, un placer leerte.

Eskerrik asko, Maite.

Maite Darceles dijo...

Mila esker, Iñaki. Un placer tener lectores tan fieles y agradecidos ;-)
À la prochaine!!

Alfonso Vázquez dijo...
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
Alfonso Vázquez dijo...

Gracias, Maite, por tu interesante post y tu siempre delicioso estilo. Aunque coincido ampliamente con tu argumentación, hay algunas cosas que me “chirrían”. Así, cuando dices que la confianza es el resultado de un recorrido (no es una “cosa”, estoy de acuerdo), pienso que tampoco es así; es, más bien, un estado temporal y, ciertamente, difuso. No es un “final” de un recorrido, sino, tan sólo, etapas del mismo.
Citas a mi amigo Miguel Ayerbe a través de una cita de nuestro amigo Borja; sobre su concepción del liderazgo siempre hemos mantenido una (cariñosa) diferencia. No me gusta la idea de que liderar sea generar contextos de confianza, ya que contiene (como muestras en tu escrito) el germen, cuando no la intención decidida, de la manipulación. Así, el confesor o el psicoanalista tienen que generar confianza –y confiar en que la ha generado- para cumplir su fin de dominación del penitente o del paciente. Y conocemos ejemplos de “liderazgo” que se basan (¿) en la “confianza” para asegurar el dominio de las personas. Mi apuesta siempre ha sido, como sabes, generar espacios de libertad, en los que pueden existir zonas de confianza y, ¿por qué no?, zonas de desconfianza. ¡Y no pasa nada!
Tampoco me parece correcto buscar, como base de la confianza, la “coherencia” entre lo que se dice y se hace, o, como tú pareces preferir, entre lo que se siente y se hace. La coherencia entre lo que se dice y se hace es imposible, ya que el “decir”, el discurso, está siempre mediado por el lenguaje, por los conceptos, y por “lo social”; y la coherencia entre lo que se siente y se hace presupone otra imposibilidad: Sólo “creemos saber” qué sentimos, no sabemos lo que sentimos (entre otras cosas, porque su variabilidad es alta), por lo que tampoco podemos perseguir una coherencia.
En mi experiencia personal –que tú conoces de cerca en los últimos años- me he basado mucho más (como ya comenté en algún foro sobre “creer en las personas”) en el “querer”, en el “desear”, que en una confianza imposible. Sabes de qué estoy hablando: Cuando la confianza que tenía en personas a las que apreciaba mucho ha fallado, he recurrido al “querer” para tratar de reconducir las situaciones; a veces ha funcionado, a veces no, y en el futuro… ¡Dios dirá!
Gracias de nuevo, Maite, y a seguir deleitándonos!
Alfonso

Maite Darceles dijo...

Muchas gracias, Alfonso, por tus elogiosas palabras y tus extensas e interesantes aportaciones.
En cuanto a tu primera puntualización, estoy plenamente de acuerdo. Lo que trataba de expresar es que cuando sentimos confianza es el resultado de un pasado -corto o largo en Cronos- que se ha tenido que vivir con cierta intensidad en Kairòs. Pero no se trata de un proceso siempre acumulativo, sino que fluctúa... son etapas, como dices.
En tu segunda puntualización, creo que te entiendo bien, y también comparto. No se trata de apostar por contextos de confianza como fin, en el vacío, ya que esto en la práctica puede tener derivas muy negativas: manipulación, hipocresía, distorsión de la realidad… Sino de apostar por contextos de libertad. Estoy de acuerdo en "relajar" la apuesta por la confianza y entender que no pasa nada si también tenemos relaciones/momentos/zonas de desconfianza...
Ahora bien, creo que a muchas personas les dará bastante “vértigo” hablar de contextos de libertad: es como si tuviéramos miedo del concepto mismo de personas actuando en libertad (“¿y si les da por…?”). Creo que es pertinente, por ello, insistir en lo que nuestra experiencia práctica nos enseña: Apostamos por generar contextos de libertad en las organizaciones y éstos dan lugar a contextos de muchísima mayor confianza y cooperación, dando lugar a dinámicas de trabajo más ricas, realizadoras y eficaces.
También estoy de acuerdo en lo que planteas sobre la coherencia, es decir, que es una meta inalcanzable. Aun así, creo que hay que perseguirla como meta, al igual que la libertad, la autenticidad y ¿hasta el amor?
Una última reflexión… Confianza y libertad... relacionadas desde muchos ángulos...
Cuando hablamos de “confiar en alguien" (también en un grupo: un equipo, una cuadrilla, la familia, etc.) creo que estamos hablando de estas dos cosas:
- Confiar es creer que la otra persona va a responder como tú crees o quieres (desde el respeto y consideración hacia la otra persona, es decir, aunque no sea la forma en que tú responderías…).
- Confiar es sentirte libre de mostrar tu intimidad (deseos, sueños, debilidades, frustraciones, miedos, expectativas...) porque confías en que el otro (u otros) no te va a hacer daño, en que no va a utilizarlo en tu perjuicio, sino que esta conexión más profunda va a ser positiva para ti.
Ambos aspectos se refieren a cómo actúo yo en relación a otro(s). La ausencia de experiencias positivas -o la realidad de experiencias negativas- en la primera, conlleva un estado de incertidumbre y de frustración, que según el tipo de relación se traducirá en mayor grado de control, en distanciamiento, en desconexión, en miedo,... Una relación sana y realizadora requiere un grado de confianza en este aspecto.
La segunda se refiere a cómo de segura o libre me siento para mostrarme ante otros. A mayor grado, mayor realización personal.
¿Qué hacer cuando los mundos de dos personas son tan distintos que aunque haya amor, parece que no se consigue avanzar en el conocimiento mutuo?
Besos,
Maite

Alfonso Vázquez dijo...

DE CONFIANZA Y AMOR

Gracias, Maite, por tu amable e interesante respuesta. Contiene varios temas muy sugerentes, en mi opinión, pero voy a centrarme en aquel en el que me/nos/te interrogas por la relación entre confianza y amor, que me parece inquietante.
Como ya me dijiste en una ocasión, hace algunos años, “querer puede significar muchas cosas”; en efecto, pero también hay muchas formas de amor. Sin la menor pretensión de ser exhaustivo, voy a recorrer brevemente algunas para conectarlas con la idea de confianza que propones:
En el “amor cortés” (o “romántico”), el amante activa su “imaginario” (normalmente, coherente con el “imaginario social” según las épocas) para “simbolizar” el objeto deseado, la amante; lógicamente, la condición para que el símbolo permanezca en el imaginario es que sea inaccesible en términos de “realización” del deseo sexual, ya que en ese caso se destruiría –o se transformaría en otra “cosa” diferente a lo deseado. Aquí, la confianza no juega papel alguno, ya que la relación con el “otro” sólo pertenece a lo “simbólico”, es decir, sólo está en la persona que ama o que desea, indiferentemente del “otro” (en “Muerte en Venecia” tienes una magnífica recreación (¿extrema?) de este tema).
En el amor hacia los hijos, casi incondicional en la mayoría de las personas, tampoco es la confianza la que lo marca ni sigue: existen amplias zonas de “desconfianza”, de incertidumbre sobre las contradicciones de su conducta en relación a lo que supondríamos deberían ser. Podemos confiar –más o menos- en nosotros para poder aportarles algo valioso a través de los meandros de la realidad y de la vida, o bien, tratar –inútil, cuando no contraproducentemente- de utilizar una disciplina “correctiva”. Pero tampoco tiene que ver con la confianza.
Sí hay un terreno donde la confianza se “supone”: Es el “amor conyugal”, sujeto a la ley, a la norma social, y socialmente “vigilado” y sancionado. Esta confianza está basada en las ben(mal)diciones del sacerdote (aunque la “unión” no sea realizada según la religión, es una “norma social” establecida): “Os declaro marido y mujer hasta que la muerte os separe”, “lo que ha unido Dios, no lo separe el hombre”. Las consecuencias de esta confianza normativamente obligada (aunque sea asumida por los cónyuges) es nefasta; al final (o al principio, como yo también sé), el deseo actúa y deriva las acciones, las introduce en un campo de complejidad acentuado, cuando no desembocan en el “castigo social” por “violar” la norma –que incluye el rechazo y la exclusión social- o, en otras culturas, en consecuencias más salvajes como los latigazos públicos o la lapidación (normalmente, de la “adúltera”…).
En tu último interrogante, Maite, supongo que te refieres al amor pasional. En éste la confianza es imposible, ya que, precisamente, se basa en el deseo de poseer a un ser que, a la vez, trata de poseerte a ti (y no hablo de una posesión “típica”, “machista”, sino del deseo siempre reproducido, una vez consumado, del otro). No hay “contrato” posible, norma exigible, ley articulable… Y el deseo no confía, opera, se realiza o se frustra, reaparece y se reproduce en formas diferentes, imposibles de ser aprehendidas por los seres deseantes… Por eso, tal vez, es el menos social, pero el más potente.
Pues que los amores te sean favorables, Maite. Un beso.
Alfonso

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