Vocación: ¿algo que quiero ser? o ¿algo que soy?

Niños y niñas jugando con piezas de construcción en un aula

Hace unas semanas cenando con unos amigos en Hendaia, surgía -¡cómo no, todos somos padres y madres!- el tema de la educación. “Ser profesor, como ser médico, requiere vocación, y hay mucha gente que no la tiene” decía una.

Había leído unos días antes este reportaje de J. A. Aunión (“La era del profesor desorientado”), y me surgió entonces la misma reflexión que me había provocado el artículo: Se apela a la vocación como si fuera un atributo de nuestro ser desde que nacemos.

Si ejerces una profesión, por ejemplo la de profesor, sin vocación, no serás un buen profesional, no podrás aportar mucho valor en tu trabajo, ni podrás obtener demasiada satisfacción de tu trabajo, sino más bien todo lo contrario.

Por tanto, se trata de descubrir aquello para lo que hemos nacido, aquello que queremos ser para que realmente podamos ejercer nuestra profesión con vocación. Desde esta perspectiva vocación es algo que llevo en mi código genético, es algo que quiero ser, por tanto tengo que descubrirlo y orientarme a ello. En esta línea de argumentación encajan los discursos de lo importante que es fijarse metas y objetivos para llegar a ser algo en la vida. (Sobre esto hemos estado charlando estos días en el blog de Nacho: "Sobre el mito del progreso...")

Yo creo que las cosas no funcionan exactamente así. Puede haber hitos en tu vida que te ayuden a descubrir facetas tuyas que no valorabas en su justa medida o que ni siquiera conocías: alguien que te lee y valora lo que escribes puede ser un punto de inflexión en una carrera profesional como escritora. Pero la vocación no es lo que quiero ser, sino cómo ejerzo. No es una meta, sino una actitud; es un estar presente en lo que haces. La vocación no se descubre, sino que se manifiesta, se despliega. Es trabajar con rasgos de trabajo cognitivo y no de trabajo abstracto. Y es que el trabajo abstracto no deja margen para el ejercicio vocacional de las profesiones y éste es un gran lastre que arrastramos.

“Como coinciden tantos estudios y tantos expertos, la verdadera diferencia en educación la marcan los profesores” se dice en el artículo citado. Totalmente de acuerdo. Pero ¿se dan en el sistema educativo las condiciones para que los profesores ejerzan con vocación? ¿para que ejerzan como verdaderos trabajadores del conocimiento? Es decir, ¿hay libertad para que el profesor defina, al menos en parte, su actividad desde su conocimiento? ¿o viene definido absolutamente todo desde instancias exteriores al propio desarrollo de la actividad?

En la reunión de fin de curso con la profesora de uno de mis hijos (de Educación Infantil), hablamos de estas cosas… Me contaba, confirmando mis sospechas, que en Infantil el margen es algo mayor, pero a partir de Primaria e in crescendo el margen para que el profesor/profesora decida centrarse en aquello que cree va a aportar mayor valor se va difuminando hasta desaparecer ante fantasmas como la prueba de Selectividad. Me contaba una anécdota de una conversación con otra profesora (ésta otra de primaria): había habido algún tipo de incidencia en el aula que hacía reflexionar a las profesoras sobre la necesidad de dedicar algunas sesiones a trabajar un tema realmente importante, que podía aportar gran valor en ese determinado momento. Pero los temarios son los temarios: no había posibilidad de desviarse de ellos. Lo importante no tiene cabida, no tiene posibilidad de ser atendido, ya que hay demasiado predefinido ya de antemano. No hay margen.

Siempre pienso que dando más libertad al profesor para que pueda aportar de sí, de aquello que es rico en él o ella, aquello que le da vida, que siente con mayor pasión y recrea… todos ganaríamos y mucho. Creo -tanto en el ámbito educativo como en otros- en empoderar a las personas para que se conviertan en grandes profesionales que aporten a la sociedad.

- Hay profesores que te dejan huella, que te llegan, que te han aportado algo especial; hay otros, en cambio, que más bien sufres y probablemente se trata de un sufrimiento mutuo…
- La clave en la educación no consiste en transmitir conocimientos. Esto es sólo una ilusión del lenguaje, no existe como tal en la realidad. El proceso de aprendizaje no es lineal, sino un proceso muy complejo, donde el educando va siendo rozado, impregnado, penetrado, por una gran diversidad de inputs, algunos de los cuales tienen su origen en los profesores.
- Además: “Schleider asegura que lo que se enseña en la escuela cada vez está más alejado de lo que hace falta para salir adelante en las sociedades modernas. ‘Los jóvenes dominan las tecnologías y los contenidos de la comunicación, pero cuando llegan a la escuela lo primero que les dicen es que apaguen ese botón. Cuando se inventó la escuela pública, todo lo que pasaba allí tenía sentido. A los jóvenes les ofrecían en la escuela conocimientos y destrezas que les iban a durar toda la vida’, añade, pero ya no es así.” (del artículo citado)
- No se trata tampoco de que la educación se convierta en algo que se vaya desarrollando según las apetencias del educando. Creo que la labor del profesor va más allá, debe tener un claro perfil de orientador en el proceso de aprendizaje y su autoridad debe ser reconocida por padres y alumnos.

Es decir, no se trata tanto de quitar corsés al alumno, sino de quitárselos al profesor para que pueda enseñar desde lo que mejor sabe hacer, para que pueda dar desde sí y pueda desarrollarse como un buen profesional.

12 comentarios:

Yoriento dijo...

Maite, interesante reflexión.

Lo que no tengo tan claro es el concepto "vocación", que es circular per se.

Si hasta que no se manifiesta y se despliega no puede conocerlo, parece poco válido utilizarlo como causa o generador de conductas.

Tal vez sea más práctico y manejable, en suma un poco más valido, hablar de intereses y habilidades profesionales, si quieres de valores, que van cristalizando en elecciones concretas, laborales o profesionales, en función de lo que nos va pasando, incluida la influencia de profes que tan bien detallas.

Nacho Muñoz dijo...

La vocación la entiendo como la inclinación por alcanzar un estado o una profesión determinada. De esta manera, el comportamiento que se ejecuta y que está relacionado con dicho estado o dicha profesión genera en la persona determinadas satisfacciones, la motivación por hacerlo bien es mayor y los resultados suelen ser superiores en términos de calidad.

Y aquí entra en juego la pasión. Sustituiría la frase hecha de "hay que tener vocación para desarrollar determinadas tareas profesionales" por "hay que encontrar la pasión para poder desarrollar determinadas tareas profesionales".

El apasionamiento deja de lado la racionalidad y se comporta de manera emocional, de esa manera en la que somos capaces de disfrutar con la tarea, con la intención principal de satisfacer el deseo por llevar a cabo aquello que nos complace.

Y al igual que en el ámbito del amor, en donde quizá sea necesario experimentar con distintos sujetos para poder encontrar la pasión anhelada, en el trabajo quizá sea necesario experimentar con distintas funciones para poder encontrar qué territorios nos seducen de verdad para desplegar nuestro comportamiento profesional.

Estupenda reflexión, Maite. Seguimos conversando.

cumClavis dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
cumClavis dijo...

Totalmente de acuerdo con los puntos que desarrollas, excelente apunte Maite. En la primera parte, yo también creo que a lo largo del desarrollo (en el sentido de evolución) se van (o vas) abriendo caminos que te dirigen a “formas profesionales” en las cuales puedes llegar a“realizar” a gusto.

Quizás la palabra vocación y su extensa utilización en el ámbito religioso como la “llamada divina para ejercer la obra de dios” puede mover un poco al conflicto, pero entiendo que su significado y su vinculación con el destino es el que confrontas de manera clara.

Respecto a los corsés, guiones, etc . en el desarrollo profesional y concretamente en el caso del profesorado, ya he padecido unos cuantos con mis hijos y también me sumo a tu punto de vista.

Maite Darceles dijo...

@Yoriento, muchas gracias. Ha habido tres hitos ligados con la palabra "vocación" que me han inspirado para este post: el artículo que cito, la conversación con mis amigos y los comentarios en el post de Nacho. He tratado de reflexionar sobre qué decimos en realidad cuando decimos que alguien trabaja con vocación, por tanto, no la podía eliminar :-(. Me gusta filosofar y escarbar en el significado de las palabras.
@Nacho, muy de acuerdo contigo. Y sobre todo podremos apasionarnos o divertirnos con lo que hacemos si podemos ejercerlo con amplios grados de libertad: trabajo cognitivo (¡vuelvo a la carga!)
@cumClavis, gracias también por tu interesante comentario. Creo que el camino profesional se hace al andar: si no te arriesgas a dar, a apasionarte, a ilusionarte es muy difícil que encuentres algo que realmente te llene.
Saludos y gracias por pasaros por aquí. Esto de twitter tiene sus ventajas ;-)

Nacho Muñoz dijo...

Twitter se está convirtiendo en un comercial de los blogs (no es mío, lo tuiteó alguien esta mañana) :-P

Alfonso Vázquez dijo...

Muy interesante, Maite, para variar... Sólo quería hacerte un pequeño comentario en torno al término “vocación”. Se utiliza como la inspiración divina hacia un estado de vida o como la inclinación hacia un estado, profesión o carrera. En cualquier caso, su casuística se desarrolla siempre en términos de lo establecido, de las costumbres y hábitos sociales (quiero ser cura, quiero ser médico, quiero ser madre...). Y, por supuesto, como muy bien indicas, su desarrollo está marcado por la complejidad y volatilidad de la vida, por los mil caminos que se cruzan y que pueden retorcerla o aplanarla. La “falta de vocación” que se identifica con la ausencia de interés en la vida se establece en este plano.
Porque hay otro plano, aunque menos transitado. Recuerdo aquella historia que me contaste de un amigo tuyo que, siendo joven, visitó a los Brujos más ilustres del Reino. Intentaron infructuosamente leerle el porvenir, y sólo pudieron pronunciar una frase: “Sueña, que tu sueño será tu realidad”. Ninguna vocación posible; sólo el ejercicio de la voluntad de la imaginación. Y como la imaginación es un flujo alógico, deseante, incontenible, supongo que una lucha continua por alumbrar realidades cada vez diferentes, cada vez variantes, sin fin... Aun cuando Castoriadis habla de estos seres particulares como creadores del imaginario instituyente (institución de nuevas realidades a partir de la imaginación), cabría preguntarse cómo lo pueden vivenciar ellos. Interrogante, y seguiremos hablando de estos temas.
Gracias, Maite.

Germán dijo...

La vida nos lleva por caminos imprevisibles. Pensar que somos lo que somos por vocación es, como mínimo, una gran exageración.
Otra cuestión es la capacidad de disfrutar de lo que a cada uno/a nos toca hacer.

Si que creo Maite que es importante que los profesores tengan un mayor espacio de decisión. Y también que sientan su trabajo como un camino que se puede abandonar, que se es profesor/ra por decisión, no por obligación.

Gracias Maite por tus reflexiones.

Maite Darceles dijo...

Muchas gracias Alfonso.
Me lo quedo: "Sueña, que tu sueño será tu realidad"
Parece muy sugerente el planteamiento de Castoriadis. Ya hablaremos...
Creo que conocer la vocación de uno es ahora mucho más difícil que antes. Un hijo de pescador podía no tener vocación de marinero y tratar de buscarse la vida en tierra. Un hijo de militar podía no tener la vocación de su padre y querer dedicarse, por ejemplo, a escribir, para disgusto de aquel... Pero las opciones eran claras, las posibilidades donde elegir eran pocas (muy condicionadas por el estatus) y el ejercicio de cada oficio tenía unas características bien definidas. Estaba claro que había que luchar por dedicarse a aquello que "no te había tocado".
Hoy en cambio, las formas que adopta el ejercicio de la profesión de médico, o de periodista, o de profesor, o de informático, o de psicólogo, etc. son múltiples y nuestra elección no está tan condicionada por nuestro estatus: tenemos mucha mayor gama donde elegir. Pero, asi, resulta prácticamente imposible conocer nuestra vocación en un plano teórico ("yo de mayor quiero ser médico"... ¿Qué tipo de médico?) y es en la práctica donde deberíamos tratar de buscar el camino profesional que más nos llene, haciendo el camino hacia esa profesión ¿vocacional?. Para ello, lo mejor es tener amplios grados de libertad en el trabajo de manera que vayamos adecuando la actividad hacia aquellos aspectos que más nos realicen, que será también donde más podremos aportar :-). Esta es, a mi modo de ver, una de las bases del tránsito entre trabajo abstracto y cognitivo.
@Germán, gracias por pasarte por aquí. Nadie está obligado a permanecer en una profesión determinada, como tampoco nadie es totalmente libre para cambiar cuando quiera ni, por supuesto, para elegir entre las profesiones imaginables. Las posibilidades se construyen, las construye una, no vienen garantizadas ;-(.
Abrazos,
Maite

©Lola dijo...

El profesorado tiene más libertad para hacer, rehacer y deshacer de la que parece... pero es más cómodo no hacer nada diferente, porque así no hay que dar explicaciones al mundo.
:S

©Lola dijo...

La prueba es que este año en mi curso (5º de primaria) habrá quien use libro de texto y habrá quien no. Habrá quien trabaje con Internet y ordenadores y habrá quien no. Habrá quien hable de la vida y habrá quien la matará repitiendo cansinamente: Abrimos por la página...
Claro que hay libertad. A veces, libertinaje :(

Maite Darceles dijo...

Gracias, Lola, por tus comentarios. Desde la experiencia particular de cada una y cada uno vemos que hay personas que se acomodan y hacen poco esfuerzo por aportar algo más, o eso nos parece. Vemos también que otras personas son más activas, más luchadoras... Yo me refería al marco general donde unas y otras actúan. Este artículo va bastante en línea:
De la educación sumisa al aprendizaje en libertad
Un saludo,
Maite

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