Profesional de alto nivel

Trabajo abstracto vs cognitivo I.

Hace un par de posts os hablaba de mi último trabajo, aún en fase de borrador, elaborado en el contexto del i-Talde 1 (conceptualización de la transformación organizacional) de Innobasque: “Conceptuando sobre transformación organizacional. Hacia un tránsito del trabajo abstracto al trabajo cognitivo” (link directo). El subtítulo responde a la pregunta de qué es la transformación organizacional; es decir, la respuesta que se propone es algo así como: transitar en las organizaciones de formas de trabajo masivamente abstractas a formas de trabajo con mayor componente cognitivo. Este enfoque está probablemente sugerido en otros escritos míos, pero no lo he explicitado así hasta ahora. Esta conferencia de Alfonso fue un punto de partida determinante para este desarrollo.
En muchas conversaciones, lecturas o reflexiones me surgen ideas o ejemplos que ilustrarían estos conceptos de trabajo abstracto y trabajo cognitivo, y sus múltiples implicaciones. Por ello, en esta semirelajación veraniega (ansiada para muchos, materializada completamente ya para otros muchos) voy a intentar aportar pequeños flashes sobre todo esto, desde ejemplos de la vida -más o menos- cotidiana.
Comienzo con una conversación con Jesus Mari Gorostidi en el contexto del Foro Comarcal de Lea Artibai.
Necesitaban una persona para cubrir un nuevo puesto en el taller, un taller que da empleo a personas con discapacidades. Se trataba de un puesto para dar apoyo a las personas en su proceso de desarrollo personal y profesional dentro del Programa de Apoyo a Personas. Un nuevo campo de trabajo o, al menos, se abordaba con una apuesta más decidida; un reto ambicioso y, sin duda, de vital importancia.
El responsable relataba así cómo explicó lo que se esperaba de ella a la persona recién incorporada al nuevo puesto: “Aquí no estamos para dos días. Quiero que te hagas una profesional de alto nivel en este tema; no te lo tomes como un trabajo más: tus ocho horitas, cumples y ya está... Te voy a dar tiempo, formación, medios… te voy a dar todo lo que me pidas y pueda para ayudarte a convertirte en una profesional de alto nivel. Porque eso es lo que nuestras personas necesitan.”
Oír esto me encantó y, de hecho, se lo dije, porque con sus palabras estaba encarnando un caso práctico, real, de distinción entre trabajo abstracto y cognitivo. Y es que podríamos decir -aunque él no lo exprese así- que este responsable tenía claro que no quería un trabajador abstracto para ese puesto (“no te lo tomes como un trabajo más, tus ocho horitas, cumples y ya está”) y que estaba dispuesto a poner las condiciones necesarias para conseguirlo (“Te voy a dar tiempo, formación, medios… te voy a dar todo lo que me pidas y pueda”).
Sigo desarrollando algunas ideas. Soy consciente de la dificultad de comprensión de estos conceptos, sobre todo si hablamos en un nivel de abstracción teórica. Así, los ejemplos, el contraste de estos conceptos con la realidad, pueden facilitar su comprensión. Voy a intentarlo con éste y probablemente haré un ejercicio similar con otros ejemplos en posts siguientes.
  • Este responsable tiene claro que llegar a tener un profesional de alto nivel no consiste en salir al mercado y agarrarlo; sino que será el desarrollo del propio trabajo, con medios (que está dispuesto a poner), valía (el proceso de selección previo acredita los mínimos) y una dosis de entusiasmo, lo que convertirá a la persona en una profesional de alto nivel. Esta es la esencia misma del concepto de trabajo cognitivo, en total contraste con el trabajo abstracto. En el enfoque de trabajo cognitivo ponemos el énfasis en generar un contexto de trabajo adecuado que potencie su propio desarrollo, mientras que en el trabajo abstracto nos orientamos a realizar una correcta especificación del puesto. Como tantas veces vengo repitiendo (ver “Guías para la transformación”), lo que caracteriza al trabajo cognitivo es que aprende de su actividad, aplica a ella sus conocimientos y define, al menos parcialmente, su actividad desde sus conocimientos, es decir, tiene márgenes de libertad para ello. Una/un profesional de alto nivel es el resultado del desarrollo de un trabajo. La forma de trabajo abstracto lo delimita tanto que no deja margen para el desarrollo, mientras que el cognitivo le pone alas.

  • Resulta bastante obvio que un trabajo de esta índole difícilmente puede llevarse a cabo por personas que actúan bajo parámetros de trabajo abstracto: “yo te digo lo que tienes que hacer, tú lo haces”. Pensemos por un momento en esta profesional entrevistándose con una persona con discapacidad intelectual en el ejercicio de su trabajo. Opción 1: trata de interpretar por todos sus medios posibles las señales que recibe de esta persona para poder entenderla, conocerla y ayudarle en su desarrollo profesional y personal, para proponerle fórmulas de avance, etc. Opción 2: la supuesta profesional se limita a rellenar un cuestionario con las respuestas a sus preguntas, mientras está pensando en lo que va a hacer en cuanto salga del trabajo. De forma caricaturescamente exagerada, ésta sería la diferencia entre trabajo cognitivo y abstracto. Huelga decir cuál de los dos tipos aporta más valor a su entorno cercano y, por extensión, a la sociedad. El trabajo cognitivo tiene un potencial de aportación de riqueza social infinitamente superior al trabajo abstracto.

  • La concepción de trabajo abstracto tiende a identificar la formación con algo exterior a la actividad que se desarrolla. Siempre que se observa necesidad de mayor conocimiento se piensa en cursos o formación específica. En el trabajo cognitivo, sin descartar la formación específica, se es consciente de que la formación es una consecuencia directa del desempeño. Este responsable dice “quiero que te hagas una profesional de alto nivel”, sabe que pretender que lo fuera en el momento cero, sería ilusorio. Además, le plantea que sea ella quien pida formación. En el trabajo cognitivo la formación es autogestionada, mientras que en el abstracto la formación, como todo lo demás, sigue el esquema de que unos gestionan la de otros.

  • Cada profesional en determinado campo aporta, además de lo que es requerido por el puesto, de su propia subjetividad. Una profesional llega así a ser de alto nivel, pero distinta de otras profesionales también de alto nivel. En el trabajo abstracto, las personas son números, sus competencias son reducidas a magnitudes medibles y gestionadas como si se tratara de recursos. Por mucha voluntad que pongamos en el empeño tratar de gestionar así a las personas lleva a reducir artificialmente su complejidad y diversidad, e inevitablemente se tiende a la uniformidad. En el trabajo cognitivo, sin embargo, se parte de la diferencia y se tiende a ponerla en valor.

Alguien podrá decir: “Todo esto está muy bien. Pero ¿Qué pasa si el trabajador o la trabajadora quiere anclarse en la concepción de trabajo abstracto? ¿Si no quiere entregarse a su trabajo, si prefiere que le sea ajeno, limitándose a hacer lo que le manden?”
En el ejemplo dado, es fácil llegar a la conclusión ya comentada de que en ese supuesto la aportación potencial de esta persona sería muy inferior. Así, si hacemos una extrapolación a otros tipos de trabajos (profesores, periodistas, médicos, y un interminable etcétera), realmente creo que como sociedad tendríamos un gravísimo problema. Recojo esta cita de una entrevista a Santiago Niño Becerra:
“Ha llegado el momento de responsabilizarnos de nuestra propia vida. Mi recomendación es que cada persona se dedique a trabajar en algo que le apasione, que realmente tenga sentido y que sea verdaderamente útil y necesario para la sociedad. Lo digo porque sólo quienes sean los mejores en su campo de especialización y aporten verdadero valor añadido a sus organizaciones tendrán garantizado un empleo a tiempo completo. Esta nueva filosofía tendrá su eje en el concepto de responsabilidad personal, que comienza con el autoconocimiento y el desarrollo personal y tiene consecuencias sobre la elección de nuestra profesión, nuestro estilo de vida y nuestro consumo.” (Del artículo “El capitalismo se ha convertido en un cadáver”, link)

Y enlazo esta reflexión con la crítica que a veces se hace a los planteamientos que piden mayor involucración en el trabajo, calificándolos como un invento más del capitalismo para explotar a los trabajadores. Creo que en este sentido tenemos que hacer una clara distinción: hay toda una teoría del management “tramposa” que trata de exigir mayor implicación emocional en el trabajo manteniendo éste en parámetros de trabajo abstracto. Esto crea todo tipo de malestares y contradicciones. Apostar por superar el trabajo abstracto es otro tema. Son palabras mayores.

Para terminar, al escribir esto recordaba una conversación de hace un par de años en la que mi interlocutor sentenciaba que para que una actividad se desarrolle con profesionalidad es condición necesaria perseguir fin lucrativo. Por supuesto, yo no compartía esta opinión, para nada. Me parecía que era confundir churras con merinas. Ahora, con todas estas reflexiones y elaboraciones, me doy cuenta de que su afirmación era una manifestación de la idea expresada como círculo vicioso en el esquema que ilustra las implicaciones de las distintas formas de trabajo: en la lógica del trabajo abstracto, el trabajo ha de tener, por encima de todo, una orientación a maximizar el valor monetario inmediato, todo lo demás es bastante irrelevante. Y me digo, ¡qué equivocados estamos! ¿Hay alguna duda de que los grandes profesionales en todos los terrenos surgen de la entrega al propio significado del trabajo, a la aportación de valor del propio trabajo, y no a la monetarización del mismo?

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Relacionados:
Ego, reconocimiento y poder, 10-08-09


4 comentarios:

alfonso longo (alfonso@ghenera.com) dijo...

Hola, Maite

Aunque había visitado tu blog, confieso que no había tenido la tranquilidad para detenerme a leer y tratar de comprender conceptos que me resultaban, a primera vista, complicados.

De tu distinción entre trabajo abstracto y cognitivo, me surge un comentario (lo que para nada asegura que te haya comprendido correctamente...):

Prácticamnete todos los trabajos responden, en la realidad, más al perfil cognitivo que al abstracto. Una respuesta efectiva al mercado es imposible a golpe de definición teórica y compartimentalización de las tareas, funciones y puestos de trabajo. La definición "abstracta" de las tareas responde más a una necesidad de control de los que "mandan" y a modelos mentales mecanicistas que a una practicidad constatable. De hecho, cuando el que "controla" se queja de la "falta de iniciativa", en el fondo suspira por volver a la situación natural que él mismo pervirtió a golpe de burocracia; y esa situación natural corresponde al aprendizaje experiencial en el desarrollo profesional individual y organizativo.

Es el viejo "lerning by doing", de naturaleza constructiva, y apoyado necesariamente en una evolución temporal y un feedback dinámico, imposible de sustituir por una definición estática y una formación en contenidos.

Bueno... me enrollo... mucho... mucho... seguiré leyendo tus interesantes aportaciones. Muchas gracias.

Un saludo,
Alfonso

Maite Darceles dijo...

Gracias a ti, Alfonso. Encantada de volver a compartir conversación contigo (esta vez virtual).
Totalmente de acuerdo con tu comentario, que complementa perfectamente mi post :-).
Sólo haría un pequeño apunte para insistir en que trabajo abstracto/trabajo cognitivo es más una apuesta -exigente y dura, pero gratificante-, que un atributo de un tipo de actividad. Diría que prácticamente para todos los trabajos hoy lo óptimo sería una forma de trabajo cognitiva. Los sistemas de producción requieren trabajo cognitivo. Pero nos encontramos con una contradicción brutal: las organizaciones, los conceptos de dirección y gestión, etc. están pensados para manejar trabajo abstracto; contradicción que se manifiesta en mil formas.
Así, no es casualidad que en las empresas en las que se ha avanzado en ese tránsito o transformación (en este blog hay referencias a algunas experiencias) los resultados de todo tipo (económicos, ambiente y cultura de trabajo, iniciativa, accidentabilidad, etc.) hayan mejorado de una forma espectacular.
Un saludo y hasta pronto,
Maite

ncuentra_silvia dijo...

Hola Maite, cuánto tiempo llevo sin entrar por aquí...
Destaco los siguientes aspectos:
Lo de las teorías del management "tramposas": me ha encantado el adjetivo. Cuántos gestores hay por ahí haciendo trampas de éstas; lo peor de todo es que las personas de su organización se dan cuenta del ánimo tramposo, por lo que el gestor está perdiendo el tiempo y otros recursos!, aparte de la credibidilidad en su gestión y el consiguiente no-compromiso de las personas.
Y qué acertado remarcar que los grandes profesionales no lo son como consecuencia directa de la retribución percibida. Es habitual encontrarse a personas llevadas al engaño de creer que "tanto cobran, tanto valen". No se dan cuenta de que pueden estar siendo retribuidas acorde a modelos antiguos de gestión y no en función de los requerimientos actuales de una empresa que necesita transformarse. ¿Las y los gestores de estas empresas se atreverán algún día a hacer una Valoración de Puestos de Trabajo "transformacional"? Las VPT siguen evaluando las mismas variables que eran valoradas allende los años: conocimientos específicos, nº personas a cargo, peligrosidad, responsabilidad (responsabilidad entendida como jerarquía únicamente), etc.

Maite Darceles dijo...

Hola Silvia, encantada de verte por aquí. Si hacía tiempo que no venías, habrás visto algún que otro cambio, sobre todo en el sidebar; ando en ello...

- Por supuesto, la retribución no es un reflejo de la valía, ni tampoco lo es de la aportación de valor. La retribución sigue otras lógicas. Sería muy difícil hacerlas coincidir; y tampoco creo que sea necesario: cuando una persona vale mucho y aporta mucho valor -como la que más-, probablemente funcione más persiguiendo su propio desarrollo profesional y personal que guiándose por el tema retributivo.
- Directivos que engañan con teorías tramposas... uhm... creo que muchas veces también se autoengañan y viven en un entorno que da contenido a todo ese engaño...

Por cierto, ¿hacemos revivir al Grupo de Lectura Compartida, Silvia? ¿o dejamos que evolucione hacia su plácido y eterno descanso?
Un abrazo y hasta pronto!!
Maite

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