Maestros

Sólo los ingenuos tenemos actitud de enseñar, los maestros no la tienen.

El maestro dice, hace, es, desplegando en todo acto su conocimiento y ofreciéndoselo a quien tiene su taza vacía.
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La taza vacía

Según una vieja leyenda, un famoso guerrero va de visita a la casa de un maestro Zen. Al llegar se presenta a éste, contándole de todos los títulos y aprendizajes que ha obtenido en años de sacrificados y largos estudios.

Después de tan sesuda presentación, le explica que ha venido a verlo para que le enseñe los secretos del conocimiento Zen.

Por toda respuesta el maestro se limita a invitarlo a sentarse y ofrecerle una taza de té.

Aparentemente distraído, sin dar muestras de mayor preocupación, el maestro vierte té en la taza del guerrero, y continúa vertiendo té aún después de que la taza está llena.

Consternado, el guerrero le advierte al maestro que la taza ya está llena, y que el té se escurre por la mesa.

El maestro le responde con tranquilidad:

- "Exactamente señor. Usted ya viene con la taza llena, ¿cómo podría usted aprender algo?"

Ante la expresión incrédula del guerrero el maestro enfatizó:

- "A menos que su taza esté vacía, no podrá aprender nada"
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El maestro es humilde. No presume de que sabe, no alardea de lo que sabe, no necesita ser reconocido por lo que sabe.

Pero siente su compromiso con lo que sabe. Sabe que su conocimiento es útil y que puede ser de ayuda para otras personas; y actúa en libertad.

Aprender de quien sabe no es, sin embargo, un acto de humildad sino de inteligencia.

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Este cuento zen La taza vacía lo he traído del blog Los cuentos que yo cuento de delokos - Eugenio García González y la imagen de Shermeee en flickr.

Intelectuales: vidas comprometidas y libres

"El temor de los intelectuales a la política" de Ramin Jahanbegloo. Una reflexión sobre la figura del intelectual y la necesidad que tenemos de ellos, aunque no estén de moda. Acceder al texto.


"Muchos creen, por supuesto, que ser hoy un intelectual comprometido con la vida pública no es nada del otro mundo, ya que ser demócrata y vivir en una democracia no supone ningún riesgo, ningún desafío. Pero, dado que no puede haber una democratización y una globalización reales si no están acompañadas de una labor crítica real por parte de los intelectuales, en su función de contrapoderes, ser hoy un intelectual crítico significa también ejercer de conciencia moral del mundo globalizado. Por eso, para los intelectuales comprometidos, la verdadera lucha no se limita a estar a favor o en contra de la política, sino que se trata sobre todo de una batalla en defensa de lo humanitario frente a lo inhumano. Se trata de tener la valentía de alzar la voz en nombre de la no violencia y en contra de la injusticia. Por esta razón, aunque el concepto haya perdido hoy la fuerza que tuvo en el momento del caso Dreyfus, se ha de mantener la función del intelectual público. Mientras los humanos sigamos creyendo que la esperanza no es una palabra fútil, los intelectuales no dejarán de ser útiles en todas las sociedades."

“El siglo XXI representa, en términos generales, la separación de los intelectuales y la política. (...) los intelectuales están perdiendo su autoridad pública para dirigirse al poder, al tiempo que cada vez son más incapaces de realizar sus funciones de una forma independiente y crítica. Nunca se habían mostrado tan profundamente opuestas la conciencia crítica y la esfera pública. (...) Para ser más precisos, los mezquinos intereses personales han destruido los llamados intereses públicos de los intelectuales. Al olvidarse de la política, rápidamente y sin dejar lugar para el arrepentimiento, muchos intelectuales del mundo actual degradaron y abandonaron la idea de la esfera pública, transformándose en defensores de la cultura de masas carentes de todo sentido crítico.”



Ramin Jahanbegloo en Wikipedia.
Su biografía está redactada en Wikipedia hasta su encarcelamiento en mayo de 2006 y los numerosos llamamientos para su liberación. En este artículo de El País vemos que fue ilberado tras 4 meses de arresto.


Para complementar el tema son interesantes las entradas de wikipedia sobre intelectual y el Caso Dreyfus (que fue el hito histórico por el que se acuñó este concepto).

Un intelectual es aquella persona que dedica una parte importante de su actividad vital al estudio y a la reflexión crítica sobre la realidad. (...) el intelectual desarrolla su intelecto no como mera vanagloria, sino como una minúscula contribución al progreso del mundo.(...) El intelectual medita, reflexiona, discurre, se inspira, goza, busca, investiga, analiza, discierne, desmenuza, razona, contrapone conceptos, filosofa, organiza las ideas, proyecta, imagina, especula, atribuye causas a los efectos y efectos a las causas, interconecta fenómenos... en fin, hace uso de las limitadas pero a su vez vastas capacidades de la mente humana. (...)El intelectual, al abrirse a las interpretaciones alternativas de la realidad, amplía la perspectiva de los ciudadanos y trata de transformar el mundo mediante la palabra. (Wikipedia)

¿Reactivamos el Google Groups? ¿Lo hacemos a la manera de auténtica red distribuida?

Ayer tuvimos una sesión de lo más rica en el blog. Twitter (especialmente, gracias a Yoriento y Nacho que lo tuitearon :-)) tuvo mucho que ver. Nacho había escrito este post y comentando en él tuve la idea de dar este título “Vocación: ¿algo que quiero ser? o ¿algo que soy?”, y escribir un post con algunas ideas que me rondaban en la cabeza desde hace tiempo. Mucha afluencia, mucho comentario, algún seguidor nuevo, tráfico en Twitter, y lo que es más importante: interesantes reflexiones que quedan para que tanto los que las hemos “parido” como otros puedan leerlas en cualquier momento.

Como algunos sabéis, Silvia Muriel (ncuentra) lanzó hace unos meses un Grupo de Lectura compartida de “Guías para la transformación” (aquí tenéis el link: http://groups.google.es/group/guias-para-la-transformacion-lectura-compartida?hl=es). Tuvo algún momento de más dinamismo, sobre todo con los alumnos del Master de Innovación con Igor San Román al frente, pero la verdad es que está quieto parado.

Nacho, de cuando en cuando, entresaca algún fragmento del libro que le inspira para escribir un post… He visto por aquí y por ahí algún comentario de Iñaki Ortiz citando el libro… Silvia siguió en un inicio lanzando preguntas en formato de posts sobre capítulos del libro… Los chicos del master han escrito en sus respectivos blogs… Odilas tiene presentaciones powerpoint y posts muy bonitos en los que cita el libro… Y seguro que me olvido de alguna cosa. ¡Borja! escribiendo en Servicio de Innovación 2.0, etc. Y seguro que hay más...

En el Grupo Google hay apuntadas 40 personas. Muchas de ellas tienen sus propios blogs, otras prefieren ser comentaristas, o tuitear, o simplemente darle al correo electrónico… Es un grupo totalmente abierto donde cualquiera se puede apuntar en cualquier momento. Por supuesto, todas y todos estáis invitados a uniros.

Estoy pensando que podríamos dar contenido y revitalizar este Grupo Google creando una forma de funcionar donde cada una podamos actuar como más nos guste, sintiéndonos todos cómodos, pero que a su vez haya algo que aglutine y que ayude a crear red… A ver qué os parece:

Cada uno sigue dando los usos que crea oportunos a lo leído y sugerido en el libro, como hasta ahora. Pero cuando observemos o hagamos algo que entendamos que tiene relación con este Google Group, es decir, con el libro "Guías para la transformación", tratamos de darle difusión (como se hace en Twitter) para dar a conocer lo que hemos observado o estamos haciendo/hemos hecho. Se me ocurren dos formas de hacerlo:

1) Mensaje dirigido al Google Group, añadiendo enlaces a páginas, etc. Esto se puede hacer de dos maneras: enviando un correo a esta dirección guias-para-la-transformacion-lectura-compartida@googlegroups.com o desde dentro de las páginas del Google Groups. Es como hemos venido operando sólo que hasta ahora no lo hemos utilizado para difundir enlaces.
2) Tuiteo (tweet) añadiendo la siguiente etiqueta dentro de los 140 caracteres: #gplt (Guías para la transformación). Esta fórmula es más sencilla pero requiere que todos seamos tuiteros activos (que no es el caso) y que nos sigamos mutuamente (que, en muchos casos, tampoco). De todas formas, creo que lo mejor sería una combinación de ambas y de otras fórmulas que se nos vayan ocurriendo...

De esta manera, invitamos al resto de los miembros del grupo a participar en el post donde hemos comentado, en nuestro propio post, etc. y, así, damos a conocer nuestras interpretaciones. Además, queda registrado para que otros puedan verlo...

Creo que esta forma de funcionar puede tener muchas ventajas:
- Por un lado, recogemos en un lugar mucha información, opiniones, interpretaciones entorno a este tema, sobre todo en forma de links. Esto puede ser muy interesantes también para nuevas personas que se acerquen al grupo, ya que esta información, los links a posts, etc. estarán accesibles al público en general como lo están ahora…
- Nos permite mucha mayor maniobrabilidad a cada uno de los participantes. Puede ser bastante “rollo” seguir un hilo de conversación restringida a 40 personas que no son exactamente nuestro círculo de personas enredadas, mientras que enredarnos en nuestros propios territorios e invitar al resto de las 40 a que también se enreden sería más divertido. ¿No os parece?
- Cada uno de nuestros blogs se convierte en nodo que conecta con otras personas. El Grupo Google se convierte en la forma de dar difusión, ampliar la red y, también, sirve de archivo.

Se trataría de montar una forma de funcionamiento en red totalmente distribuida (en el sentido que expresa David de Ugarte) en torno a un tema que es el que da significado a la red y al grupo.

La práctica de intentar llevarse a la audiencia de un blog haciendo comentarios del tipo: “os animo a leer esto en mi blog”, suele estar mal vista. Incluso he visto posts enteros copiados como comentarios para no caer en esa práctica desdeñada. En cambio, como sucedió ayer, el espacio de un comentario puede quedársete corto, y además, puedes tener cosas que decir que te parezcan suficientemente relevantes para ti como para dedicarles un post en tu blog y animar a tu propia "audiencia" a entrar en el debate… Por tanto, creo que debemos no sólo no desdeñar esa práctica, sino alentarla creando conexión a través de Twitter, Facebook, mensajes en el Google Groups, etc.

- Twitter te limita a 140 caracteres: muy válido para dar difusión de enlaces y crear y difundir eslogans o frases muy cortas que pueden hacerte pensar… Hay personas que increíblemente están conectadas con cientos, hasta con más de 1.000 personas en tiempo real. Yo aún no entiendo cómo lo hacen pero lo hacen.
- Facebook permite subir contenidos más variados y sin restricción de espacio, pero no cataliza tantas conversaciones. De mi cortita experiencia en esto es lo que intuyo.
- Los comentarios en un blog tienen la ventaja de seguir un hilo abierto de conversación, hay una contextualización; y tienen la desventaja de que, por decirlo de alguna manera, “no actúas en tu territorio”, salvo que estés comentando en casa de un amigo con un círculo cerrado de amigos que se comentan y se leen todo.
- Y luego están los posts que publicas en tu blog, en tu propia casa…

¿Por qué no intentar mezclarlo todo para propiciar una red con dinamismo y flujo, que vaya dejando su estela en el Google Groups? ¿Y por qué no, también en Twitter a través de la etiqueta #gplt? ¿Cómo lo veis?

Espero que no se entienda esta iniciativa como un intento de dar fuelle a mi ego. Lo que me impulsa es que hay gente que me ha manifestado su interés en conversar sobre los contenidos del libro y ésta me parece que puede ser una buena fórmula para ello. Vosotros diréis…

Vocación: ¿algo que quiero ser? o ¿algo que soy?

Hace unas semanas cenando con unos amigos en Hendaia, surgía -¡cómo no, todos somos padres y madres!- el tema de la educación. “Ser profesor, como ser médico, requiere vocación, y hay mucha gente que no la tiene” decía una.

Había leído unos días antes este reportaje de J. A. Aunión (“La era del profesor desorientado”), y me surgió entonces la misma reflexión que me había provocado el artículo: Se apela a la vocación como si fuera un atributo de nuestro ser desde que nacemos.

Si ejerces una profesión, por ejemplo la de profesor, sin vocación, no serás un buen profesional, no podrás aportar mucho valor en tu trabajo, ni podrás obtener demasiada satisfacción de tu trabajo, sino más bien todo lo contrario.

Por tanto, se trata de descubrir aquello para lo que hemos nacido, aquello que queremos ser para que realmente podamos ejercer nuestra profesión con vocación. Desde esta perspectiva vocación es algo que llevo en mi código genético, es algo que quiero ser, por tanto tengo que descubrirlo y orientarme a ello. En esta línea de argumentación encajan los discursos de lo importante que es fijarse metas y objetivos para llegar a ser algo en la vida. (Sobre esto hemos estado charlando estos días en el blog de Nacho: "Sobre el mito del progreso...")

Yo creo que las cosas no funcionan exactamente así. Puede haber hitos en tu vida que te ayuden a descubrir facetas tuyas que no valorabas en su justa medida o que ni siquiera conocías: alguien que te lee y valora lo que escribes puede ser un punto de inflexión en una carrera profesional como escritora. Pero la vocación no es lo que quiero ser, sino cómo ejerzo. No es una meta, sino una actitud; es un estar presente en lo que haces. La vocación no se descubre, sino que se manifiesta, se despliega. Es trabajar con rasgos de trabajo cognitivo y no de trabajo abstracto. Y es que el trabajo abstracto no deja margen para el ejercicio vocacional de las profesiones y éste es un gran lastre que arrastramos.

“Como coinciden tantos estudios y tantos expertos, la verdadera diferencia en educación la marcan los profesores” se dice en el artículo citado. Totalmente de acuerdo. Pero ¿se dan en el sistema educativo las condiciones para que los profesores ejerzan con vocación? ¿para que ejerzan como verdaderos trabajadores del conocimiento? Es decir, ¿hay libertad para que el profesor defina, al menos en parte, su actividad desde su conocimiento? ¿o viene definido absolutamente todo desde instancias exteriores al propio desarrollo de la actividad?

En la reunión de fin de curso con la profesora de uno de mis hijos (de Educación Infantil), hablamos de estas cosas… Me contaba, confirmando mis sospechas, que en Infantil el margen es algo mayor, pero a partir de Primaria e in crescendo el margen para que el profesor/profesora decida centrarse en aquello que cree va a aportar mayor valor se va difuminando hasta desaparecer ante fantasmas como la prueba de Selectividad. Me contaba una anécdota de una conversación con otra profesora (ésta otra de primaria): había habido algún tipo de incidencia en el aula que hacía reflexionar a las profesoras sobre la necesidad de dedicar algunas sesiones a trabajar un tema realmente importante, que podía aportar gran valor en ese determinado momento. Pero los temarios son los temarios: no había posibilidad de desviarse de ellos. Lo importante no tiene cabida, no tiene posibilidad de ser atendido, ya que hay demasiado predefinido ya de antemano. No hay margen.

Siempre pienso que dando más libertad al profesor para que pueda aportar de sí, de aquello que es rico en él o ella, aquello que le da vida, que siente con mayor pasión y recrea… todos ganaríamos y mucho. Creo -tanto en el ámbito educativo como en otros- en empoderar a las personas para que se conviertan en grandes profesionales que aporten a la sociedad.

- Hay profesores que te dejan huella, que te llegan, que te han aportado algo especial; hay otros, en cambio, que más bien sufres y probablemente se trata de un sufrimiento mutuo…
- La clave en la educación no consiste en transmitir conocimientos. Esto es sólo una ilusión del lenguaje, no existe como tal en la realidad. El proceso de aprendizaje no es lineal, sino un proceso muy complejo, donde el educando va siendo rozado, impregnado, penetrado, por una gran diversidad de inputs, algunos de los cuales tienen su origen en los profesores.
- Además: “Schleider asegura que lo que se enseña en la escuela cada vez está más alejado de lo que hace falta para salir adelante en las sociedades modernas. ‘Los jóvenes dominan las tecnologías y los contenidos de la comunicación, pero cuando llegan a la escuela lo primero que les dicen es que apaguen ese botón. Cuando se inventó la escuela pública, todo lo que pasaba allí tenía sentido. A los jóvenes les ofrecían en la escuela conocimientos y destrezas que les iban a durar toda la vida’, añade, pero ya no es así.” (del artículo citado)
- No se trata tampoco de que la educación se convierta en algo que se vaya desarrollando según las apetencias del educando. Creo que la labor del profesor va más allá, debe tener un claro perfil de orientador en el proceso de aprendizaje y su autoridad debe ser reconocida por padres y alumnos.

Es decir, no se trata tanto de quitar corsés al alumno, sino de quitárselos al profesor para que pueda enseñar desde lo que mejor sabe hacer, para que pueda dar desde sí y pueda desarrollarse como un buen profesional.

Santiago Niño Becerra, sobre la crisis:

"No es el fin del mundo, pero sí será el final de una manera de funcionar. La solución estará en la aparición de algo nuevo, y no en una reedición de lo viejo; no bastará con un lifting de lo antiguo, ni con una readaptación, aquí no vale el 'algo debe cambiar para que todo siga igual' de Il Gattopardo. (...)
Hay un pero: algo así siempre tiene consecuencias, unas consecuencias para las que nadie nos ha preparado y sobre las que nadie nos ha informado, unas consecuencias que tendremos que ir aprendiendo sobre la marcha y a las que sobre la marcha tendremos que ir adaptándonos."

Santiago Niño Becerra en "Lo que está pasando (Reloaded)", El País, 16-08-09
Acceder a artículo completo

Santiago Niño Becerra en Wikipedia

Vidas auténticas

"¿Una receta para tener su alegría? "Tener proyectos sanos. Creo que el fin de la vida es cuando acaban los proyectos. Vivo así, como un joven, con la inquietud de un joven, aunque tenga, ¡y me da risa decirlo!, 90 años el 20 de enero". (...)
Cuando salió a la calle descubrió "la llama excitante de la vida", y a partir de ahí vivió "como un sonámbulo apresurado" que ahora ve la vida "con la misma esperanza que tienen los jóvenes: que otro mundo es posible". "Me marcharé sin verlo. Pero pienso que eso va a ser posible un día"."

Entrevista de Juan Cruz a Marcos Ana, poeta y ex preso de Franco (El País, 15-08-09)
acceder a entrevista completa


Marcos Ana en Wikipedia

Algunas reflexiones que me suscita:
- La cultura (lectura-escritura) como arma de lucha por la libertad y la transformación social: transformarnos y crecer para transformar la sociedad.
- Vidas comprometidas, entregadas a los demás, y a la autenticidad de uno mismo.
Desde una perspectiva bien distinta:
- La prostitución, síntoma de -otras- necesidades de transformación social.

La potencia del trabajo cognitivo

Trabajo abstracto vs cognitivo II.


Topé el libro “La buena suerte” de Alex Rovira y Fernando Trías de Bess en la casa rural donde me alojaba en La Rioja. Situación relajada para leer este cuento, que por cierto, les estoy contando a mis hijos y lo atienden con interés y expectación. Peca el libro de querer ser de autoayuda por lo que deja poco margen a la interpretación libre, que es lo que enriquece cualquier texto, que cada lectura del mismo nos haga ver cosas que antes no vimos o que tú y yo encontremos significados profundos pero distintos. A veces resulta predecible y algo forzado.

Con todo, fue una lectura agradable. Mientras lo leía pensaba que sus personajes encarnaban algunos aspectos del trabajo abstracto y el trabajo cognitivo, y como he adquirido el compromiso de intentar aportar ideas y explicaciones que ayuden a entender mejor estos conceptos, pensé que utilizar este cuento puede ser útil, sobre todo, para aquellos que hayáis leído –u os animéis a leer- este libro.

Los protagonistas son Nott, el caballero negro, y Sid, el caballero banco. Ambos asumen un reto que les plantea el Mago Merlín.

Nott se aferra al objetivo “encontrar el lugar donde un trébol de cuatro hojas crecerá dentro de siete días”. Para él su trabajo, su cometido, consiste en esa tarea perfectamente definida. Habla con otros seres del bosque encantado; de ellos espera que le transmitan la información que él precisa: ¿dónde? El conocimiento para Nott es algo objetivo, es algo que directamente le llevará a la solución. Alguien ha de tener ese conocimiento, por tanto lo busca –cada vez más desesperadamente- para que se lo pueda transmitir.

Sid, en cambio, se esfuerza en generar condiciones adecuadas donde un trébol pudiera crecer; uno de los seres le ha dicho que es imposible que en esa tierra crezca un trébol: sólo si se cambia la tierra cabría esa posibilidad. Sid amplía su forma de ver. Los seres con los que habla se convierten en colaboradores, con los que establece una relación de afecto y cooperación. Así, con lo que va aprendiendo en esos intercambios, actúa desde su conocimiento y va transformando la realidad del Bosque Encantado de manera que lo que antes no pudo ser ahora sí es posible.

Para Sid el objetivo de encontrar el trébol de cuatro hojas no es lo más importante, porque el camino que va recorriendo, los pasos que da, tienen sentido en sí mismos. El trabajo que hace tiene sentido, con independencia del resultado “objetivo” que se obtenga de él.

Nott se ciega al objetivo. Quiere que alguien le dé la respuesta que busca y pensar que no lo va a conseguir le aterra. Su suerte no depende de él.

En el trabajo abstracto la seguridad pesa muchísimo más que la libertad. Nada depende de nosotros, por lo que es muy natural que los cambios nos aterren, no estamos acostumbrados a vivir/trabajar desde la libertad.

Nott sólo formula una pregunta -resultando impertinente y molesto- y sólo quiere escuchar una respuesta. Al final lo consigue: consigue que le engañen.

Sid entiende que la realidad no es estática, y que tenemos capacidad de transformarla. No se trata de captar la información que otros tienen, sino de construir desde el conocimiento al que soy capaz de acceder. Sid actúa en el aquí y ahora, interactúa de una forma constructiva con los seres con los que habla y su mente está abierta para actuar –mejorando las condiciones- desde el conocimiento que directa o indirectamente van transmitiéndole. El desarrollo del trabajo de Sid no podía ser planificable, ya que depende del curso de los acontecimientos.

Trabajo abstracto y trabajo cognitivo no se diferencian tanto por el contenido del trabajo, sino por la forma en que se desarrolla uno y otro. En este cuento, ambos caballeros tienen un mismo cometido, pero Nott lo desarrolla con características del trabajo abstracto, mientras que Sid lo desarrolla como trabajo cognitivo. En este cuento el margen de libertad para desarrollar el trabajo de una u otra forma es total para ambos, por lo que la elección individual es lo que cuenta. En las organizaciones no suele ser así: la propia estructura y dinámicas organizativas suelen oponer un freno para que el trabajo se desarrolle superando la forma abstracta.

Cuando transformas la realidad y construyes, tu relación con otros es de cooperación, tanto con personas de la organización, como con proveedores, clientes, etc.: “poder para”, ganar-ganar; cuando compites por una porción de una realidad dada, tu relación con otros es de dominación-sometimiento: “poder sobre”, ganar-perder. La última noche Nott mata a su caballo, muere de agotamiento por la velocidad que su amo le impone.


La ilustración es de Gimena Garza - Giga

"Hace falta mucho orgullo y muy poca imaginación para juzgar a los otros"

"Hay un espejismo de la exterioridad. Vistos desde fuera, los malos parecen malos y los buenos, absolutamente buenos, como en los cromos; pero, en rigor, desde dentro el hombre nunca es nada, escapa a cualquier definición por una inconsistencia profunda. Hay tanta miseria en el fondo de todos los hombres, la nada los carcome tan completamente, que, muy a menudo, al acercarnos a un adversario que desde lejos nos parece duro y compacto como una piedra, nos damos cuenta de que, en verdad, frente a nosotros no hay "nadie" a quien podamos detestar: nadie ha querido verdaderamente esos actos escandalosos, éstos no han sido deliberados, sino el resultado de un capricho, de un aturdimiento, de un azar, de un error. Y aun cuando hayan sido queridos, no lo fueron en cuanto realización de un mal. "Nadie es voluntariamente malo", dijo Sócrates; quien los cometió buscaba cierto bien: al menos, el suyo propio; acaso fuera egoísta, corto de miras, superficial; pero si indagamos con sinceridad en nosotros mismos, ¿quién se atreverá a decir: "Yo soy mejor que ese hombre"? Hace falta mucho orgullo y muy poca imaginación para juzgar a los otros. ¿Cómo evaluar las tentaciones que un hombre haya podido sufrir? ¿Cómo apreciar el peso de las circunstancias que dan a un acto su verdadera figura? Habría que tener en cuenta la educación de ese hombre, sus complejos, sus fracasos, todo su pasado, la totalidad de su compromiso en el mundo. Entonces, a buen seguro, su conducta se explicará; se podría explicar incluso a Hitler, si se le conociera bastante íntimamente. Pero explicar es comprender, es ya admitir. En la medida en que derivan de una situación y un temperamento dados, los crímenes mismos pierden la arrogancia que los hacía aborrecibles. El aspecto objetivo que en principio asumían a nuestro ojos se disipa. No han existido de esa manera para su autor, y éste, a no dudar, es sincero cuando se niega a reconocerlos, y aduce: "No había querido eso; no lo había entendido".

Simone de Beauvoir en "El existencialismo y la sabiduría de los pueblos", Edhasa, 2009 (pág. 141)

Vigencia del existencialismo

"Habrá un retorno a Sartre cuando se haga el inventario de los puntos muertos a los que nos ha llevado la ideología liberal". Michel Contat
El existencialismo es un humanismo se ha convertido en un clásico del pensamiento occidental del siglo XX, sobre todo porque en él aparecen expuestas, de una forma clara y accesible, las propuestas fundamentales del existencialismo. La vigencia del pensamiento de Sartre (su definición del hombre como un hacerse continuo, su vehemente afirmación de la elección personal como compromiso que atañe a toda la humanidad, su negativa a que la angustia desemboque en apatía) no sólo permanece incólume, sino que se revela como un instrumento muy útil para afrontar el presente.

En reseña de Edhasa a El existencialismo se ha convertido en un humanismo de Jean-Paul Sartre

Simone de Beauvoir

“Pierda el hombre, por lo tanto, la esperanza de refugiarse en su pureza interior, y también la de perderse en el objeto ajeno. La dispersión temporal y la separación de las conciencias no le permiten soñar con una reconciliación definitiva consigo mismo. El desgarramiento que es su destino es el rescate de su presencia en el mundo, de su trascendencia y de su libertad. Si trata de huir, termina por perderse: no hace nada, o lo que hace no es nada. Debe asumir su libertad. Sólo a ese precio llega a ser capaz de superar realmente lo que está dado –ésa es la verdadera moral- y de fundar realmente el objeto en el cual se trasciende, y ésa es la única política válida. A ese precio, su acción se inscribe concretamente en el mundo, y el mundo donde él actúa es un mundo dotado de sentido, un mundo humano.”

Simone de Beauvoir en “El existencialismo y la sabiduría de los pueblos”, Edhasa, 2009 (pág. 97)

Ego, reconocimiento y poder

Este fin de semana vi Up, una bonita película de Walt Disney Pictures y Pixar Animation Studios. Muy tierna.

nunca es tarde para cumplir tus sueños;
siempre hay una vida que puede renacer en ti, sólo es cuestión de dejarse;
la esclavitud del apego a los objetos, a los recuerdos y a las ideas;
la importancia del cariño;
la agradable cotidianeidad frente a la incertidumbre de la aventura;
hay muchas formas de vida (para mí y para los demás)....

Y otras muchas sugerencias...
El personaje del explorador Charles F. Muntz ilustra un tema que me parece muy interesante. Su ego, su necesidad de ser reconocido, le hace vivir sólo para el objetivo con el que cree que lo lograría, convirtiéndolo en un ser monstruoso y vil. El ego, cuando no sabemos liberarnos de él, nos hace lesivos y autodestructivos.

Es curioso. Necesitamos reconocimiento, pero si lo necesitamos demasiado, esa necesidad nos destruye. Es curioso, porque, además, parece que si prescindimos demasiado de nuestra identidad, si nos “vaciamos” demasiado, desembocamos también en una forma de destrucción. ¿Una de esas paradojas aporéticas?

Entonces, se trata de ¿buscar reconocimiento o huir de esa necesidad?
Creo que hay un primer nivel en el proceso de crecimiento donde la persona necesita sentirse reconocida para el desarrollo de su autoestima. Una vez superada esta fase -si se supera- el crecimiento o desarrollo de la persona tiene que ir perdiendo conexión con la necesidad de reconocimiento y buscando en su propia inmanencia. De esto trataba precisamente uno de mis primeros posts: "Una aproximación al crecimiento personal desde el deseo".

El proceso de socialización (en el niño, en el adolescente…) es, en cierta forma, adquirir consciencia de las formas de reconocimiento social que se dan, y tratar de adaptarse a través de comportamientos que le ayuden a lograrlo y configurar una identidad con la que uno se sienta a gusto (o, al menos, se defienda con ella, permitiéndole desenvolverse con cierta autonomía en la sociedad, dependiendo de edades y otras circunstancias). Recientemente una persona me comentaba que "ligaba" mucho en su adolescencia o temprana juventud, pero ahora es consciente de que no lo hacía por sí misma, sino porque "le resultaba fácil, más fácil que aprobar", y era una forma de lograr un cierto reconocimiento en su clase y entorno de amigos. Otra amiga, en cambio, trataba de lograr reconocimiento aplicándose en los estudios, ligar no le resultaba tan fácil.

La necesidad de reconocimiento, nos orienta, en cierta forma, a renunciar a nuestro ser auténtico. O bien nos conduce a diluirnos en la masa, o al extremo de un ego destructivo.
Leo en un post de Maria ptqk (Un manual de auto-ayuda para creative class. Regla nº 1: Ignora a todo el mundo), en el que traduce unas "reglas" propuestas por el viñetista Hugh MacLeod, estas frases que vienen a cuento:

- "No intentes destacar de la masa. Evita la masa."
- "La mejor forma de obtener reconocimiento es no necesitarlo."

Reflexionando sobre todo esto, me viene otro elemento: el poder. El poder influye en los mecanismos de reconocimiento, con lo que muchas formas de reconocimiento operan como formas de reproducción y consolidación del poder establecido. El reconocimiento, no es por tanto un mecanismo neutro, ajeno a las estructuras de poder. Y para poder escapar de esta lógica perversa sólo hay un camino: cultivarnos. Capacidad y actitud crítica, cultura, reflexión, madurez...

Así, uno de los mecanismos de poder más efectivos es el de adocenar a la sociedad (telebasura, infobasura, etc.)[1]. De esta manera, se logra la asunción masiva de las formas de reconocimiento social que interesa al sistema, es decir, reconocimiento según los estilos de vida y consumo. A título de ejemplo, esta cita del artículo "La vida sin tiempos muertos" de María Antonia Sánchez Vallejo: "[Además de haberse convertido en un bien de consumo obligatorio] la variable económica del ocio conlleva otra de estratificación social. El ocio nos especifica y nos estratifica socialmente."

En el reciente post Profesional de alto nivel planteaba, precisamente, una profesionalización desde el desarrollo personal integral. Para ello el verdadero profesional debe alejarse de la excesiva dependencia de la imagen y el reconocimiento. Lo que vale realmente es el significado que él o ella confieren a su trabajo. Tratar de buscar siempre formas inmediatas de reconocimiento u orientar la acción de uno persiguiendo imagen son caminos para abortar lo que podría ser una carrera hacia un gran profesional. Pero todo esto está muy presente: vivimos en la era donde la imagen fagocita a lo auténtico. El poder establecido tiene obviamente mucho más dominio y control sobre la imagen que sobre la emergencia de personas críticas, reflexivas, cultas, audaces, dispuestas a transformar la realidad.

Pensemos, por ejemplo, que todos los periodistas que ejercen, iniciaran una escalada hacia una profesionalización de alto nivel en el sentido del que hablábamos. En algo -en mucho- cambiarían los medios de comunicación, ¿verdad?. Y ello tendría un efecto multiplicador en el resto de la sociedad...

Ahondando en los riesgos para el profesional (y la persona) de la excesiva búsqueda de reconocimiento, pensemos, por ejemplo, en un profesional destacable por su liderazgo en procesos de transformación. Alfonso habló en una de nuestras sesiones del Foro Hobest sobre la idea del líder autodestructivo (Julen lo citó en este post, aunque con otros matices): El líder que tiene necesidad de seguir siendo el líder, seguir siendo reconocido como tal pase lo que pase… termina por hacerlo mal, hacer daño y hacerse daño. Una persona que vaya creciendo en su aportación a los demás, en su capacidad de ayudar al desarrollo de los demás, debe aprender a hacerse prescindible, a desaparecer, a no ser necesaria, a autodestruirse como líder por el bien de su entorno, y también por ella misma, para seguir construyéndose y construyendo como persona y como profesional. Quizá hasta debe aprender a que otros a veces le vean como perdedor, a no estar siempre en las alturas.

Por cierto, que de esto también hablé en “El mal de alturas”, mi primerísimo post (donde veo que os hablaba de usted). Y además viene que ni pintado con las alturas de Up... Comentaba Espectra: unos de los comentarios más bonitos de este blog.

[1] Este post trataba, muy parcialmente, este tema: Inmadurez: ¿signo de nuestro tiempo?

La pregunta pertinente (frases)

"Bill Gates no es un genio, ni bueno ni malo; es tan sólo un oportunista que supo aprovechar el momento y, en su caso, el resultado del sistema capitalista fue demoledor. La pregunta pertinente no es ¿cómo lo consiguió Bill Gates? sino ¿cómo está estructurado el sistema capitalista, qué es lo que no funciona en él, para que un individuo pueda alcanzar un poder tan desmesurado?"

En "En defensa de la intolerancia" de Slavoj Žižek


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Relacionado con:
Despolitización= no democracia, 18/07/09

Profesional de alto nivel

Trabajo abstracto vs cognitivo I.

Hace un par de posts os hablaba de mi último trabajo, aún en fase de borrador, elaborado en el contexto del i-Talde 1 (conceptualización de la transformación organizacional) de Innobasque: “Conceptuando sobre transformación organizacional. Hacia un tránsito del trabajo abstracto al trabajo cognitivo” (link directo). El subtítulo responde a la pregunta de qué es la transformación organizacional; es decir, la respuesta que se propone es algo así como: transitar en las organizaciones de formas de trabajo masivamente abstractas a formas de trabajo con mayor componente cognitivo. Este enfoque está probablemente sugerido en otros escritos míos, pero no lo he explicitado así hasta ahora. Esta conferencia de Alfonso fue un punto de partida determinante para este desarrollo.
En muchas conversaciones, lecturas o reflexiones me surgen ideas o ejemplos que ilustrarían estos conceptos de trabajo abstracto y trabajo cognitivo, y sus múltiples implicaciones. Por ello, en esta semirelajación veraniega (ansiada para muchos, materializada completamente ya para otros muchos) voy a intentar aportar pequeños flashes sobre todo esto, desde ejemplos de la vida -más o menos- cotidiana.
Comienzo con una conversación con Jesus Mari Gorostidi en el contexto del Foro Comarcal de Lea Artibai.
Necesitaban una persona para cubrir un nuevo puesto en el taller, un taller que da empleo a personas con discapacidades. Se trataba de un puesto para dar apoyo a las personas en su proceso de desarrollo personal y profesional dentro del Programa de Apoyo a Personas. Un nuevo campo de trabajo o, al menos, se abordaba con una apuesta más decidida; un reto ambicioso y, sin duda, de vital importancia.
El responsable relataba así cómo explicó lo que se esperaba de ella a la persona recién incorporada al nuevo puesto: “Aquí no estamos para dos días. Quiero que te hagas una profesional de alto nivel en este tema; no te lo tomes como un trabajo más: tus ocho horitas, cumples y ya está... Te voy a dar tiempo, formación, medios… te voy a dar todo lo que me pidas y pueda para ayudarte a convertirte en una profesional de alto nivel. Porque eso es lo que nuestras personas necesitan.”
Oír esto me encantó y, de hecho, se lo dije, porque con sus palabras estaba encarnando un caso práctico, real, de distinción entre trabajo abstracto y cognitivo. Y es que podríamos decir -aunque él no lo exprese así- que este responsable tenía claro que no quería un trabajador abstracto para ese puesto (“no te lo tomes como un trabajo más, tus ocho horitas, cumples y ya está”) y que estaba dispuesto a poner las condiciones necesarias para conseguirlo (“Te voy a dar tiempo, formación, medios… te voy a dar todo lo que me pidas y pueda”).
Sigo desarrollando algunas ideas. Soy consciente de la dificultad de comprensión de estos conceptos, sobre todo si hablamos en un nivel de abstracción teórica. Así, los ejemplos, el contraste de estos conceptos con la realidad, pueden facilitar su comprensión. Voy a intentarlo con éste y probablemente haré un ejercicio similar con otros ejemplos en posts siguientes.
  • Este responsable tiene claro que llegar a tener un profesional de alto nivel no consiste en salir al mercado y agarrarlo; sino que será el desarrollo del propio trabajo, con medios (que está dispuesto a poner), valía (el proceso de selección previo acredita los mínimos) y una dosis de entusiasmo, lo que convertirá a la persona en una profesional de alto nivel. Esta es la esencia misma del concepto de trabajo cognitivo, en total contraste con el trabajo abstracto. En el enfoque de trabajo cognitivo ponemos el énfasis en generar un contexto de trabajo adecuado que potencie su propio desarrollo, mientras que en el trabajo abstracto nos orientamos a realizar una correcta especificación del puesto. Como tantas veces vengo repitiendo (ver “Guías para la transformación”), lo que caracteriza al trabajo cognitivo es que aprende de su actividad, aplica a ella sus conocimientos y define, al menos parcialmente, su actividad desde sus conocimientos, es decir, tiene márgenes de libertad para ello. Una/un profesional de alto nivel es el resultado del desarrollo de un trabajo. La forma de trabajo abstracto lo delimita tanto que no deja margen para el desarrollo, mientras que el cognitivo le pone alas.

  • Resulta bastante obvio que un trabajo de esta índole difícilmente puede llevarse a cabo por personas que actúan bajo parámetros de trabajo abstracto: “yo te digo lo que tienes que hacer, tú lo haces”. Pensemos por un momento en esta profesional entrevistándose con una persona con discapacidad intelectual en el ejercicio de su trabajo. Opción 1: trata de interpretar por todos sus medios posibles las señales que recibe de esta persona para poder entenderla, conocerla y ayudarle en su desarrollo profesional y personal, para proponerle fórmulas de avance, etc. Opción 2: la supuesta profesional se limita a rellenar un cuestionario con las respuestas a sus preguntas, mientras está pensando en lo que va a hacer en cuanto salga del trabajo. De forma caricaturescamente exagerada, ésta sería la diferencia entre trabajo cognitivo y abstracto. Huelga decir cuál de los dos tipos aporta más valor a su entorno cercano y, por extensión, a la sociedad. El trabajo cognitivo tiene un potencial de aportación de riqueza social infinitamente superior al trabajo abstracto.

  • La concepción de trabajo abstracto tiende a identificar la formación con algo exterior a la actividad que se desarrolla. Siempre que se observa necesidad de mayor conocimiento se piensa en cursos o formación específica. En el trabajo cognitivo, sin descartar la formación específica, se es consciente de que la formación es una consecuencia directa del desempeño. Este responsable dice “quiero que te hagas una profesional de alto nivel”, sabe que pretender que lo fuera en el momento cero, sería ilusorio. Además, le plantea que sea ella quien pida formación. En el trabajo cognitivo la formación es autogestionada, mientras que en el abstracto la formación, como todo lo demás, sigue el esquema de que unos gestionan la de otros.

  • Cada profesional en determinado campo aporta, además de lo que es requerido por el puesto, de su propia subjetividad. Una profesional llega así a ser de alto nivel, pero distinta de otras profesionales también de alto nivel. En el trabajo abstracto, las personas son números, sus competencias son reducidas a magnitudes medibles y gestionadas como si se tratara de recursos. Por mucha voluntad que pongamos en el empeño tratar de gestionar así a las personas lleva a reducir artificialmente su complejidad y diversidad, e inevitablemente se tiende a la uniformidad. En el trabajo cognitivo, sin embargo, se parte de la diferencia y se tiende a ponerla en valor.

Alguien podrá decir: “Todo esto está muy bien. Pero ¿Qué pasa si el trabajador o la trabajadora quiere anclarse en la concepción de trabajo abstracto? ¿Si no quiere entregarse a su trabajo, si prefiere que le sea ajeno, limitándose a hacer lo que le manden?”
En el ejemplo dado, es fácil llegar a la conclusión ya comentada de que en ese supuesto la aportación potencial de esta persona sería muy inferior. Así, si hacemos una extrapolación a otros tipos de trabajos (profesores, periodistas, médicos, y un interminable etcétera), realmente creo que como sociedad tendríamos un gravísimo problema. Recojo esta cita de una entrevista a Santiago Niño Becerra:
“Ha llegado el momento de responsabilizarnos de nuestra propia vida. Mi recomendación es que cada persona se dedique a trabajar en algo que le apasione, que realmente tenga sentido y que sea verdaderamente útil y necesario para la sociedad. Lo digo porque sólo quienes sean los mejores en su campo de especialización y aporten verdadero valor añadido a sus organizaciones tendrán garantizado un empleo a tiempo completo. Esta nueva filosofía tendrá su eje en el concepto de responsabilidad personal, que comienza con el autoconocimiento y el desarrollo personal y tiene consecuencias sobre la elección de nuestra profesión, nuestro estilo de vida y nuestro consumo.” (Del artículo “El capitalismo se ha convertido en un cadáver”, link)

Y enlazo esta reflexión con la crítica que a veces se hace a los planteamientos que piden mayor involucración en el trabajo, calificándolos como un invento más del capitalismo para explotar a los trabajadores. Creo que en este sentido tenemos que hacer una clara distinción: hay toda una teoría del management “tramposa” que trata de exigir mayor implicación emocional en el trabajo manteniendo éste en parámetros de trabajo abstracto. Esto crea todo tipo de malestares y contradicciones. Apostar por superar el trabajo abstracto es otro tema. Son palabras mayores.

Para terminar, al escribir esto recordaba una conversación de hace un par de años en la que mi interlocutor sentenciaba que para que una actividad se desarrolle con profesionalidad es condición necesaria perseguir fin lucrativo. Por supuesto, yo no compartía esta opinión, para nada. Me parecía que era confundir churras con merinas. Ahora, con todas estas reflexiones y elaboraciones, me doy cuenta de que su afirmación era una manifestación de la idea expresada como círculo vicioso en el esquema que ilustra las implicaciones de las distintas formas de trabajo: en la lógica del trabajo abstracto, el trabajo ha de tener, por encima de todo, una orientación a maximizar el valor monetario inmediato, todo lo demás es bastante irrelevante. Y me digo, ¡qué equivocados estamos! ¿Hay alguna duda de que los grandes profesionales en todos los terrenos surgen de la entrega al propio significado del trabajo, a la aportación de valor del propio trabajo, y no a la monetarización del mismo?

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