Inmadurez: ¿signo de nuestro tiempo?

Me ha llamado la atención este reportaje (Rafael Pérez Ybarra: “'Código Z' o el mal del insatisfecho”) publicado el 24 de este mes en El País que, de alguna manera, relaciono con lo que escribía en este blog hace unos meses bajo el título "¿Hay que empezar desde la educación?".
“Más del 20% de las consultas de salud mental son por inquietudes ante la vida” reza el subtítulo del reportaje. Trata de la intolerancia al sufrimiento y a la frustración, de la propensión a buscar una solución inmediata y milagrosa para todo lo que se salga "de lo normal", y en la medida en que el mundo cambia, muchas cosas se salen de lo normal… Habla de que son los más jóvenes quienes más esperan de la ciencia y de la medicina… Y de que las demandas de atención en psiquiatría infantil son crecientes…
El reportaje se soporta en las opiniones de profesionales del ámbito de la psiquiatría y de la salud mental como José Ángel Arbesu, Enric Aragonés o Eudoxia Gay. Recojo algunas de las frases más significativas:
“Los actuales sistemas de educación crean cada vez personas más protegidas y no preparadas ante la vida, y la vida no es fácil".
“Son los más jóvenes los que más demandan estos servicios,(…) los que tienen más expectativas puestas en que la medicina podrá solucionar sus problemas".
“Una de las curiosidades que se están empezando a encontrar los especialistas en salud mental infantil es la creciente demanda de atención por cuestiones que tienen que ver más con el propio desarrollo que con trastornos mentales.”
“Se tolera mal el sufrimiento, se medicaliza porque parece que todo tipo de dolor tiene un nombre y un tratamiento. Pero lo cierto es que se abusa de los psicofármacos y de la psicoterapia. Muchas de las personas diagnosticadas de código Z acaban recibiendo tratamiento, pero los conflictos no precisan terapia en la mayoría de los casos. Y no necesitan tratamiento, sino apoyo humano, redes sociales, amigos...".
“Nos hemos creado unas expectativas desmesuradas sobre la ciencia, sobre la medicina, y hemos convertido a la sanidad en un bien de la sociedad de consumo. Esta situación es fiel reflejo del estilo de vida de Europa y EE UU marcado por ‘la solución inmediata’ de los conflictos y una negación a ‘enfrentarse’ a los problemas de la vida. Los conflictos como las rupturas de pareja o los duelos, no se dejan evolucionar de forma natural.”
“Además, no todo puede estar bajo control. Muchas veces hay que vivir situaciones fuera de control y hacerlas frente con el diálogo, con mecanismos de afrontamiento, etcétera".
Quizá todos contribuimos en cierta medida a crear ese mundo ficticio donde no existe sufrimiento, ni frustración, y siempre hay un profesional que te puede ayudar a salir de tu malestar o insatisfacción. Así, ese mundo ficticio es cada vez más perfecto, abarca más, y hace que el nivel de tolerancia al sufrimiento y a la frustración se rebaje continuamente. No es casualidad que lo que decimos sobre adultos en estos temas, se multiplique en la medida en que nos refiramos a jóvenes o, más aún, a niños.
Aunque escriba desde una posición crítica, ese “mundo ficticio” reside también en mi imaginario, no hablo desde la distancia del observador científico. No tolero el sufrimiento, ni la frustración e intento evitárselos también a mis hijos, pero todo esto me hace reflexionar sobre la realidad y la ficción, sobre la vida y la parodia.
Decía un amigo que les robamos los problemas a nuestros hijos, y por ahí vamos mal. Cada uno vive su vida, y se enfrenta a su vida. Cada uno está sólo en este camino, por mucho que nos cueste admitirlo, y aunque pueda tener unos u otros compañeros de viaje en el recorrido. Uno se construye a sí mismo en ese camino. Pero es más agradable socializar nuestros propios problemas, pensar que alguien nos los tiene que resolver, desentendernos un poco de ellos y no enfrentarlos. Inmadurez, ¿verdad? Quizá sea el signo distintivo de nuestros tiempos: la generalizada inmadurez.


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