La hora de la política (Alfonso Vázquez)


Por Alfonso Vázquez
Publicado en el último número de Estrategia Empresarial, nº367, 1-15 octubre 2009




LA HORA DE LA POLÍTICA


Y de esa liberación [del trabajo dependiente hacia un trabajo del ‘conocimiento’, del pensamiento, el deseo y la acción] depende la generación de una esfera de lo político fundamentada en lo comunitario, en lo local, donde creación de riqueza social y solidaridad se fundan”. Así finalizaba el último artículo que escribí en esta columna, de forma que vuelvo sobre ello.

Al menos las dos últimas décadas han venido marcadas por un fenómeno interesante en nuestro civilizado mundo: la proclamación por los poderes económicos, y sus representantes políticos, del fin de la Política; el Mercado, con su mano invisible (que, como dice Stiglitz, “es invisible porque no existe”), se encargaría de todo, y nosotros, pobres seres mortales, sólo teníamos que vivir lo mejor que pudiéramos y despreocuparnos del dominio de nuestras sociedades.

Tras este discurso, se ha desarrollado, subrepticiamente, una política que negaba, paradójicamente, la Política, desembocando en una nueva forma de Dictadura Universal –como corresponde al mundo global del siglo XXI- donde usted puede hacer lo que quiera siempre que no cuestione las reglas del juego. ¿Exagero? No voy a insistir en dónde ha desembocado esta dinámica, pero en el camino hay dos tercios de la Humanidad en condiciones de miseria, el planeta seriamente amenazado, las guerras civiles están por doquier, la muerte por hambre, universalmente presente. No aceptaríamos, en nuestro mundo civilizado, que en nuestras cárceles se condenara a morir de hambre a un preso; ¿y aceptamos que en esta cárcel planetaria a la que nos ha llevado el neoliberalismo todos los días mueran miles de niños por inanición?

Las medidas que están tomando los poderes públicos –y sus adláteres privados, claro está– tratan de restituir la situación anterior a la crisis, de que algo cambie (más regulaciones, más vigilancia de las prácticas fraudulentas, control de los bonus millonarios...) para que todo siga igual, con lo que estaríamos condenados a repetir la historia. Pero, “No, jo dic no, diguem no, nosaltres no som d’eixe món”, cantaba Raimon en los sesenta.

Nos dicen que es necesario cambiar el modelo productivo; totalmente de acuerdo, pero, ¿quién va a hacerlo? ¿Los que han conseguido pingües beneficios con el actual? No. Es necesario restituir la Economía a la Política; pero no a la ‘política’ con minúsculas de las tristes luchas partidistas, del reparto de poderes, sino a la Política con mayúsculas, a la pólis, colocar en el ágora el debate y la decisión sobre qué sociedad queremos los ciudadanos, sobre cómo cooperamos para construir algo que nos sirva para todos, sobre cómo establecemos los lazos de solidaridad que tanto han contribuido al desarrollo de la Humanidad y que este sistema absurdo ha cortado...

La estructura sociodemográfica de Euskadi nos favorece: No existen megaurbes, sino múltiples municipios muy próximos entre sí; y existe una fuerte tradición cooperativista que, en su origen, antepone el trabajo al capital. Creo que desde los Ayuntamientos se podrían abrir procesos de participación ciudadana para innovar socialmente el devenir de sus sociedades, para crear contextos de creación social de riqueza colectiva y de futuro; no una sociedad de ‘subsidiados’, sino una sociedad de productores de riqueza, de justicia y de solidaridad.

No un nuevo pacto social, de una vez un pacto político.



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